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jueves, 1 de marzo de 2018

Las vidas de Dubin.

Me recomendó un conocido que leyese El dependiente de Bernard Malamud. Fui a la biblioteca y lo que me encontré fue Las vidas de Dubin. He de confesar que al leer la sinopsis de la contra no estaba muy convencido. Pero prevaleció la recomendación y nos metimos en harina, no con el libro, pero sí con el autor.

Malamud nos narra la vida de William Dubin, un escritor especializado en biografías, durante el proceso de elaboración de la biografía de D. H. Lawrence. Durante este período, Dubin sufre una continuación de crisis personales, que le llevan de la más absoluta depresión a una euforia incontenible.
Todo se desata en el momento en que Kitty, la mujer de Dubin, contrata a una joven estudiante para que la ayude con las tareas del hogar, un par de días a la semana, Fanny.
Dubin observa, de vez en cuando, como Fanny realiza su trabajo y se pregunta cómo una chica tan atractiva acaba trabajando como empleada del hogar a tiempo parcial. 
Fanny, unos treinta años menor que Dubin, se le acaba insinuando, pero es rechazada por Dubin ante tanto descaro, lo que provoca que deje de trabajar en su casa.
Curiosamente, el rechazo de Dubin, la marcha de Fanny y un encuentro casual hacen que Dubin se sienta tremendamente atraído por Fanny y decida iniciar una relación con ella. Esto desemboca en un viaje a Venecia, donde Dubin pretende culminar su flirteo en la cama del hotel. Durante ese viaje, Dubin cree haber visto a su hija acompañada, de forma muy cariñosa, por un hombre mayor, de la edad de Dubin, lo que provoca una reacción de ira en él, y la búsqueda de su hija por los canales, para confirmar su sospecha. Tras fracasar en la búsqueda de su hija y tras diversas indisposiciones de Fanny, no llegan a consumar su pasión, lo que frusta a Dubin, sobre todo, cuando se encuentra a un gondolero entre las piernas de Fanny en la habitación del hotel. 
Antes de volver a casa, Dubin pasa por Suecia, donde vive su hijastro que desertó del ejército antes de ser enviado a Vietnam. El encuentro no es satisfactorio y añade otro peso más a la mochila emocional de Dubin.
Con la llegada del invierno, la depresión y el deseo carnal se apoderan de Dubin, lo que supone un obstáculo para desarrollar su obra magna, la citada biografía de Lawrence.
Un encuentro casual, o no, con Fanny pasado el invierno es el detonante para que Fanny y Dubin inicien una relación amorosa. Dubin colmata su vida de mentiras y excusas dirigidas a su mujer para poder robar a su vida horas que compartir con Fanny, principalmente en el lecho. El deseo satisfecho y el placer recibido van socavando el matrimonio Dubin, pero refuerzan la productividad de Dubin en la biografía de Lawrence.
La necesidad de tener más tiempo a Dubin provoca en Fanny una insatisfacción que no está dispuesta a soportar, lo que se traduce en un ultimátum. Lo que provoca el retorno de la depresión, esta vez acompañada de impotencia sexual con su mujer.
Toda esta sinopsis sobre lo que ocurre, es una visión muy general, ya que la novela está trufada de referencia a la vida de los escritores idolatrados por Dubin y por la relación con la gente con la que comparten vida social.
Malamud hace discurrir la vida de Dubin como una biografía, como uno de esos libros que conforman su actividad y su vida. Las referencia de Dubin a la vida de otros, para aprender cómo comportarse, analizar que decisión tomar, ver de qué manera actuaban grandes literatos ante situaciones similares es constante. Es un vivir a través de la vida de otros, es analizar los actos, propios y ajenos, a través de los ojos de un tercero que yace largamente bajo tierra, que vivía una época que poco tiene que ver con la suya. Hay momentos en los que parece una biografía de biografías, en las que describe la vida de todos aquellos que le rodean, o de los miembros de su familia que acabaron marcando su vida.
La obra es bastante intemporal, parece una contradicción con la frase anterior, pero lo es en el sentido que los temas que trata son bastante transversales en la historia, ya que pertenecen a la esfera de las relaciones sociales, las emociones y los sentimientos. Es el entorno social y las costumbres de cada época a lo que me refería antes.
Es una obra que trata sobre el tiempo pasado y el tiempo perdido, sobre hedonismo, sobre el placer y el deseo, satisfechos e insatisfechos, sobre la traición, la infidelidad, sobre los celos, vamos, un decálogo de los sentimientos y deseos del espíritu y el cuerpo.
Malamud hace que Dubin esté constantemente acosado por dilemas morales: la pertinencia de su relación con una joven treinta años menor; los celos que experimenta en su ausencia y que proyecta en un sentimiento de posesividad enfermizo; la infidelidad y la traición consciente hacia su mujer, a la que añade la improcedencia de cualquier escarceo amoroso por parte de ella, que cualifica como traición; la inmoralidad e improcedencia de la relación de su hija con un hombre treinta años mayor, paralelismo absoluto a su relación con Fanny, pero que encuentra indecorosa, irracional, impertinente, censurable, inadecuada, calificativos todos que obvia al reflexionar sobre su relación extraconyugal.
También está presente el sentido que toma el matrimonio una vez ha consumado su principal función biológica, la reproducción de la especie. El hecho del abandono del nido por parte de los hijos y su falta de noticias y comunicación, como algo que socava los cimientos sobre los que se asientan las parejas.
Malamud consigue urdir una trama que consigue mantenerte expectante, que a pesar de momentos de disgresión intelectual o de excesiva recreación en los paisajes. Consigue crear un personaje antipático, pero no al que guardarle rencor, ya que hay pasajes en la novela en la que sufre el castigo pertinente por su forma de actuar.
Volverá a tomarle la pista a Malamud, para confirmar, o no, las sensaciones de este libro.

