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sábado, 12 de febrero de 2022

Beirut, dos veces París y un pueblo inglés.

Esta vez retomo el blog. Últimamente me había decidido por el tuiter, pero lo de subir la portada, buscar uno de los hilos del que debería ser el hilo único para las lecturas y la velocidad a la que los devoro (es lo que tienen dos horas de viaje diarias en metro), ha hecho que se vaya acumulando las lecturas y esto parece más rápido.

Como siempre, el compendio es puro eclecticismo y ninguna guía más que estar ante los estantes de la biblioteca, mirar la contraportada y decir, venga. Por lo menos, lo ha sido en dos de los tres. El tercero ya venía predeterminado por lecturas anteriores.

Al meollo, vamos. Estoy escribiendo y todavía no me he decidido si ha listarlos cronológicamente, según los leí; o hacerlo según el resultado de la lectura. Es lo de menos, pero así voy haciendo tiempo para ordenar ideas, ya que esto va del tirón, sin guiones, esquemas, borradores. Tal com raja que decimos por estos lares.

Vamos a lo cronológico.

El título del post se refiere a la ubicación de los libros, a las geografías, que más o menos determinantes, son el escenario en el que se desarrollan las historias.

El primero de la triada fue Rosy & John  de Pierre Lemaitre. Este, a poco que hayáis mirado los títulos de los posts, es el que viene predeterminado. Antes cayeron los dos primeros que escribió Lemaitre sobre el singular Camile Verhoeven. Sinceramente, bastante normalito, dentro de la tendencia que marca toda la serie. Nada destacable, salvo el final y la relación entre dos de los personajes que protagonizan la historia, Jonh y su madre. En el fondo, se vislumbra el mundo de las relaciones tóxicas entre familiares con cierto aroma incestuoso. Se intuye, se esboza. Es más algo de la pertenencia mal entendida, con el típico argumento de hacer lo que fuere para conservar a aquello que consideras que es tu propiedad. A esta situación, el otro protagonista solo ve una solución: cortar por lo sano. Vais a leer tres el post, pero tampoco lo voy a destripar. 

Verhoeven parece ser un personaje accesorio, a pesar de llevar el peso de la narración, pero no deja de ser el medio para los fines de John. Sirve de contrapeso a las altas instancias del poder, incluyendo el manido más vale maña que fuerza. Es el insatisfecho crónico de las explicaciones fáciles y siempre está pensando que algo se le escapa. Efectivamente, no puede controlar lo que no depende de él, sino de voluntades ajenas. 

Por cierto, transcurre en París. Por lo de título.

Vamos a por el segundo. El misteri de la senyoreta Hargreaves. Empecemos con una tontería que me venía recurrentemente a mis pensamientos mientras lo leía, no paraba de recordar al exjugador de fútbol que jugó en el Bayern y en el Manchester United, Owen Hargreaves. Lo sé, es una tontería, pero como escribo yo, pues eso.

Buff, es lo primero que se me ocurre decir. Caí bajo las trampas que los editores plantan en las contraportadas. Es un libro escrito en los años 40 del siglo XX, así que tiene todos los condicionamientos de la época y no es, precisamente, un libro que sea fruto de la subversión. 

Este lo puedo destripar algo más, trata de dos amigos que viajan a otro pueblo, creo que en Irlanda (ahí la memoria, haciendo de las suyas) y para vacilarle a un viejo párroco, le hablan que conocen a una familiar de otro religioso vinculado con el templo que están visitando, una catedral, creo (la memoria a tope, ¡eh!). Pero el personaje es pura invención de uno de los amigos, con la ayuda del otros para la construcción del personaje. La cuestión es que al poco de volver, recibe una carta enviada por la persona que se inventaron a uno de los amigos. Aquí empieza el tedio, la verdad. No hay mucho que sacar, salvo lo presente que estaba la religión y la iglesia en la sociedad en ese momento. Sobre todo en pequeñas poblaciones. Bueno, también está el tema de los diferentes credos que cohabitan y las suspicacias entre uno y otro credo.

