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sábado, 2 de septiembre de 2017

Matèria primera

Novela de corte autobiográfico que nos narra las vivencias de un joven alemán entre 1968 y principio de los setenta. El protagonista es Harry Gelb, un yonki que durante el mayo del 68 y todo lo que aconteció en aquellos tiempos, vive enganchado al opio y la heroína, entre otras sustancias, en Istambul, mientras aspira a escribir una novela, bajo la inspiración de Kerouac, Burroughs, Bukowski y esos novelistas de esa generación.
Tras algún problema con la justicia, acaba expulsado de Turquía y vuelve a Alemania, donde empieza a frecuentar las corrientes más alternativas y revolucionarias, alrededor de movimientos políticos de extrema izquierda. En estos tiempos, su interés por los narcóticos y la literatura están en una dura pugna. No es tras la vuelta a Turquía para buscar más heroína con la que financiarse una temporada y tras una entrevista que le hace a Burroughs para una revista contracultural, que no decide dejar la heroína.
Harry sobrevive en un mundo que le provoca vaivenes constantes: de la subversión y la contestación a la búsqueda de un trabajo formal y legal con el que sobrevivir, de vuelta a los bajos fondos, a las casas ocupadas, para volver al resguardo del sistema, para poder conseguir un sueldo digno y tiempo para poder escribir una novela. Novela que trata sobre todas las miserias que vivió y de las que fue testigo en Turquía como adicto y como espectador.
La novela es un viaje en múltiples direcciones, todas teniendo como partida y destino el propio Harry Gelb. Son viajes tanto reales, como reflexivos: va de Alemania a Turquía, de Frankfurt a campo austriaco, de vuelta a Frankfurt para ir a poblaciones rurales de la misma Alemania. Del mundo de la edición literaria, a la realidad de tener que escribir; de la heroína a la desintoxicación, de vuelta a la heroína y cambiarla, definitiva, por el alcohol. De la vida real, la de las facturas, un lugar donde dormir, donde comer, donde vivir, a trasegar entre casas ocupas, casas de amigos, hoteles de mala muerte en Istambul. De la contestación ideológica a la asunción de la realidad, de dogmas de izquierdas a dogmas de fe (ya sea de un libro sagrado o de una aguja).
Gran parte del libro es una crítica, feroz en ocasiones, al dogmatismo ideológico, muy en boga aquellos años en los movimientos de izquierda, una crítica a la atomización de los grupos contestatarios: hay mil agrupaciones que se forman a partir de un matiz o la interpretación, más o menos dogmática de algún precepto teórico. Acaba intuyendo que todo eso no es más que un disfraz en el que se esconde la represión sexual o el camino más complejo para llegar a las bragas de las jóvenes militantes alemanas. Es una crítica a la hipocresía de ese dogmatismo, que materializa en el personaje de una de las parejas de Harry, que pasados algunos años, no muchos, es lo opuesto a lo que predicaba cuando compartían lecho y algunas ideas. Parece que tal desencanto por dichos movimientos, le haga dejarse arrastrar por la corriente y acabar, sino abrazando, si tolerando la ideología conservadora, pero en el final del libro, cuando Harry tiene que hacer una lectura de su libro en un club de lectura en medio del campo alemán, deja clara su posición: la hipocresía, la podredumbre y el control no es monopolio de nadie, sino un medio para controlar todo aquello que necesitas tener bajo control.
Respecto a las drogas, me parece que es bastante tolerante con el alcoholismo, quizás sea mera inercia de los hábitos sociales, pero a la heroína la deja en su sitio, del poder que tiene sobre el consumidor y como, paradójicamente, todo aquel que llega hasta ella siendo como una forma de contestación, por dejarse arrastrar y no por puro vicio, acaba sucumbiendo a su demoledor destino, mientras que aquellos que llegan a ella como mera adicción son los que acaban sobreviviendo. En relación con las drogas, es curioso como la generación occidental más revolucionaria acabase sucumbiendo a los encantos de narcóticos que llevan a todo lo contrario, a la modorra y al abatimiento físico. Será por aquello de compensar, supongo.
Leer esta novela es casi como leer la prensa de hoy en día, ver como está el mundo, que las cosas no han cambiado casi, que el paisaje económico, político, social y cultural que se esbozaba entonces, ahora se ha consolidado y se ha materializado sin fisuras. Esto es bastante lógico, puesto que los protagonistas siguen siendo las personas, solo han cambiado los medios mediante los que expresan su concepción de la vida.
Es una novela muy interesante, pero tiene cierta irregularidad en la narración, los saltos de escenario y tiempo llegan a descolocar en alguna ocasión y provocan socavones en el ritmo.