jueves, 16 de febrero de 2017

Expo 58

De nuevo una novela de Jonathan Coe en mis manos, de nuevo una lectura que no decepciona. Creo que Coe es un escritor sólido, con una idea clara de lo que quiere conseguir con sus libros y cual es la manera de hacerlo.
No voy a decir que es un genio literario único en el mundo, pero atesora una calidad y unas cualidades que hacen de él un escritor a tener en cuenta.


Coe tiene la habilidad de hacer una buena novela con temas de lo más anodinos y menos originales (o no) como puede ser la participación de Gran Bretaña en la Exposición Universal del Bruselas de 1958, de la cuál, el Atomium es su edificio emblemático.
Thomas Foley, un anodino funcionario británico, con cierto parecido (según quien lo mire) entre Gary Cooper y Dirk Bogarde, se encuentra con la misión de supervisar el pub británico de la Expo 58, que se haya dentro del pabellón británico. Las aptitudes para desempeñar esta función, según palabras de sus superiores, son: el hecho que su padre hubiese sido propietario de un pub y que su madre había nacido en Bélgica, aunque tuvo que huir a los 10 años, a causa de la invasión alemana durante la Primera Guerra Mundial. Esto es una muestra del sinsentido que representa toda la participación británica en dicho acontecimiento, bueno, es el enfoque que le da Coe, para poder poner ese tono irónico y sarcástico que tan característico es de su obra.
Foley es un funcionario que se acaba de casar, pero que no está convencido de su decisión, y el viaje es una oportunidad para huir de su rutinaria vida.
Antes de la partida, es investigado, interrogado por el servicio secreto británico, por dos personajes que Coe caricaturiza, estereotipando su imagen (gabardinas, sombreros, poses, conversaciones plagadas de sobreentendidos y medias frases...).
Una vez llega a Bruselas es recibido por una azafata y entre ambos se establece un embelesamiento mutuo. En ese momento, las dudas sobre su vida actual se acrecientan, pero su sentido de la responsabilidad va más allá y está por encima de esos sentimientos que ha aflorado tan repentinamente.
Al final, el pub parece ser el centro de la Expo, es un lugar de un éxito inusitado, a pesar de un encargado aficionado a los destilados y a la falta de personal. Es en este entorno donde se reúnen los protagonistas de la trama: el propio Foley, la azafata belga, una actriz americana que se dedica a hacer exhibiciones de productos del hogar, el compañero de apartamento de Foley en Bruselas y un delegado cultural ruso.
En paralelo al día a día de la Expo, Coe teje una trama de espionaje, en la que Foley se ve envuelto sin comerlo ni beberlo, que le sobrepasa y a la que, ciertamente, no le encuentra ningún sentido. Entre muchas de las cosas que le suceden, está un cómico "rapto" por parte de los servicios secretos británicos, para llevarlos a un casa que es la base del espionaje norteamericano para tener bajo control a todo el personal de los países del Telón de Acero que participaron en dicha Expo. Coe ridiculiza tanto a los agentes encargados de llevarse a Foley como a su método, todo muy típico y tópico, tan manido como salido de una película de espionaje de los años 50.
Es una novela de enredo, donde abundan sobreentendidos y malentendidos, donde nada es lo que parece, muy del estilo de las películas de espías de esa época. Como muestra es el viaje que realiza Foley, pasada media Expo, para ver a su mujer y su hija. La noche que pasa con su mujer no puede conciliar el sueño, ya que encuentra una almohadilla para los callos en el fondo de la cama, como las que usa su vecino, vecino que mientras ha estado ausente y que ha estado muy atento con su mujer, como esta da a entender en la correspondencia que mantienen. Para Foley se convierte en la evidencia de su engaño y lo que hace que se replantee, más seriamente su vida al volver al Bruselas.
Es un libro sobre la incomunicación en una época de avances tecnológicos, no a la altura de nuestra época, pero ese es el entorno, el de la Expo, como avanzadilla del progreso. Es un libro sobre lo absurdo de la burocracia, de la elección de los candidatos, no por su verdadera valía, sino por una supuesta. Sobre la desconfianza y la hipocresía, ya que todos los participantes llevan a sus controladores, ya sean para las tareas menores como para los temas de seguridad nacional. Es hipocresía, por que todo se envuelve en ese falso efectismo que es la cooperación de los pueblos, la paz y el progreso de la humanidad, cuando es todo lo contrario y las debilidades humanas hacen sucumbir a todos los protagonistas.
Coe no utiliza un lenguaje complicado, ni complejo, ni recargado, es una lenguaje sencillo, accesible, concreto y conciso y con un gran trabajo de documentación, más del necesario para no caer en incongruencias e imposibles.


El mérito de Coe, como ya he comentado, es conseguir que un personaje anodino y un tema sin atractivo acaben tomando cuerpo y constituyendo una agradable, divertida e irónica novela en la que plasma algunos de los absurdos de nuestro día a día.