No sé, no tengo excesivos recuerdos. Me pasa con muchos libros, pero pasado cierto tiempo. Con este, el olvido ha sido bastante más rápido. Pero vamos, que no es de los que hayan provocado alguna reflexión mientras avanzaban las páginas. Al contrario, el deseo por ir acabándolo (sí, podéis decir, lo puedes dejar a medias; pero una vez me pongo, lo acabo) hacía que incrementase la velocidad de lectura sin más ánimo y motivación que llegar a la página final. 

Si lo veis, huid. No como de La historiadora de la Kostova, pero sí como para apartarse lo suficiente. No sabéis el favor que os hago con este consejo.

¡Ah, que este es el del pueblo inglés! Creo que ya lo comento.

Para acabar, vamos a por el mejor. Una lectura que va a provocar que vaya acabar leyendo toda o casi toda la producción literaria de su autor. Se trata de La quarta paret de Sorj Chalandon.

Resumiendo, lectura obligatoria. Resumiendo, ante tu ideario, asume tus incongruencias, no busques que todo se coherente, pero cuestiónatelo todo. Resumiendo, dos hechos iguales, son iguales, es igual que los que estén en lados opuestos intercambien posiciones. Resumiendo, tres tragedias: una clásica, Antígona; un  país, el Líbano de los ochenta; una personal, el protagonista.

El libro es un todo, no sabría como hacer una reseña del argumento. Discurre alrededor de la vida del narrador, que es un joven activista que acaba como director de teatro para representar el proyecto de una persona que es fundamental en su vida. Director de una versión de Antígona, representada durante la II Guerra Mundial y que ahora quieren representar en el Líbano desangrado por la intransigencia religiosa de las comunidades que lo forman y donde se entrecruzan los principales credos mediterráneos: cristianos, de diferentes versiones (maronitas, principalmente); árabes o musulmanes (drusos, chiítas y palestinos) y judíos.

El sueño del director que lo proyecta es que la tragedia sea representada por actores de los diferentes bandos en conflicto, en el Beirut asolado por la metralla y las bombas, una ruina de ciudad, en un lugar justo en medio de la separación de los bandos. La intención, hacer partícipes a todos los contendientes, de lo absurdo de la tragedia que supone inmolar a una población en pos de una superioridad moral respecto al resto.

La narración es aclaparadora, es cruda por momentos. Es un constate cuestionarse posiciones, pensamientos, ideales, obligaciones hasta el punto que todo va infectando al protagonista que se ve arrastrado a la tragedia real desde la tragedia teatral. 

Lo que tengo claro es que me va a tocar leer a Antígona, releer este libro para entender todo aquello en lo que interseccionan ambos textos y la realidad que le sirve de escenario, como obra de teatro que no deja de ser.l

Chalandon, estás en la lista. Es uno de esos autores que deberían hacer a mucho flipado con contactos, el hecho de publicar las páginas que salen de su imaginación, si entre ellas no hay más de una docena que se acerquen a lo que el francés nos narra.

Me dejo, me dejo mucho que contar de este libro y como impacta, como sitúa a los personajes en su contexto y como se ven arrastrados por la locura de la guerra y las posiciones inamovibles.

sábado, 18 de diciembre de 2021

Lemaitre negro

Esta entrada tenía sentido hace diez días o más. Ahora ya solo puede ser los rescoldos de una hoguera extinta, humeante, en la que tres brasas apenas desprenden calor, color y un atisbo de luz.

La pretensión era comparar a los dos Lemaitre, aunque en ocasiones están muy cerca, en tanto que toca esa oscuridad que se cierne sobre nuestras personalidades, ese pequeño (en otros casos no tanto) y oscuro deseo, suspiro, anhelo.

El objeto de la comparación era darle un pequeño palo al Lemaitre de la serie de Verhoeven. Ese en el que se torna un autor más simple, más lineal, sin sorpresas, sin profundizar, quedándose en los cánones del género, no salirse de la lucha entre el criminal y su castigador.

Esta sensación la tenía desde antes de empezar a leerlo, en cualquiera de sus dos facetas. De hecho, empecé con la que no le ha propiciado la notoriedad, acompañada de sus euros, que no quiere decir que no sea rentable.