miércoles, 7 de junio de 2017

El prestamista

Este es un libro que cuando lo tienes en las manos y hojeas sus páginas y su contraportada no estás convencido que sea la lectura correcta. Piensas que es una de esas rarezas del editor, que le da por escoger a un autor desconocido de hace 50 años y publicarlo por que nadie lo ha hecho. El diseño marca de la editorial, Los libros del asteroide, no ayuda en nada (ya sé que lo que importa es lo que hay entre la portada y la contraportada) en tomar la decisión.
Pues así estaba en la biblioteca, con el libro en las manos y nada convencido de llevármelo. Suerte que un impulso me hizo liarme la manta a la cabeza y seguir adelante. Muy contento de seguir el impulso.


La historia versa sobre la vida de Sol, un prestamista judío que tiene una tienda en Harlem, mientras pasa horas y días interminables dentro de su tienda. Junto a él, está su ayudante Jesús Ortiz, un hispano negro, que tras meterse en mil enredos de dudosa legalidad, cuando no de firme ilegalidad, decide hacer un paréntesis y trabajar como ayudante de Sol.
Con estos elementos, se puede pensar que no hay de donde sacar una historia, pero Wallant consigue dotar a la tienda de una potencia como si fuera un personaje. Cómo un pequeño establecimiento puede suponer un ecosistema que contiene una fauna con una potencialidad narrativa impresionante.
La tienda, como todo ecosistema, es el lugar por donde transitan y habitan un sinfín de especies, que cada una con sus particularidades, solo tiene un fin, que no es otro que la supervivencia. Y es la tienda, y el prestamista, los que les proporcionan esos nutrientes para poder seguir un día más.
La tienda del prestamista es la metáfora de un lugar, que como el cementerio, iguala a todos en cuanto pasas por su puerta. Ya puedes ser o parecer, pero entrar allí solo significa una cosa, que hay algo que ocultar, algo que solucionar y que solo el dinero lo puede hacer. Desfilan todo tipo de personajes, de toda extracción social y de cualquier origen: negros sin trabajo, blancos adictos, prostitutas, pederastas, artistas frustrados o fracasados, madres maltratadas y sometidas... un sinfín de supervivientes y de náufragos.
En paralelo tenemos los demonios de Sol. Sol es un superviviente de los campos de concentración, donde perdió a toda su familia. La experiencia de la vida en el campo supone una losa para su vida, de hecho, su carácter viene marcado por todo lo que pasó, por ser testigo de todo lo que vio y sufrir en sus propias carnes toda aquella atrocidad. Como respuesta, Sol se convierte en un asocial, en una persona dura, seca, adusta. La tienda le sirve de confort para soportar todas sus miserias siendo espectador de las miserias ajenas.
Como superviviente de un campo de concentración, Sol rememora los momentos más crudos de su cautiverio. Creo que aquí Wallant está brillante, superlativo. Pudiendo ser sensiblero, pudiendo recrearse, pudiendo hacer un relato lacrimógeno, extenso, casi victimista, opta por todo lo contrario, por ser conciso, por reducir los recuerdos de Sol a momento puntuales, sobre todo recurriendo a los sueños que reviven su experiencia. Son apenas unos párrafos, pero narras momentos de una crueldad y brutalidad impresionante, pero sin recreaciones. Conciso y directo, haciendo innecesaria una prosa extensa para describir tanta crueldad, brutalidad e inhumanidad.
