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lunes, 17 de septiembre de 2018

Vestido de novia

A vueltas con Pierre Lemaitre, ahora con Vestido de novia. Lemaitre me parece un escritor brillante, no voy a decir que excelso, excelente, que con el tiempo se convertirá en un clásico, pero está en esa segunda fila de los escritores contemporáneos que hay que leer. 


Vestido de novia puede catalogarse como una novela negra, sin policías ni detectives, pero con una trama típica del género: a partir de un crimen se desarrolla toda la acción para acabar aclarando lo que ha sucedido. El libro está dividido en cuatro partes, que coinciden con los dos protagonistas y que van poniendo al lector al tanto de lo que sucede, de por qué sucedió y como va a ser el desenlace.
Las cuatro partes tiene dos narradores diferentes, que son los dos protagonistas de la novela. En la primera parte, tenemos a Sophie, que nos va contando como la locura avanza milímetro a milímetro en su interior. La acción comienza con Sophie encontrando el cadáver del niño al que cuida. La incapacidad de recordar nada, la lanza a una huida desenfrenada, la culpabilidad que siente la lleva a ir hacia adelante sin volver la mirada atrás. En su huída, aparecen más muertos, algunos de los cuales acentúan esa culpabilidad implícita sin tener consciencia de haberlos asesinado. En su plan de huída se incluye una nueva identidad y un matrimonio de conveniencia, para ella, no para el futuro esposo. Es en este momento cuando aparece el otro protagonista.
La segunda parte, narrada con la estructura de un diario, nos encontramos con Frantz que nos cuenta como consigue dar con Sophie y como se entromete en su vida y la de su marido sin levantar sospechas, como provoca en ella una serie de cambios, que hacen que ella dude de su cordura y se convenza de que va perdiendo capacidades y que su cabeza va cada vez a peor. La intromisión en la vida de Sophie alcanza límites insospechados: le esconde cosas, le cambia el coche de lugar, le cambia la medicación, espía su móvil, su correo electrónico, devuelve entradas... Una acción por acumulación que no extraña que cualquier persona en sus cabales acabase perdiendo la razón.
La tercera parte describe el desarrollo del plan de Sophie para desaparecer, buscar un marido en una agencia matrimonial y conseguir un nuevo apellido de forma legal. En esta parte, en la que ya se intuye que el candidato elegido y el vigilante de Sophie son la misma persona (Lemaitre no parece preocuparle que no se adivine), Sophie consigue su objetivo pero a la vez ve como se va hundiendo poco a poco, sin saber el motivo, no tiene fuerzas físicas ni morales para seguir adelantes. Pero por un acto fortuito, descubre la verdadera identidad de la persona con la que se ha casado.
La última parte es la ejecución, por parte de Sophie, de su liberación total, tanto de su captor como de su pasado reciente, marcado por la sospecha de ser la asesina del niño que cuidaba y del resto de cadáveres con lo que tuvo una relación en vida.
Es una lectura que, a pesar de las pistas que va dejando Lemaitre, mantiene el interés vivo en todo momento, en el que va montando las escenas en partes y que se van completando poco a poco y desde la perspectiva de los dos protagonistas. La narración de uno rellena los huecos que deja el otro, dándole una coherencia y consistencia a la narración.
Las angustias que describe de los dos protagonistas son muy vívidas. A pesar de que la persona que sufre y vive angustiada es principalmente Sophie, por razones obvias, no es menor la angustia de Frantz, que ve como su plan maestro y su objetivo final, la venganza del suicidio de su madre, se desmorona como un castillo de naipes y que es imposible reconstruir.
El desenlace es bastante lógico y algo previsible (no lo desvelo, por si alguien lo lee -el blog o el libro-), pero es a lo único a lo que se puede poner un pero. Hay un hecho que desencadena la reacción final de Frantz, que es la lectura de un informe médico sobre su madre. Como el padre de Sophie redacta ese informe y le da el contenido que tiene, es bastante difícil de justificar. Sobre todo consiguiendo que pase por veraz, viendo como de metódico es Frantz durante toda la novela. Pero, bueno, no deja de ser una novela y el autor se puede permitir las licencias y deslices que considere.
Es un libro que nos muestra dos estados de ánimo, la desesperación por la pérdida de control de tu vida y la satisfacción por el trabajo bien hecho. Angustia frente a metodismo.
He de reconocer que me costó entrar un poco en el libro, tiene un inicio algo confuso, supongo que para entrar en el estado de confusión permanente en el que se encuentra Sophie.

Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

lunes, 23 de julio de 2018

La veritat sobre el cas Harry Quebert

Ir a la biblioteca, coger un superventas y salir trasquilado (adaptación del ir a por lana y salir trasquilado) esto es lo que me ha pasado con este libro. Ir con un poco de prisas, sin tener nada en mente, ver un superventas con unos años, para evitar lo del ir a la moda y encontrarte con lo que es, un libro para consumo de masas.