El Lemaitre fuera de la novela negra, sobre todo el que se explaya durante el periodo de entreguerras con su trilogía, tiene una profundidad en sus miras e intenciones que van más allá del hecho de explicar una historia y las vicisitudes de los personajes que pueblan sus páginas (voy a topicazo por línea), se dedica a retratar a toda una sociedad, con sus virtudes (escasas) y sus vicios (en franca expansión).

La mencionada trilogía es menguante, sobre todo perceptible en el tercer volumen, pero como obra que conjunta es notable, tanto en planteamiento, como en su desarrollo. Por cierto, es una obra circular, de lo que recuerdo: comienza en una trinchera al final de la I GM y acaba en la ligne Maginot y la huída desde esta con la invasión nazi. 

El resto de su obra es singular, en planteamiento de las situaciones y como se desarrollan estas: una víctima que se torna ángel vengador; un niño asesino y un ejecutivo en el filo del abismo. En estas novelas, las situaciones planteadas son extremas, como lo son la reacción de sus protagonistas.

Al tema que me pierdo. Volviendo a coger el hilo, el Lemaitre de Verhoeven es demasiado canónico, clásico, por decirlo de alguna manera, pero sin llegar a mostrar los bajos fondos que los escritores norteamericanos de principios del XX nos iban mostrando, dejando en evidencia que en los sesenta, setenta u ochenta todo eso que parecía tan moderno, no lo era tanto.

En principio, no quería leer nada de eso, yo es que lo de los superventas (lo de best sel... os lo empaquetáis en el recto) y lo de "el fenómeno literario del milenio en..." ya me pone a la defensiva. Pero, hete aquí, que me apunté a un club de lectura (eufemismo de geriátrico) y había uno, Alex. Lo que te lleva a leer el primero.

Bueno pues que eso, que no hay mucho a lo que agarrarse, salvo a que Lemaitre construye a los personajes concienzudamente. Pero si la historia no tiene más enjundia, pues que pierde interés. El primer libro no deja de ser una copia de Seven, sí, la película. Lo que pasa que en lugar de ser los pecados originales los inspiradores son obras clásicas de novela negra. Hasta aquí la originalidad, por que desde que se empieza a plantear la historia, el final es claro y diáfano. Vamos que es el mismo que en Seven (siento el desvelarlo) lo que te deja más frío que otra cosa.

El segundo, el mencionado Alex, es por el estilo. Pero se ha de reconocer que los giros que hace durante la trama son sorprendentes y poco forzados, casi naturales. Cierto que al final del primer giro, puede ser inverosímil pero reconduce la historia por un camino sorprendente. Cosa que se incrementa con el giro final, en el que se desentraña el porqué de todo lo acontecido hasta el momento.

Para mí es inferior el Lemaitre negro, pero para gustos el arco iris y todos sus colores, que cada cual se quede con el suyo o con todos, que no entiendo la manía de las preguntas duales con la posibilidad de escoger una única opción.

Esto tiene la coherencia y el sentido de algo que no tenía que estar escrito hoy y a estas horas, que por mi cabeza rondaba escribir sobre otro tema y en otra parte, pero como ya tenía el título, pues para adelante. Total, esto, como casi todo lo que escribo, no dejan de ser un entretenimiento y un entrenamiento para mi neurona y su capacidad de llegar a unir tres palabras y construir una frase con medio sentido.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Vestido de novia

A vueltas con Pierre Lemaitre, ahora con Vestido de novia. Lemaitre me parece un escritor brillante, no voy a decir que excelso, excelente, que con el tiempo se convertirá en un clásico, pero está en esa segunda fila de los escritores contemporáneos que hay que leer. 