Ese carácter seco, hierático, adusto, monolítico tiene una microscópica grieta. Esta grieta se produce por dos hechos puntuales: uno, la llegada a la tienda de una trabajadora social, que busca dinero para poder ayudar a niños abandonados, maltratados, apartados de una vida normal, que a pesar del trato brusco que le propina Sol, ve en él a un alma sufridora y que pondrá todo su empeño en intentar aliviar el peso con el que carga; y dos, el hecho de enterarse que, sabiendo que su tienda es una tapadera para lavar el dinero de negocio poco legales de un mafiosos, parte del dinero que blanquea proviene de un prostíbulo, en el que trabaja una clienta habitual de su negocio. Esto enlaza con sus recuerdos en el campo y le hace tomar la determinación de no admitir más el dinero que provenga de aquel negocio. De esta manera se enfrenta al mafioso, a su patrocinador, gracias al que puede llevar la vida holgada que lleva, él y la familia de su hermana. 
Jesús es el otro protagonista de la novela, aunque es un protagonista menor. Es todo lo contrario a Sol: joven, vital, ambicioso, alegre, con ganas de comerse el mundo, impulsivo, que maldice su suerte, que no entiendo por qué no puede ser el que disfrute de una vida cómoda como la de Sol. Esto le lleva a plantearse a acometer todo lo que sea necesario para revertir su situación, sea por la vía que sea.
Es este abanico de singularidades que son los clientes que Wallant retrata en la tienda de Sol, me ha impresionado el personaje de un pederasta que reprime sus impulsos en los empeños y en las conversaciones literarias que mantiene con Sol mientras realiza las transacciones. Wallant nos muestra la batalla interna, cómo es consciente de su condición y ver que la única esperanza que tiene es su visita ritual al prestamista, llegar a planear su próxima visita, cuál es el tema de conversación a introducir y como, en un momento de la crisis que sufre Sol, se ve ignorado rechazado y como dentro de su ser se va derrumbando el dique que contiene sus impulsos y pulsiones y cómo ve de inevitable es volver a cometer abusos.
El libro es de lo mejor que he leído últimamente, creo que mucho publicado (lo de escritor le viene grande a muchos a los que les editan libros y es su profesión) debería leerlo y reflexionar sobre sus propias capacidades.
Podría estar diseccionando cada situación en la que se encuentran Sol y el resto de personajes: su relación con su hermana y su familia; con la mujer de un compañero del campo de concentración que no pudo sobrevivir; con un personaje que utiliza su condición de superviviente para medrar y amedrentar a otros judíos con la excusa de judíos sometidos fuera de Estados Unidos e Israel... Por eso creo que leerlo es lo mejor que se puede hacer.
Espero volver a recuperar al autor más adelante. Lástima que solo pudo editar cuatro novelas y, creo, no todas están traducidas.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Avenida de los Gigantes.

Avenida de los Gigantes es una novela que te deja con una doble sensación. Tiene una introducción interesante (sobre todo en el resumen de la contraportada), pero el desarrollo es bastante plano, supongo que es la intención del autor, y un desenlace en el que se exhibe todo aquello que se ha ocultado, aunque está latente durante la narración, sobre todo en la segunda parte del libro.