Marcus Goldman es un escritor nobel de éxito fulgurante, su libro de debut le ha catapultado a la fama, se ha dedicado a vivir la vida a todo tren y no ha empezado a pensar en su siguiente libro. Cuando su editor comienza a presionarle y a ponerle un plazo para su nueva novela, Marcus padece el síndrome de la página en blanco. No brota ninguna idea de su imaginación, por lo que decide volver bajo la protección de su mentor, un gran escritor que fue su profesor mientras estudiaba en una pequeña universidad de New Hampshire, Harry Quebert. 
Durante la estancia de Marcus, los jardineros de Harry descubren los restos de un cuerpo humano. Estos corresponden a los de una adolescente, Nola, que desapareció en 1975. Junto a los restos se encuentra un manuscrito, correspondiente a la novela que hizo de Quebert un estrella en la constelación literaria de los Estados Unidos. Esto provoca que Harry sea acusado de asesinato y detenido. A partir de ese momento, Marcus decide investigar para conocer la verdad y exonerar a Harry de la acusación.
Durante la investigación, Harry le confiesa a Marcus que se enamoró de Nola y que tenían previsto huir el día en el que desapareció, ya que nadie entendería su amor.
A partir de aquí, Dicker comienza a tejer una red de relaciones entre todos los personajes, con idas y venidas durante difertentes épocas: en 1975, mientras Quebert escribe su libro y tiene la relación con Nola; 2008, que es cuando Marcus tiene su crisis de escritor y cuando aparece el cadáver de Nola; en la época en que Marcus es alumno de Quebert; cuando la familia de Nola abandona Alabama para establecerse en New Hampshire.
El elenco de personajes es de una magnitud tal que está a la altura de cualquier culebrón o serial de los que se emiten en la sobremesa. A parte de Harry, Marcus y Nola, nos encontramos con policías de aquellos tiempos y los tiempos presentes, la familia de Marcus, la de Nola, el típico rico de la ciudad y su servidumbres, profesores, habitantes de la ciudad donde transcurre la acción, editores, abogados, agentes literarios, los amos del bar o el restaurante donde Quebert escibrió su novela. Entre todos ellos se van tejiendo relaciones a lo largo del tiempo, como la de un agente de policía que se acaba casando con la hija de la dueña del restaurante en cuestión y que durante la investigación una vez hallados los restos, es el jefe de policía.
Va dotando a los personajes de suficiente autonomía, tanta que casi podrían protagonizar una historia independiente, sobre todo en lo relativo a la personalidad y las relaciones fuera del hilo conductor de la historia.
Pero, a mi entender, la novela tiene un problema de coherencia, que va apareciendo según aparecen personajes y, Dicker, proyecta sobre ellos giros en la narración de la historia. Todo esto va enfocado a que el lector intuya quien es el culpable, para luego dejarlo en evidencia al surgir otro presunto culpable. No sería un defecto si no fuese un abuso, creo que una vez aparece un personaje con cierta relación con Nola o Harry, en seguida pone unas miguitas de pan para que las sigamos hacia el veredicto de culpable. Y, como aparecen un número considerable de personajes, se hace excesivo. Menos la propia Nola y Marcus, casi todos los personajes que aparecen, parecen tener motivos para matarla.
Esta incoherencia se complica con las subtramas que componen la novela:
  1. La incapacidad de Marcus de escribir su nueva novela.
  2. La historia de amor entre Quebert y Nola.
  3. La investigación de Marcus, con la ayuda de un policía estatal, para esclarecer los hechos.
  4. La novela que el editor de Marcus le encarga a partir de los hechos y todo el circo que se monta alrededor de ella.
No quiero decir que las tramas no tengan sentido, pero diluyen el sentido de la narración, como metido con calzador.
Lo que más me ha gustado ha sido la sensación que deja que en lugar de estar en New Hampshire en los setenta, parece que estemos en Kentucky, Iowa o Alabama enlos años 50. Quizás la diferencia entre pequeñas comunidades no sea tan grande como creemos creer. Como no podía ser de otra manera, utiliza todos los tópicos habidos y por haber: un famoso como ascensor social; la policía y su papel omnipresente; la hipocresía social y las ganas de aparentar; el rico que controla, con luces y sombras, toda la sociedad; el personaje oscuro y siniestro...
Entiendo el éxito del libro, los constantes giros de los acontecimientos, las sorpresas constantes, un lenguaje sencillo, sin complicaciones, pero bastante plano, una temática que no profundiza en nada, ni siquiera en lo tocante al tema de las relaciones entre un adulto y un menor, que en este caso, no tiene ni sexo. Ni tan solo critica la sociedad en la que se encuentran, como una sociedad cerrada, conservadora, más allá del mantra de "no lo entenderían", "esta relación no es posible".
Creo que hasta aquí ha llegado mi relación con este autor. Es un superventas al estilo del Zafón, que vive de las rentas de un superventas al que estira como un chicle sin darse cuenta que ha perdido el sabor, aunque puedes seguir masticando hasta la saciedad.
Lo de las tramas y la infinidad de personajes lo dice mejor y más claro Ramón de España en su columna sobre la última novela de Dicker.


martes, 19 de diciembre de 2017

La finestra alta

Súbita incursión a la biblioteca, sin saber que elegir e ir a lo fácil, un clásico de la novela negra, Raymond Chandler, y un título que no había leído, La finestra alta (The high window) y para adelante.
Novela donde el protagonista es el inefable Philip Marlowe y el escenario la ciudad de Los Ángeles.