Vestido de novia puede catalogarse como una novela negra, sin policías ni detectives, pero con una trama típica del género: a partir de un crimen se desarrolla toda la acción para acabar aclarando lo que ha sucedido. El libro está dividido en cuatro partes, que coinciden con los dos protagonistas y que van poniendo al lector al tanto de lo que sucede, de por qué sucedió y como va a ser el desenlace.
Las cuatro partes tiene dos narradores diferentes, que son los dos protagonistas de la novela. En la primera parte, tenemos a Sophie, que nos va contando como la locura avanza milímetro a milímetro en su interior. La acción comienza con Sophie encontrando el cadáver del niño al que cuida. La incapacidad de recordar nada, la lanza a una huida desenfrenada, la culpabilidad que siente la lleva a ir hacia adelante sin volver la mirada atrás. En su huída, aparecen más muertos, algunos de los cuales acentúan esa culpabilidad implícita sin tener consciencia de haberlos asesinado. En su plan de huída se incluye una nueva identidad y un matrimonio de conveniencia, para ella, no para el futuro esposo. Es en este momento cuando aparece el otro protagonista.
La segunda parte, narrada con la estructura de un diario, nos encontramos con Frantz que nos cuenta como consigue dar con Sophie y como se entromete en su vida y la de su marido sin levantar sospechas, como provoca en ella una serie de cambios, que hacen que ella dude de su cordura y se convenza de que va perdiendo capacidades y que su cabeza va cada vez a peor. La intromisión en la vida de Sophie alcanza límites insospechados: le esconde cosas, le cambia el coche de lugar, le cambia la medicación, espía su móvil, su correo electrónico, devuelve entradas... Una acción por acumulación que no extraña que cualquier persona en sus cabales acabase perdiendo la razón.
La tercera parte describe el desarrollo del plan de Sophie para desaparecer, buscar un marido en una agencia matrimonial y conseguir un nuevo apellido de forma legal. En esta parte, en la que ya se intuye que el candidato elegido y el vigilante de Sophie son la misma persona (Lemaitre no parece preocuparle que no se adivine), Sophie consigue su objetivo pero a la vez ve como se va hundiendo poco a poco, sin saber el motivo, no tiene fuerzas físicas ni morales para seguir adelantes. Pero por un acto fortuito, descubre la verdadera identidad de la persona con la que se ha casado.
La última parte es la ejecución, por parte de Sophie, de su liberación total, tanto de su captor como de su pasado reciente, marcado por la sospecha de ser la asesina del niño que cuidaba y del resto de cadáveres con lo que tuvo una relación en vida.
Es una lectura que, a pesar de las pistas que va dejando Lemaitre, mantiene el interés vivo en todo momento, en el que va montando las escenas en partes y que se van completando poco a poco y desde la perspectiva de los dos protagonistas. La narración de uno rellena los huecos que deja el otro, dándole una coherencia y consistencia a la narración.
Las angustias que describe de los dos protagonistas son muy vívidas. A pesar de que la persona que sufre y vive angustiada es principalmente Sophie, por razones obvias, no es menor la angustia de Frantz, que ve como su plan maestro y su objetivo final, la venganza del suicidio de su madre, se desmorona como un castillo de naipes y que es imposible reconstruir.
El desenlace es bastante lógico y algo previsible (no lo desvelo, por si alguien lo lee -el blog o el libro-), pero es a lo único a lo que se puede poner un pero. Hay un hecho que desencadena la reacción final de Frantz, que es la lectura de un informe médico sobre su madre. Como el padre de Sophie redacta ese informe y le da el contenido que tiene, es bastante difícil de justificar. Sobre todo consiguiendo que pase por veraz, viendo como de metódico es Frantz durante toda la novela. Pero, bueno, no deja de ser una novela y el autor se puede permitir las licencias y deslices que considere.
Es un libro que nos muestra dos estados de ánimo, la desesperación por la pérdida de control de tu vida y la satisfacción por el trabajo bien hecho. Angustia frente a metodismo.
He de reconocer que me costó entrar un poco en el libro, tiene un inicio algo confuso, supongo que para entrar en el estado de confusión permanente en el que se encuentra Sophie.

Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

lunes, 4 de diciembre de 2017

Tres días y una vida

¿Puede tu vida cambiar por un arrebato sobre alguien inocente, por algo hecho por una tercera persona? La respuesta está en esta novela de Pierre Lemaitre. Bueno, no sé si es la respuesta, pero es una respuesta.
La ira, esa fuerza motriz de los más atávicos, primitivos e irracionales sentimientos que se materializa es un instante y que cambia la vida de las personas de manera determinante.

