jueves, 27 de abril de 2017

La vida en sordina

Creo que es una virtud de algunos escritores, sobre todo británicos, de hacer a partir de un tema banal, una novela notable, casi sobresaliente. En este caso, David Lodge lo consigue con La vida en sordina. A partir de la deficiencia auditiva, creciente en la narración, del protagonista, construye un relato sobre grandes temas vitales y personales, como la muerte, la familia, la soledad. Todo ello con un tono divertido, que te dibuja una sonrisa durante muchos pasajes, pero es un tono que no esconde la seriedad de los temas y del fondo de la novela.


Desmond es un catedrático de lingüística jubilado que por un malentendido causado por su problema de oído, se compromete a ayudar a una atractiva joven a mirar la tesis doctoral que está preparando. El tema, el análisis lingüístico de las notas de suicidio.
El hecho de no ser consciente de su compromiso y del atractivo de la demandante provocan un sentimiento de culpabilidad, de infidelidad hacia su mujer, que lo aboca a inventar excusas absurdas para justificar su ayuda.
Junto a su preocupación por justificar los encuentros con la alumna de tesis, Desmond reflexiona sobre su problema auditivo en relación a su día a día y en la vida social en la que halla involucrado en los últimos tiempos. Compara la sordera con la ceguera, como la última genera un sentimiento de lástima, tiene una potencialidad literaria que la sordera no provoca, todo lo contrario, al sordo se le trata como alguien taciturno, seco, gruñón, ya que hasta que no pone en conocimiento su deficiencia, se asume que el comportamiento derivado de ésta es una manifestación de su carácter como persona y no consecuencia de su dolencia.
Lodge va introduciendo en el desarrollo de la novela la relación de Desmond con su mujer, que tras un divorcio productivo y una recuperación de la fe religiosa perdida, ha triunfado en los negocios, al estar en el lugar adecuado justo un momento antes del momento adecuado. Esto provoca que Desmond pierda el papel del hombre cimiento del hogar, papel que asume su mujer y esta asunción supone un cambio en las relaciones sociales y cómo él pasa a ser la pareja de la anfitriona.
Otro personaje que acaba siendo fundamental es el padre de Desmond. Antiguo músico de orquesta, jubilado, que vive en Londres, en su casa de toda la vida, acostumbrado a una manera de vivir espartana, austera, siempre presente la posibilidad que las cosas se puedan torcer y que hay que estar prevenido. Esta austeridad roza el "diogenismo" (no sé si existe el palabro, me temo que no), lo que provoca vergüenza ajena en el propio Desmond. El padre de Desmond va sufriendo un rápido deterioro, durante la narración, consecuencia de un principio de demencia, situación que se agrava con un derrame que limita, enormemente, su autonomía y libertad.
Todo esto sucede durante un período de unos cuatro o cinco meses, ya que Lodge lo estructura a modo de diario o dietario, en el que Desmond va apuntando todo aquello que le va aconteciendo desde la fiesta en la que se compromete como tutor de la tesis hasta el funeral de su padre, pasando por las fiestas navideñas.
Como colofón a la novela, tenemos el viaje a Polonia que realiza Desmond, huyendo un poco de la rutina y de los difíciles momentos con su mujer, a consecuencia de las fiestas navideñas. En ese viaje, para dar unas conferencias, acaba visitando los campos de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, que le supone un impacto total en su manera de ver el mundo. Lo que se agrava al conocer la noticia del derrame cerebral de su padre y su repentina dependencia total para seguir con vida y realizar las tareas más básicas: alimentación e higiene personal.
Me ha gustado mucho, es de las lecturas modernas, del siglo XXI, de las que más me ha gustado. Tanto la forma de narrar como lo narrado calan muy hondo y trata temas de profunda reflexión. Y todo, como digo al principio, a partir de algo anecdótico, como es la sordera.
La muerte es un tema constante y fundamental en la narración. No tanto la propia, como la ajena. Cómo influye la muerte ajena en uno mismo y que actitudes afrontar ante el hecho luctuoso. O, como la vida te lleva a tener que tomar decisiones y, según la circunstancia, a ejecutarlas. Como la muerte puede ser la liberación de aquel que se encuentra desahuciado ante la vida, en la que seguir respirando un minuto más es una tortura.
La soledad, como ese paso previo a la muerte. La soledad como aislamiento, el aislamiento como protección ante lo nuevo y lo desconocido, ante aquello que nos cuesta de entender. Todo esto lo ejemplifica en los párrafos en los que Desmond y su padre son protagonistas, sobre todo cuando se plantea la búsqueda de una residencia, al descubrir los síntomas de dejadez e imposibilidad de cuidarse de su padre. La descripción de los residentes es un golpe seco directo al estómago, ya que las acaba definiendo, como el paso previo a la muerte, un aparcamiento en el que la única salida es en postura horizontal y con el rostro cubierto. Relacionado con el confinamiento obligado de una residencia para ancianos, está, en contraposición, el aislamiento voluntario, rodeado de futilidades envueltas en un supuesto lujo y buen gusto. Lodge lo enlaza en unos pasajes en que Desmond y su mujer se van a pasar el año nuevo a un complejo con la socia de su mujer y su pareja. Nos describe un complejo, en el que entrar y salir tiene las mismas medidas de seguridad que una cárcel, en el que sentirte libre. Hete aquí la contradicción, la libertad de moverte en un gran patio de una cárcel de lujo. Es como si nos quisiera decir, disfruta del lujo, renunciando al lujo de tu libertad, rodeado de comodidades, a precios desorbitantes, dentro de una jaula de cristal.
Luego está la muerte en el campo de exterminio, la incomprensión que le genera el hecho que alguien se plantee la construcción de una factoría de la muerte. Cómo el desprecio por la vida ajena puede llegar a esos niveles..
La muerte como fortalecedora de unos lazos que la rutina han ido desgastando en un día a día, en el que el egoísmo personal mina la relación con la persona con la que compartes tus días. El hecho traumático materializa lo efímero de la vida y relativiza aquello que parece que sea una tragedia, cuando no deja de ser orgullo mal entendido y nada generoso.
El hecho de escoger a un lingüista sordo como protagonista es casi una genialidad, supongo que en la literatura habrá casos anteriores similares. Pero que una persona que se dedica al lenguaje, expresión vocal incluida, sea sordo tiene ese punto de sarcasmo.
Es una novela donde está presente el desplazamiento social de una persona. Todos somos aisladores y víctimas del aislamiento. Nos desplazan a la periferia o desplazamos a otros. Y la razón no es otra que disfrutar de un cierto estatus y posición dentro de unos determinados grupos. El problema es hacer de eso la guía de tu vida.