La novela nos dibuja el típico lienzo de los bajos fondos que, ¡oh, sorpresa!, siempre acaba mezclado con gente bien y con posibles.
En esta ocasión, Marlowe es contratado para que encuentre una moneda de coleccionista y a la mujer, actriz de variedades, del hijo de una adinerada viuda, de la que sospecha como sustrayente de dicha moneda.
A partir de aquí la trama se va desarrollando, llevando a Marlowe a través de los escenarios típicos de los otros barrios que rodean la meca del cine. Trata con todo tipo de personajes: actores retirados, actrices de cabaret y variedades, coleccionistas y compradores de monedas, hampones de medio pelo (italianos, como no podía ser de otra manera), chantajistas, borrachos, ascensoristas, secretarias... un variopinto reparto de personas que viven haciendo equilibrios en la fina línea roja que separa lo legal de lo menos legal y, que cuando tropiezas, te lleva hasta el crimen.
Durante la investigación, tropieza con más de un cadáver, que lo es ajeno a su voluntad, y que complica las investigaciones de Marlowe pero que a su vez, aclara el horizonte de lo que realmente esconde todo el encargo.
Como siempre, Marlowe acaba encontrando el hilo que necesita para esclarecer todo lo turbio que rodea a su encargo y, como siempre, las verdaderas razones que el cliente quiere ocultar tras un simple trabajo.
Lo que me gusta de este tipo de novelas es que nos desnuda unos hábitos que se cree que son más modernos, básicamente, el consumo de drogas. La tan endiosada cocaína de lo 70-80 ya corría, quizás no tan abundantemente, durante la primera mitad del siglo XX por los bajos fondos o los lugares de ocio de aquellas sociedades.
Es a su vez, un reflejo de los modos sociales, de los hábitos de relación, de como se asume como algo normal, partirle la cara a tu mujer durante una discusión. De como el rol de sumisión de la mujer, ya sea como pareja o mujer, ya sea como empleada, se vea como algo normal, incluso, como una cualidad destacable. 
Como siempre, está presente el tan recurrente guardar las formas, que aunque seas lo más lamentable o deleznable de la familia, por lo menos que no lo parezca, que cualquier rumor que corra, sea fácil de desmontar.
Creo que es lo que más me interesa de este tipo de novelas en general, el dar luz sobre todos aquellos oscuros rincones del alma y de la sociedad, desnudar las vergüenzas de la humanidad tomando como excusa la lucha del bien y la justicia contra el mal y el crimen. 
Chandler supera a muchos escritores actuales (lo cuál no es difícil) en que el método no es lo más importante, sirve para intentar dar coherencia al relato y no aparezcan lagunas por todos los lados, lo importante es mirar hacia donde muchos otros deciden dejar de mirar y, menos todavía, explicarlo de manera más o menos directa. Ese es el acierto de muchos de los clásicos del género, que ven y no callan.

miércoles, 5 de julio de 2017

El poder de las tinieblas

Relectura de la segunda entrega del detective Charlie Parker. Creo que voy a ser, o a intentarlo, conciso y breve.
Es la segunda que releo e, igualmente, me ha dejado más frío que caliente, no me causó la misma impresión que la primera lectura. No sé si son cosas de la edad, del momento o de lo motivado que te hallas en un momento y en otro.