El libro está dividido en tres momentos: 1999, 2011 y 2015, y son períodos muy cortos de tiempo, no es un relato continuo en el tiempo.
Antoine, el protagonista de la novela, un adolescente de 12 años, que se encuentra atrapado en un pequeño pueblo, en el que todo está tan compartimentado y en el que todo el mundo tiene su lugar, sin apenas oportunidades, salvo que huyas, en un arrebato, en un ataque de ira, ataca al Rémi y lo acaba matando. Antoine ataca a Rémi por que el padre de Rémi ha disparado y matado a su perro, del cuál Antoine estaba muy encariñado.
Al comprobar que Rémi está muerto, y tras darle muchas vuelta, tira el cuerpo a un agujero en medio de un bosque abandonado. A partir de ese momento, los siguientes días de Antoine se convierten en toda una pesadilla, siempre bajo tensión, esperando el momento en el que la policía entre en casa a detenerle. Observa como todo transcurre a su alrededor. Como reacciona la familia de la víctima, los vecinos, como se organiza el pueblo para las batidas, para intentar encontrar a Rémi, que para los demás solo está desaparecido. Al final, una gran tempestad, que provoca estragos en la población, hace que la búsqueda quede en segundo plano y Antoine se cree libre de toda culpabilidad.
La acción se retoma 12 años después, cuando Antoine, estudiante de medicina, vuelve al pueblo a ver a su madre. Una noche, de las pocas que pasa en Beauval, en una fiesta de cumpleaños del propietario de la tienda del pueblo, coincide con Émilie, el amor platónico de adolescente.  Tras una breve conversación, Antoine se marcha y, de camino a casa de su madre, se encuentra de nuevo con ella, que acaba en un encuentro sexual desaforado, como una revancha al pasado. 
Al cabo de las semanas, Émilie se planta en casa de Antoine, en Paris, para comunicarle que está embarazada, que él es el padre y que debe asumir su responsabilidad: casarse y reconocer al hijo. Antoine, lo rechaza de plano y le propone abortar, lo que supone una ofensa para ella, de profunda educación católica.
En esta visita, su madre le informa que, en el lugar donde ocultó el cadáver de Rémi, van a construir un parque de atracciones, lo que supone volver a la tensión que vivió aquellos días tras matar a Rémi.
Todo parace olvidado, hasta que a causa de un accidente, la madre de Antoine se queda en coma y tiene que volver a Beauval. En esos días, el padre de Émilie le presiona para que se responsabilice de su hija y de su futuro nieto. Antoine vuelve a negarse. Pero en esos días, con las obras de acondicionamiento del bosque y de construcción del parque, aparecen los resto de Rémi y se le practican las pruebas de ADN para confirmar su identidad, así como las de un cabello hallado en los restos y que no pertenecía al niño asesinado. 
Ante la negativa de Antoine, el padre de Émilie le amenaza con pedir pruebas de paternidad para obligarle a casarse, con llevarlo todo ante un juez. El miedo a no saber que pasará con los resultados de las pruebas, en qué base de datos quedarán los resultados y quién los podrá consultar, hace que Antoine acabe aceptando el matrimonio, como mal menor, lo que para él supone una cadena perpetua por el crimen que cometió tiempo atrás.