La novela inicia su narración el día que asesinan a JFK, día en el que el protagonista decide acabar con la vida de su abuela y, por extensión, y según él, por caridad, la de su abuelo. Acaba encerrado en un hospital psiquiátrico tras confesar su crimen a sus padres, que viven separados, y por los que profesa sentimientos contradictorios, admira y ama a su padre, lo cree víctima de su madre y su esposa; y odia a su madre, a la que ve que actúa como su abuela con su padre.
Las particularidades que caracterizan a Al Kenner son su físico (2,20 metros de altura) y su inteligencia. Pero a pesar de su inteligencia, se muestra incapaz de sentir ningún tipo de afecto, salvo por su padre y su abuelo, en tanto que los identifica como víctimas de las mujeres que los rodean (esposas y madres). Al mismo tiempo, es un volcán a punto de estallar, siente grandes impulsos criminales por las cuestiones más triviales, sin distinción del origen de las personas que los provocan. El desenlace de la novela deja bien claro este punto.
Durante su encierro en el hospital, establece ciertos lazos con un psicólogo, amante de las motos, como él, que intenta reconducir su conducta. En el centro, consigue, mediante sus trabajos en la lavandería y la biblioteca, convencer que está rehabilitado y que puede reincorporarse a la sociedad. Durante esos años, devora toda lectura sobre psicología, psiquiatría y psicoanálisis que cae en sus manos, lo que sumado a su inteligencia, le hace ser un gran entendido en la materia.
La salida del centro le obliga a ir a casa de su madre, que es la única localizable, ya que el trabajo que le proporcionan no le permite independizarse. Para huir de su madre, sale a beber a un bar de policías, donde conoce al jefe de la unidad de investigación criminal, con el que comparte sus impresiones sobre el autor de unos crímenes que se han sucedido durante esos años: muchachas asesinadas, con las vísceras al aire, exhibidas para mostrar que es su sello. Tal ayuda, le abre las puertas a colaborar con la policía, su sueño era poder alistarse e ir a Vietnam o, en su defecto, ingresar en la policía. Su físico es su problema, el que le impide el acceso a ambos cuerpos, lo que genera más frustración en su persona.
Esta historia, que incluye referencia a su infancia, se desarrolla en los años sesenta y, en paralelo, con la actualidad, donde Al recibe la visita de Susan, una asistente social que le lleva libros para que grabe audiolibros para invidentes, y a la que pide que algún editor le publique el libro que ha escrito sobre su vida.
Son esos años tan contradictorios en la costa Oeste de Estados Unidos, en los que se mezclan la contracultura hippy y contra la guerra del Vietnam, con los veteranos que vuelven de la guerra con sus traumas y secuelas y con las bandas de moteros, esto es algo más testimonial en la novela, que mezclan violencia y ese laissez-faire tan norteamericano.
Intuyo que el autor utiliza al protagonista para aunar todas esas contradicciones, tanto a nivel personal como de toda una sociedad. Una sociedad violenta y en crisis de valores, en la que la reacción es la ausencia de valores o unos valores nada convencionales y un pacifismo absoluto, llegando a ser contraproducente. Un combate contra unas estructuras en el que las fortalezas de éstas acaban por engullir y adaptar al sistema a todos los movimientos contraculturales, dejando escasos reductos, básicamente testimoniales.
En lo que respecta al protagonista, sus contradicciones son absolutas, quizás por el hecho de su desequilibrio mental, ya que profesa un odio absoluto a los hippies, sobre todo a las mujeres, por dejarse manipular tan burdamente, arrojándose a los brazos de cualquier hombre de la comunidad, solo por el hecho de seguir los dictados de esa nueva forma de vivir. Esto lo ejemplifica cuando Al se va a una comuna a buscar unas desaparecidas y todos los que llevan la administración de la comunidad son hombres. Pero, a pesar de esa aversión, sus instintos homicidas no los focaliza hacia ellos. Para Al, son mucho más ofensivos los desprecios de clase de los ricos republicanos, que ejemplifican su rechazo de la forma más obvia, mediante la imagen y la apariencia física.
La otra gran contradicción constante y generadora de sus problemas es su relación con su madre, a la que desprecia y odia profundamente, pero a la que acaba recurriendo cada vez que, tras un hecho traumático (ingreso en el sanatorio, accidente de tráfico...) tiene que reingresar en la rueda de la normalidad social y laboral, lo que acentúa sus problemas psicológicos. Obviamente, acaba matando a su madre, que es la catarsis de sus actos, que escenifica de forma macabra.
Lo destacable del libro es que el autor sabe ocultar hasta el final el desenlace de la novela, se intuye, pero parece que no va a suceder nunca, que son fantasías del personaje hasta que llega el desenlace en las páginas finales.
La novela tiene cierto interés, momentos brillantes, pero para mi gusto adolece de cierta cohesión y ritmo en la narración, le falta algo para que sea una novela brillante. A nivel formal, el lenguaje no se adorna y contiene excesivos alardes lingüísticos, sino más bien lo contrario, navega por un lenguaje estándard que hace que su lectura no sea densa ni complicada. Repito, creo que hay un problema de ritmo o de estructuración de los capítulos entre las idas y venidas temporales.