El argumento: tras una entrega frustrada de una rehén, Billy Purdue huye con 2.000.000 de $. A su búsqueda se lanzan, por un lado, un miembro de la mafia de Boston, Tony Celli, que quiere el dinero para tapar unos pufos con mafiosos de mayor calado; por otro, un "ejecutor" de los deseos de los mafiosos que han sido estafados; Charlie Parker, buscando el dinero de la pensión que Billy debe a su ex-mujer; y el padre natural de Billy.
Los hechos se entrelazan constantemente, los hilos traman un tejido en el que se vinculan todos los actores y hechos del pasado que vuelven al presente y, todos, tienen que ver con Billy.
La vuelta al pasado tiene que ver con un caso irresoluto del abuelo de Parker, que persiguió durante toda su vida a un asesino en serie de mujeres, maltratador y que su único objetivo era perpetuar su estirpe y seguir sembrado el dolor que recibió por parte de su madre.
El libro tiene dos partes diferenciadas: una primera en la que en la búsqueda de Billy, Parker indagando en el pasado de este, encuentra con el caso de su abuelo y cómo este caso se vincula a Billy, y cómo en esta búsqueda tropieza con la gente que busca a Billy por su dinero. 
La segunda parte se centra en la búsqueda de Billy y del asesino que trajo de cabeza al abuelo de Parker, búsqueda que se torna angustiosa, cuando desaparece la hija de un ex-compañero de Parker, cuando este era policía.
Como siempre, Parker va acompañado de sus "ángeles de la guardia" Louis y Angel, rememora a Rachel, la psicóloga con la que tuvo un afer en tiempos pasados y los "encuentros" con su mujer e hija, cuando se acerca el aniversario de su muerte.
Es una novela sobre malos, mafiosos y asesinos sin escrúpulos, sea cual sea su motivación; una novela sobre el mal que habita en mucha gente, de cómo las circunstancias abocan a mucha gente a un callejón sin salida y que son golpeados constantemente, más por su origen que no por sus acciones.
La relectura me ha hecho replantearme mi primera lectura. Creo que no tiene la fuerza que en un principio pude percibir. Es una novela que no tiene más fondo que el mal y las diferentes formas que toma, hay una velada referencia a los malos tratos infantiles y, quizás, al sistema de tutela y adopción de los niños de familias desestructuradas o huérfanos, así como a la asistencia a los ancianos que son recluidos en residencias.
Hay un exceso de explicitación de la violencia que no siempre tiene sentido, un afán de describir, con minuciosa precisión, las herramientas de la muerte utilizadas por cada personaje, a la que no le encuentro sentido alguno.
La trama y desenlaces son correctos, sin fallas ni agujeros, pero sin sorpresa alguna.
Parece que sí, que con el tiempo todo cambia, incluso la percepción de experiencias pasadas.

martes, 16 de mayo de 2017

Un cadáver en la cocina.

Cuanto más deseas leer un libro, ver una película, seguir una serie, visitar un lugar y cuando la espera se ha hecho largo, el riesgo de decepción se multiplica exponencialmente. Esto me ha ocurrido con Tim Cockey y Un cadáver en la cocina.
En algún lugar leí algo sobre él que me hizo buscarlo, por el interés que suscitó, pero no había manera de encontrarlo. Ya se sabe, esos autores que se editan dos libros y luego desaparecen de los intereses (monetarios) de los editores. La casualidad quiso que, al entrar en una tienda de libros usados, me hallase ante él y me hice con el título en cuestión. La decepción se ha ido consumando página a página.


La curiosidad que provocó mi interés fue que el protagonista era un enterrador, que al final solo es el empleado de una funeraria. No esperaba a un solitario, oscuro y necrófilo protagonista, pero tampoco al personaje que retrata Cockey, un personaje plano, con algún detalle irónico y bastante mundano. Nada que despertase interés alguno.
La novela trata sobre dos muertes, una nada más abrir la primera página, en la que un amigo de Hitchcock Sewell, le llama para que venga a buscar un cadáver antes de que llegue la policía y que lo coloque en algún sitio. Visto el absurdo de la situación, Hitchcock le hace entrar en razón y que avisen a la policía. El hecho de hallarse en el lugar del crimen antes de la denuncia, le convierte en sospechoso.
Por otro lado, tras la recogida de un cuerpo en una residencia de ancianos, Hitchcock reconoce a la cocinera de un bar donde iba cuando era estudiante. Y la visita de vez en cuando, mientras ve como se deteriora rápidamente.
Pues entre una y otra muerte, Cockey va navegando sin rumbo y sin sentido, hasta que por arte de magia se relacionan ambas. En medio, enredos familiares, líos de faldas, suspicacias, amores ocultos y dinero, siempre el dinero.
El libro es nada, confuso, mucha paja y poco contenido. La resolución del caso es bastante lamentable: odio enfermizo al amor platónico de un patriarca, la sed de venganza que acaba volviéndose en su contra. Eso y mal explicado, peor que lo que estoy escribiendo, cosa muy difícil.
Roza, acaricia, resbala sobre los tópicos de las novelas con muerto y misterio: algo de sexo, infidelidades, dinero.
Sinceramente, me ha defraudado tanto que no sé qué poner. Creo que la confusión es la responsable de esta decepción, casi tanto como el escribir sobre nada y no sacar partido de un personaje que da más de sí. Apenas explota la vena sarcástica y burlona que daría un personaje con tan singular profesión, pero nada, un par de pinceladas.

viernes, 10 de marzo de 2017

Les vacances de Maigret (Las vacaciones de Maigret).

Cuando voy a la biblioteca y la duda y el apremio por la hora me acompañan, acabo de encontrar en Simenon la solución. Sobre todo con su celebérrimo Maigret.
Les vacances de Maigret ha sido el título afortunado y, como su título indica, es un caso con el que tropieza Maigret durante sus vacaciones en una población de la costa, Les Sables-d'Olonne.