La última parte muestra la vida de Antoine en Beauval, como médico rural, con un matrimonio farsa, en el que Émilie es poco escrupulosa con la fidelidad y con un hijo al que le costó tomar cariño. En su consulta, recibe la visita del charcutero que empleaba a su madre, el cual le acaba confesando que tenía una relación con ella y, que el día de la desaparición de Rémi, ambos le vieron como huía corriendo desde el bosque donde hallaron los restos tiempo atrás.
Pocas veces hago una sinopsis tan larga, sobre todo de un libro de poco más de 200 páginas. Y, eso que dejo a muchos personajes y situaciones fuera. 
Haciendo la reflexión reposada de la lectura, esta tiene una profundidad tremenda y eso que mientras lo lees no lo parece, es un libro que va generando sustrato, que reposa en tu cerebro, cociéndose a fuego lento, para luego sacarle todo el sabor.
El libro se enmarca en un momento actual, es contemporáneo a nosotros, pero si le quitas cuatro objetos que determinan el momento actual, podría ser de cualquier época. La historia es atemporal.
Lemaitre nos muestra una sociedad rural, socialmente atrasada, a pesar de los toques de modernidad (el paso de jugar en el campo a jugar en casa con una Play Station), de valores rígidos, muy marcados por el qué dirán y las apariencias, con el peso omnipresente de la religión y las fiestas religiosas como el gran acto social, aunque el resto del año la iglesia presente un aspecto cada vez más despoblado. Cómo toda sociedad rural, nos muestra todos los tópicos de las relaciones sociales: clientelismo, sumisión, rencillas, odios atávicos, venganzas, traiciones, hipocresía...
Éste es el marco en el que se desarrolla la historia, luego está el tormento y la sangre fría de Antoine para manejar la situación. Lemaitre consigue que no se le tome como a un vil asesino, que todo el sentimiento de culpabilidad, el miedo a la cárcel y, sobre todo, la vergüenza que pueda provocar a su madre, compensen, en cierta manera, el arrebato asesino y la frialdad para decidir esconder el cuerpo y mentir sobre lo que hizo aquel día.
Ese tormento interior, junto con su papel secundario y faltas de perspectivas en Beauval, son los que le impelen a huir de allí y no querer volver. 
Antoine carga durante todo el relato con ese peso, lo que le provoca grandes angustias que acaban somatizándose en su vida, de una forma u otra: intenta fugarse en aquellos días de 1999, intenta suicidarse, su relación con su novia en París flaquea en términos sexuales, acaba dejándola para casarse con Émilie.
Creo que el relato es tiene su moraleja, como las fábulas, en la que al final el que la hace, la paga. La justicia no castiga a Antoine, pero sí la vida, y su condena es a perpetuidad, y en una prisión, que no es otra que el pueblo del que siempre quiso huir. Por otra parte, está la cuestión del honor de la familia, de cómo se llega hacer lo que sea para evitar la vergüenza, ya sea propia o de la descendencia, papel que ejemplifica la madre de Antoine.
Pd.: cuando empecé a escribir, tenía la sensación de no saber qué decir, pero al final ha sido de las entradas más largas. La vida y sus incongruencias.