viernes, 7 de octubre de 2016

Vacilación

Ha sido una grata sorpresa y un gran acierto, sobre todo por haber sido escogido al azar, sin referencia alguna, salvo que el autor es el creador de La naranja mecánica. Esa fue la única referencia, y por que lo leí en la solapa interior.




La novela discurre durante la última misión de un espía británico, Dennis Hillier, que, durante los años de la Guerra Fría, debe cruzar el Telón de Acero para traer de regreso a un científico británico, Roper, que desertó y se marchó a la Unión Soviética. Este científico es un amigo de la infancia y compañero de estudios del espía.

Durante el encargo, Dennis se tropieza con una serie de singulares personaje, tanto en el crucero que realiza rumbo al Mar Negro, y que le sirve de tapadera, como cuando rememora su pasado en relación a Roper. En este viaje, el turístico y el de los recuerdos, Dennis tropieza con los curas del colegio en el que se educó; con los hijos de un millonario con los que comparte viaje, un niño de 13 años con hechuras de dandy y su hermana, una devoradora de teoría sexual pero ignorante de la práctica; con un agente neutral y su atractiva ayudante, que se dedica a vender información al mejor postor, sin posicionamiento alguno, salvo el de su bolsillo; con un camarero de cubierta, que en realidad es un agente de su gobierno con el encargo de "jubilarle" y eliminar la molestia que suponía Roper para un importante político inglés.

El final de la lectura es realmente sorprendente, sobre todo, por todo lo que describe durante la narración previa, pero a través de las reflexiones durante el encuentro final en Dennis y Roper, se intuye algo, pero no lo que sucede al final.

El libro tiene una importante carga irónica y humorística, pero va mucho más allá, las situaciones son cómicas en muchas ocasiones, pero la comicidad viene de lo serias que son las cosas que se tratan alrededor de los hechos.

Toca los grandes tema de la vida: la religión, la política, el deber, la guerra, el sexo, la familia, el poder... Entre un abanico tan grande de temas, hay momentos que invitan a una profunda reflexión, entre estos destacarían el tema de la II Guerra Mundial, la responsabilidad, la culpabilidad, quién debe asumirla, si es absoluta o es compartida. Es curioso que mediante el personaje de la mujer de Roper, una alemana, se trate sobre la responsabilidad británica por no parar a Hitler y que recaiga sobre sus hombros parte de la culpa sobre tan cruenta guerra.

Luego, está todo el tema de la fidelidad, en todo su espectro, desde la fidelidad conyugal hasta la religiosa, pasando por la patriótica. Cómo incide en el pensamiento personal este concepto y la forma en la que nos comportamos respecto a él. Roper es víctima de su fidelidad a su mujer, que ya era prostituta en Alemania y que continúa su profesión al trasladarse a Londres; Dennis es víctima de la fidelidad al estado que le envía a su última misión y es este estado el que quiere asegurarse de que no habrá más misiones ni más Dennis; y la fidelidad de ambos hacia una religión en la que no tienen fe, pero a la que se agarran para justificar sus decisiones y su vida, como aquella cosa que hay en el fondo del subconsciente y a la que se regresa como salvavidas o como aquello que le da sentido a la existencia.

El libro también deja un áurea de modernidad absoluta, ya que muchos de los temas tratados entonces y como los trata, podrían ser escritos por un escrito actual con una gran osadía. Se plasman ideas que, a día de hoy, parecen novedosas y rompedoras, pero que ya aparecen en este libro, que fue escrito en 1966.

Es una gran lectura, la cual, creo, necesita una relectura con papel y lápiz para anotar todo aquello que nos lleve a profundizar y reflexionar sobre lo que nos explica Anthony Burgess.