Aprovecha la convalecencia para investigar sobre dos muertes que han acaecido en un breve lapso de tiempo y que tienen un nexo en común, la figura del doctor Bellamy: la primera es la de la cuñada del doctor y la segunda, la de una adolescente que apareció, de forma sorpresiva, durante una visita que Maigret realiza a casa del doctor.
A partir de aquí Maigret se sumerge en la investigación, por iniciativa propia, para esclarecer el asesinato de la joven y empieza a sospechar sobre la naturaleza de la muerte de la cuñada del doctor. Esta fallece en el hospital en el que está ingresada la mujer de Maigret, a consecuencia de las heridas producidas al caer de un coche en marcha. Circunstancia acentuada al recibir, un día antes del óbito, una nota durante una visita al hospital, en el que se le alerta sobre la integridad física de una paciente, que al final, resulta ser la cuñada del doctor.
Desde ese momento, Simenon nos sumerge en el ambiente y la atmósfera de una población de vacaciones, mientras va realizando su investigación, intentando atar cabos con la información que tiene, para llegar a la conclusión final sobre quién ha sido la persona que ha cometido los crímenes.
Como en la anterior ocasión en la que leí una novela protagonizada por Maigret, Simenon parece utilizar al comisario como excusa para trazar un retrato sobre un momento y un lugar, sobre la composición social de una modesta población de costa, en la que hay un pequeño y destacado círculo de la "alta sociedad local", con sus hábitos y costumbres. Maigret transita por todo el espectro social para hallar su objetivo, nos muestra con una mirada nítida la condición de todos los personajes implicados en la trama, sus vidas, como una fotografía compuesta por palabras, plasmando una realidad con una mirada limpia.
Simenon no es un crítico feroz, no me lo parece, pero si que deja constancia de lo que ve y cual es su posición al respecto. El duelo intelectual entre Maigret y el doctor es el ejemplo de esto. La actitud del doctor respecto al resto de la sociedad es insoportable para Maigret, de esta forma, Simenon lanza su pulla sobre esos pequeño caciques de cada población, que imponen un respecto al resto de la población por su condición social.
Al igual que escudriña el entorno social, Simenon disecciona las miserias de la condición humana, como es en este caso los celos. La radiografía de lo general la traslada a lo concreto, en este caso, el amor enfermizo que siente el doctor Bellamy por su esposa, y cómo este mediatiza sus hábitos, como muestra, las llamadas de control a su mansión durante la partida de bridge en la brasserie de la que es habitual.
La resolución del caso, que a mi entender es una excusa para hablar sobre la condición humana, se resuelve en un singular combate dialéctico entre el culpable, confeso, y Maigret. Cómo el confeso, detalla como ha llegado Maigret hasta él y, al mismo tiempo, va iluminando las sombras que acompañan las deducciones de Maigret. La confesión es, a pesar de la falta de pruebas, la liberación del asesino, ya que seguir en libertad podría conllevar nuevas víctimas que el asesino se ve incapaz de asumir.
Simenon acaba siendo un cronista de la sociedad francesa a través del tiempo, utilizando a Maigret como coartada para este fin. Creo que el género es el medio, la excusa, el verdadero objetivo es la Francia de sus épocas, un escritor que escribe durante buena parte del siglo XX, no tiene una sola época.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

miércoles, 11 de enero de 2017

Tiempos de hielo

Volviendo al redil de la singular escritora que es Fred Vargas, me he encontrado con esta joya que es Tiempos de hielo. Nos volvemos a reencontrar con el duo Adamsberg-Danglard, acompañado por la última incorporación relevante al elenco que compone la brigada al mando del singular comisario pirenaico.