lunes, 31 de julio de 2017

Nos vemos allá arriba.

Pierre Lemaitre se ha hecho famoso por la serie de novelas del inspector Verhoeven, pues yo, para ir a contracorriente, he decidio sumergirme en la prosa del francés lo más lejos de estos libros. Mi inmersión ha comenzado con Nos vemos allá arriba. Fue una inmersión en un mar enlodazado, vamos a ciegas, sin llegar a leer ni siquiera todo lo que ponía la contraportada.
Pues ha sido un gran acierto.


La historia arranca en una trinchera francesa, en los últimos días de la I Guerra Mundial, justo antes de la proclamación del armisticio y del inicio de la desmovilización de los soldados que han servido durante esta cruenta contienda. Aquí nos hallamos con tres soldados, bueno, dos soldados y un teniente, que son el triángulo protagonista que sostiene toda la narración.
Los tres personajes reflexionan sobre lo que será su nueva vida una vez acabada la guerra, cómo encarar y encajar en la vida que dejaron atrás. Sólo uno de ellos los tiene claro, el teniente d'Aulnay-Pradelle, necesita una última acción con la que conseguir un último ascenso que le permita medrar en la vida civil y reconstruir el legado familiar perdido.
¿Cómo conseguirlo? Una patrulla, dos muertos y un discurso enardecido para conquistar una última cota, un último esfuerzo en pos de una victoria, inútil, puesto que el armisticio es cuestión de dos o tres días.
Durante esta última ofensiva, Albert Maillard se desvía de la ruta prevista y descubre que los dos muertos tienen disparos en la espalda, lo que le llena de suspicacias. El teniente Pradelle se percata e intenta acabar con las pistas y los testigos. Maillard acaba enterrado vivo en el cráter de un obús, al ser empujado por Pradelle y caerle una ola de tierra provocada por una explosión. Péricourt, el otro soldado, observa a Pradelle como, en plena ofensiva, se queda parado ante el cráter observando impávido. La curiosidad lo lleva hacia el cráter, pero la explosión enterradora de Maillard, hace que no pueda ver que estaba mirando el teniente. Al escuchar los desesperados intentos de Maillard de intentar salir de su tumba, Péricourt se pone manos a la obra y lo acaba liberando. Pero por ello paga un alto precio, a parte de una herida en la pierna, un trozo de metralla le destroza la cara, dejando un agujero en lugar de su boca y mandíbula inferior.
En ese momento, Maillard se impone una deuda de vida con Péricourt, al que asiste durante toda su convalencia.
Acabada la guerra, Pradelle consigue su objetivo, ascender a capitán e intentar hacer negocio con todo aquello que está relacionado con la desmovilización y los efectos de la guerra: compra-venta de excedentes de material de guerra, de vehículos... pero en su mente está algo más ambicioso: hacerse con contratos del estado para la gestión del traslado de los cuerpos de los enterrados en el frente hacia cementerios de caídos, concebidos como un homenaje a los caídos.
En cambio, para los dos soldados comienza una dura subsistencia. El dolor provocado por las heridas en la cara acaba provocando que Péricourt se enganche a la morfina. Maillard, que no puede aguantar el sufrimiento de su amigo, intenta conseguirle más de la que el médico le había prescrito. Los soldados no tienen la misma fortuna que Pradelle en su regreso al mundo civil. Uno por incapacidad, no puede volver al puesto de contable que ocupaba antes de la guerra y el otro por su enfrentamiento a su padre, un adinerado e influyente banquero.
Mientras Pradelle sigue medrando utilizando sus contactos en el ejército o a través de su suegro, el padre de Péricourt (éste nunca lo sabrá), ambicionando reconstruir su patrimonio familia y restaurar su apellido, Péricourt y Maillard, malviven, sobreviven y padecen las miserias de los desmovilizados con el añadido de la incapacidad de Péricourt y su adicción.
Lemaitre teje una brillante y reflexiva historia sobre como la guerra y la postguerra influyen en las personas según sea su posición en el retorno. Cómo uno, mediante sus contactos, va cosechando una gran fortuna, conseguida de forma miserable, escatimando hasta el último céntimo para poder llegar a su objetivo en el mínimo tiempo posible; mientras los otros sufren todas las vejaciones de los héroes a la vuelta del frente. Maillard encarna el personaje que sufre todo esto: no poder volver a su trabajo anterior, perder a su novia por no tener un trabajo digno y por el tiempo pasado en el frente, acabar haciendo los trabajos más despreciados por el resto de la gente, el desprecio de aquellos que quedándose en la retaguardia miran con altivez a los ex-combatientes por creerse con unos derechos por el solo hecho de estar malviviendo en trincheras.
No sé que habrán visto otro, pero yo veo una crítica a todo lo que envuelve el poder, el dinero, la guerra y las relaciones sociales. La guerra, ya sea durante o después, como un vehículo para hacer negocio, para que unos desalmados se lucren y no tengan consideración con el que ha sacrificado su vida. La hipocresía a través del reconocimiento del ex-combatiente mediante la construcción de monumentos, sufragados con suscripciones populares, construcción que es abono de corrupciones y estafas. De hecho, Maillard y Péricourt acaban ejecutando un gran estafa aprovechándose de esa fingida e impostada sensibilidad por el recuerdo el caído, mientras se humilla e ignora al que regresó triunfante.
Las relaciones familiares están muy presentes: Padrelle por que ya no tiene; Maillard por que quiere formar una, pero le deja su novia, y además tiene una madre que siempre está poniéndolo por los suelos; y Péricourt, por la incompresión de su padre, la añoranza de su madre fallecida y el recuerdo protector de su hermana. Asimismo, la relación entre el padre y la hermana de Péricourt, teniendo a éste siempre presente.
La novela da para extenderse mucho más, para leerla con lápiz y papel, tomar notas, recoger grandes frases cargadas de mucha mala leche, que aunque comprendan a una sociedad de hace un siglo, no dejan de estar vigentes a día de hoy.
Como hace el autor en el epílogo, hay un personaje singular, Merlin, un funcionario viejo, amargado y marginado, que representa la dignidad y la decencia, que siendo el encargado de un trabajo sucio, acaba sacando a la luz una de esas vergonzantes corruptelas que tanto se prestan en estas circunstancias, del que nadie se acaba acordando, pero que es imprescindible.