En esta ocasión, todo comienza con el aparente suicidio de una anciana, ocurrido tras el intento de ésta de llevar una carta al buzón.
La carta que va dirigida a un acaudalado propietario que es hallado muerto en su casa, con signos de suicidio, pero que, al igual que en el caso de la anciana, el hallazgo de una señal en ambos escenarios, hace que se dude del suicidio como causa de las muertes.
A parte del suicidio, hay dos aspectos coincidentes entre los dos personajes: un viaje a Islandia, que acabó en tragedia, puesto que dos de los miembros de la expedición murieron de forma violenta; y la asistencia a unas recreaciones de las sesiones de la Asamblea Nacional durante el período revolucionario.
La aparición de dos supuestos suicidios más, ambos asistentes a las recreaciones revolucionarias, hace que Adamsberg y su brigada dirija sus pesquisas hacia los asistentes a tales funciones, lo que complica la investigación, ya por el número de asistentes, unos 700, que pueden ser tanto víctimas como verdugos. En el horizonte, Adamsberg y Danglard tienen a la figura de quien interpreta a Robespierre como el objetivo final del asesino.
Entre las dos historias, la de Islandia y la de la Asamblea, se va tejiendo todo un entramado, en el que se embarulla toda la investigación, que lleva de un callejón sin salida a otro igual de inescrutable. A parte, se funden las historias personales de la familia de uno de los asesinados, Masfauré, en la que el viaje a Islandia y el posterior asesinato del patriarca, revelan hechos insólitos y desconocidos para el hijo de Masfauré.
Asímismo, se desarrolla toda una teoría sobre el posible parentesco directo entre Robespierre y la persona que lo interpreta.
Obviamente, Vargas acaba desenredando el ovillo que crea durante toda la novela, quizás de una manera bastante ligera y un poco precipitada, pero es algo, a mi parecer, accesorio, poco importante.
Creo que lo importante es ver como se van descubriendo las verdades que han sido cubiertas bajo una maraña de mentiras, urdidas en un tiempo pasado y en un tiempo presente. 
Intuyo que el periodo revolucionario, sobre todo en el que Robespierre es protagonista, debe ser un tema recurrente, como lo puede ser la Guerra Civil en la literatura y , sobre todo, en el cine español. La fascinación que destila su narración cuando nos narra las recreaciones, cómo estas atrapan a los policías que asisten a ellas, hasta creerse protagonista de aquellas en el momento exacto en el que se produjeron, es algo que te atrapa, que hace que crezca la curiosidad sobre todos aquellos personajes que acabaron de la misma manera, bajo la justicia irreparable de la guillotina.
Lo realmente singular del libro es el paralelismo entre el desarrollo de la investigación, las decisiones de Adamsberg y el efecto que comportan sobre su brigada, como si fuese la misma Asamblea ante los discursos de Robespierre y su aplicación directa. Hay un momento en el que la disposición de los policías en una de las reuniones se asemeja a la distribución de los asistentes a la Asamblea Nacional en aquellos convulsos años de la Revolución Francesa: la Montaña, la Llanura, los moderados, los girondinos...
Las dificultades de la investigación llevan a un enfrentamiento entre Adamsberg y Danglard, como los que se daban en la Asamblea. Un enfrentamiento entre la razón y la intuición, en el que se debate si se ha de aplicar a rajatabla el reglamento por encima de la amistad, con las consecuencias que esto pueda producir. Este es otro paralelismo con Robespierre y su forma de actual, la razón imponiéndose a lo demás, por mi alto y costoso que fuese el precio a pagar, sacrificando a quién fuese, por muy querido que fuese, por el bien de la Revolución, de la rectitud y de la justicia.
Novelas de este tipo son las que hacen que te pique el gusanillo de informarte y de leer sobre temas e historias que tienes aparcadas, medio olvidadas y que parecen tediosas, pero que una vez cierras la contraportada hacen, que aunque sea vía wikipedia, acabes buscando sobre los personajes históricos que en ella aparecen.
Vargas no se mueve ni un milímetro de su estilo y su forma de escribir, sin grandes artificios ni sofisticación y siempre añadiendo pinceladas anecdóticas, como es todo lo relacionado con Islandia, como es la adopción por Adamsberg de la palabra tölva cuando habla de un ordenador personal.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

lunes, 19 de diciembre de 2016

El perro canelo

Esta vez sí, esta vez la novela de Simenon es de Maigret.
Es una breve novela, apenas 140 páginas, sobre un caso que acontece en un pueblo de la costa bretona, en el que se ve involucrada la crema y la nata de la sociedad del pueblo en cuestión.


A la salida del único bar que permanece abierto durante el otoño e invierno en el pueblo de Concarneau, uno de sus cliente habituales recibe un disparo a bocajarro que casi acaba con la vida del mismo. Este hecho es el responsable de que el comisario Maigret se dirija desde París hasta el lugar para intentar encontrar al responsable del disparo casi fatal.
A partir de ese momento se van sucediendo, de manera inusitadamente veloz, una serie de actos delictivos que afectan a un selecto grupo de clientes de dicho bar: un médico, un periodista, un rentista y un industrial, la víctima del disparo.
Maigret es espectador del resto de incidentes, ya que se encuentra en la población desde el día siguiente del incidente inicial. Maigret no deduce, no especula, solo va acumulando información sobre los hechos que acontecen y formándose una idea de la situación.
Junto a Maigret y su ayudante, el grupo del bar, también tenemos como personajes relevantes a la camarera del bar, un vagabundo, el alcalde y el perro que da título a la novela.
Como es lógico, Maigret acaba atrapando al culpable y exponiendo, al final de la novela, como se han desarrollado los hechos y como ha llegado a la conclusión de quién ha sido el culpable de los delitos que se han producido.
No deja de ser una novela negra bastante típica, de las clásicas, es de 1931, pero con ese toque europeo, en el que la sociedad es diferente de la que se relata en los clásicos norteamericanos.
Pero lo interesante no es el caso y su resolución, es el cuadro que nos muestra de la sociedad de un pequeño pueblo costero, de sus habitantes y sus costumbres en una época determinada.
Simenon nos detalla la estructura social de la época, con las fuerzas vivas de la sociedad representadas por el alcalde y el grupo de jugadores del bar, con el resto de la población, gente trabajadora y temerosa, como se puede deducir de la reacción de desconfianza y miedo ante lo que está ocurriendo, sobre todo cuando la prensa se dedica a amplificar el temor y la desconfianza desde esos altavoces que eran los titulares de diarios en esa época.
También hay una pequeña historia de redención y superación, de gente humilde que intenta sacar la cabeza en una sociedad en la que cada uno ha de ocupar su lugar, que es asfixiada por los bancos y el inmovilismo social, que llega a tocar fondo, pero que al final es absuelta por la justicia que no dictan los tribunales.
Es curioso el trato que le da a la figura del alcalde y la prensa. El primero aparece como el valedor y custodio de la formalidad, la paz social y el orden, en la que hay que imponer la calma, aunque sea injustamente y con una cabeza de turco. Lo muestra como un personaje que representa al poder y que se ve sometido a las posible presiones que vengan de instancias superiores a instancias de relaciones de amistad y favores debidos.
Respecto a la prensa, Simenon parece que critica el aspecto sensacionalista de la misma, desde los titulares que se publican, hasta las crónicas que se dictan por teléfono desde el bar del pueblo y de las que el propio Maigret es espectador, y las actitudes de redactores y fotógrafos ante las novedades que ocurren y los nuevos personajes que aparecen.
Es de un lenguaje sencillo, correcto, sin adornos ni artificios, sin excesos descriptivos pero muy concreto y efectivo, ya que hace que la historia vaya fluyendo con un ritmo adecuado y constante. En definitiva, una buena lectura, sencilla y estimulante.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Avenida de los Gigantes.

Avenida de los Gigantes es una novela que te deja con una doble sensación. Tiene una introducción interesante (sobre todo en el resumen de la contraportada), pero el desarrollo es bastante plano, supongo que es la intención del autor, y un desenlace en el que se exhibe todo aquello que se ha ocultado, aunque está latente durante la narración, sobre todo en la segunda parte del libro.


La novela inicia su narración el día que asesinan a JFK, día en el que el protagonista decide acabar con la vida de su abuela y, por extensión, y según él, por caridad, la de su abuelo. Acaba encerrado en un hospital psiquiátrico tras confesar su crimen a sus padres, que viven separados, y por los que profesa sentimientos contradictorios, admira y ama a su padre, lo cree víctima de su madre y su esposa; y odia a su madre, a la que ve que actúa como su abuela con su padre.
Las particularidades que caracterizan a Al Kenner son su físico (2,20 metros de altura) y su inteligencia. Pero a pesar de su inteligencia, se muestra incapaz de sentir ningún tipo de afecto, salvo por su padre y su abuelo, en tanto que los identifica como víctimas de las mujeres que los rodean (esposas y madres). Al mismo tiempo, es un volcán a punto de estallar, siente grandes impulsos criminales por las cuestiones más triviales, sin distinción del origen de las personas que los provocan. El desenlace de la novela deja bien claro este punto.
Durante su encierro en el hospital, establece ciertos lazos con un psicólogo, amante de las motos, como él, que intenta reconducir su conducta. En el centro, consigue, mediante sus trabajos en la lavandería y la biblioteca, convencer que está rehabilitado y que puede reincorporarse a la sociedad. Durante esos años, devora toda lectura sobre psicología, psiquiatría y psicoanálisis que cae en sus manos, lo que sumado a su inteligencia, le hace ser un gran entendido en la materia.
La salida del centro le obliga a ir a casa de su madre, que es la única localizable, ya que el trabajo que le proporcionan no le permite independizarse. Para huir de su madre, sale a beber a un bar de policías, donde conoce al jefe de la unidad de investigación criminal, con el que comparte sus impresiones sobre el autor de unos crímenes que se han sucedido durante esos años: muchachas asesinadas, con las vísceras al aire, exhibidas para mostrar que es su sello. Tal ayuda, le abre las puertas a colaborar con la policía, su sueño era poder alistarse e ir a Vietnam o, en su defecto, ingresar en la policía. Su físico es su problema, el que le impide el acceso a ambos cuerpos, lo que genera más frustración en su persona.
Esta historia, que incluye referencia a su infancia, se desarrolla en los años sesenta y, en paralelo, con la actualidad, donde Al recibe la visita de Susan, una asistente social que le lleva libros para que grabe audiolibros para invidentes, y a la que pide que algún editor le publique el libro que ha escrito sobre su vida.
Son esos años tan contradictorios en la costa Oeste de Estados Unidos, en los que se mezclan la contracultura hippy y contra la guerra del Vietnam, con los veteranos que vuelven de la guerra con sus traumas y secuelas y con las bandas de moteros, esto es algo más testimonial en la novela, que mezclan violencia y ese laissez-faire tan norteamericano.
Intuyo que el autor utiliza al protagonista para aunar todas esas contradicciones, tanto a nivel personal como de toda una sociedad. Una sociedad violenta y en crisis de valores, en la que la reacción es la ausencia de valores o unos valores nada convencionales y un pacifismo absoluto, llegando a ser contraproducente. Un combate contra unas estructuras en el que las fortalezas de éstas acaban por engullir y adaptar al sistema a todos los movimientos contraculturales, dejando escasos reductos, básicamente testimoniales.
En lo que respecta al protagonista, sus contradicciones son absolutas, quizás por el hecho de su desequilibrio mental, ya que profesa un odio absoluto a los hippies, sobre todo a las mujeres, por dejarse manipular tan burdamente, arrojándose a los brazos de cualquier hombre de la comunidad, solo por el hecho de seguir los dictados de esa nueva forma de vivir. Esto lo ejemplifica cuando Al se va a una comuna a buscar unas desaparecidas y todos los que llevan la administración de la comunidad son hombres. Pero, a pesar de esa aversión, sus instintos homicidas no los focaliza hacia ellos. Para Al, son mucho más ofensivos los desprecios de clase de los ricos republicanos, que ejemplifican su rechazo de la forma más obvia, mediante la imagen y la apariencia física.
La otra gran contradicción constante y generadora de sus problemas es su relación con su madre, a la que desprecia y odia profundamente, pero a la que acaba recurriendo cada vez que, tras un hecho traumático (ingreso en el sanatorio, accidente de tráfico...) tiene que reingresar en la rueda de la normalidad social y laboral, lo que acentúa sus problemas psicológicos. Obviamente, acaba matando a su madre, que es la catarsis de sus actos, que escenifica de forma macabra.
Lo destacable del libro es que el autor sabe ocultar hasta el final el desenlace de la novela, se intuye, pero parece que no va a suceder nunca, que son fantasías del personaje hasta que llega el desenlace en las páginas finales.
La novela tiene cierto interés, momentos brillantes, pero para mi gusto adolece de cierta cohesión y ritmo en la narración, le falta algo para que sea una novela brillante. A nivel formal, el lenguaje no se adorna y contiene excesivos alardes lingüísticos, sino más bien lo contrario, navega por un lenguaje estándard que hace que su lectura no sea densa ni complicada. Repito, creo que hay un problema de ritmo o de estructuración de los capítulos entre las idas y venidas temporales.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Los crímenes del jorobado

No sé como tratar este libro, curioso sea la palabra más adecuada. Para justificarlo, contextualizo. La novela no se concibió como tal, sino como como un serial por entregas en un diario de los años 1930 en Japón, creo. Además, está narrado en primera persona, rememorando unos hechos ocurridos tiempo atrás.

Los crímenes del jorobado son las desventuras de Minoura, un joven que se enamora de una compañera de trabajo, pero que a partir de aquel momento comienzan a cruzarse en su vida una serie de desgracias, desde el asesinato de su novia, al asesinato de un amigo de Minoura que investiga la muerte de Hatsuyo y cree tener la solución hasta las desventuras que vive para poder resolver los crímenes y encontrar al culpable.
Junto a Minoura nos encontramos con Moroto, un joven médico, algo mayor que Minoura, que está enamorado de este y que una vez que es rechazado, decide contratar a una casamentera para intentar casarse con Hatsuyo, como venganza contra Minoura.
Al final, la sucesión de asesinatos, entre los que se incluye los de un pequeño acróbata de circo en casa de Moroto, hacen que éste se replantee su odio hacia Minoura y se dedique en cuerpo y alma a ayudarlo para encontrar al culpable.
Las investigaciones les llevan a la isla donde creció y donde todavía vive la familia de Moroto. En la isla viven una serie de peripecias para tratar de confirmar la sospecha que tienen, que el asesino es el padre deforme de Moroto. La isla está llena de personas que presentan todas un defecto físico, resultado del odio que tiene el padre de Moroto al mundo, llegando a crear dichos tullidos y deformes, mediante sádicos comportamientos, tales como encerrar a un niño en una caja con la cabeza fuera, para evitar que su cuerpo se desarrolle con normalidad, con el objeto de venderlos como atracción de ferias, una cosa bastante habitual en aquellas épocas.
La novela es un homenaje a las novelas de detectives del siglo XIX, las de Edgar Allan Poe y las de Arthur Conan Doyle, ya que cita en alguna ocasión a los detectives de cabecera de ambos: Dupin y Holmes. La novela está escrita con ese mismo estilo, de ir diciendo cosas pero dejando cosas por esclarecer, para retomarlas posteriormente cuando se esclarecen los hechos, cosa que critica en la novela, pero que él hace.
Es una curiosidad, no es una novela crucial, ni caudal del género, es una singularidad, tanto por la forma de escribirla, por como trata el tema, por la trama (que es muy clásica, crimen-investigación-resolución) y por como trata algunos temas, que para la época nos creeríamos que eran más tabús.
Es curioso el tema de la homosexualidad, tratado con bastante naturalidad, pero en el que está todavía muy presente ese prejuicio y esa manera de definir la orientación sexual como una perversión y una aberración.
Luego está todo el papel de los discapacitados y su constante presencia en la novela, se puede intuir una cierta crítica a su confinamiento, visto que son vistos como algo anormal, como una anomalía en la sociedad que debe esconderse. El capítulo final parece entrever esta posición.


Sobre los personajes, poca cosa a decir, son muy típicos y tópicos de aquella forma de escribir: villanos, héroes fortuitos y timoratos, víctimas con muertes trágicas y una resolución feliz, a pesar de la cantidad de sangre derramada y de los infortunios de las víctimas.