viernes, 7 de abril de 2017

El volcán de oro.

Jules Verne, Julio para la mayoría de los mortales, quién no se ha leído un libro de Verne. Bueno, pues este es el primero que me leo, bueno, quizás en el colegio me leí La isla misteriosa o alguna de aquellas ediciones adaptadas, supongo, para niños de alguno de sus títulos más famosos. Quiero decir que es el primer libro que leo de forma consciente y voluntaria.
¿La elección? Pues que no era uno de los grandes títulos del francés, con el añadido de tema a tratar, la fiebre del oro del siglo XIX.


El libro narra las aventuras y desventuras de dos primos francocanadienses que heredan una parcela en el Klondike, en plena Fiebre del oro de finales del siglo XIX y deciden, antes de tomar una decisión sobre una oferta de compra, ir a visitar la herencia para poder valorarla en su justa medida y saber si la oferta se ajusta o no a la realidad.
A partir de esta premisa, Verne desarrolla un libro de viajes en el que inserta ese fenómeno que fue la Fiebre del oro, que asoló la costa pacífica de Norteamérica durante el siglo XIX y de la cual, todavía (hay algún programa en esas infumables frecuencias de la TDT) queda algún rastro. Aprovecha esta fiebre para dar alguna pincelada de las aventuras a las que nos acostumbró en el resto de su producción literaria.
Digo que es un libro de viajes, por que el peso principal de la narración es la descripción del viaje que realizan desde Montreal hasta las costas del océano Ártico, pasando por toda la geografía que enmarcó dicho fenómeno económico y migratorio. Nos hace un retrato de territorios y de todas las grandes poblaciones por las que discurre su recorrido. Asimismo, no deja de describir todos aquellos accidentes geográficos que tienen su importancia dentro de ese recorrido.
La otra parte del libro es su visión sobre el citado fenómeno, visto desde los dos puntos de vista: desde aquel a quien atrapa la Fiebre del oro, que define constantemente como una enfermedad física; como la del escéptico que mira todo lo que produce: miserias, comportamientos amorales, las incoherencia provocadas por la riqueza o sus expectativas. Esto lo plasma en los personajes de los dos primos: uno, ingeniero, es el que sucumbe a los influjos de dicha fiebre; mientras que el otro, amante de la caza y la tranquilidad, no en vano representa a un rentista, lo observa con escepticismo y supone el contrapeso a la temeridad del contagiado de "fiebres".
Es un libro donde se reflejan las ilusiones y los contratiempos, intentando reflejar la realidad de ese fenómeno en toda su amplitud, tanto del que se queda en el camino, del que llega y no consigue más que ser mano de obra, como del que se llena los bolsillo de billetes, que según su carácter, no sabe administrar y solo piensa en el próximo filón a explotar, ya que la fiebre no baja, a pesar de tener oro en los bolsillos.
La parte de libro de viaje supera ampliamente a la de aventuras, las descripciones parecen sacadas de un cuaderno de viajes realizado por el propio Verne. Mientras que la parte narrativa que se ocupa de las desdichas y desventuras de los protagonistas es bastante simple y, sobre todo, muy predecible, sobre todo para la mirada actual, que busca en la literatura algo más que una descripción de una sucesión de hechos que son los más probables. Quizás esa fuese la intención y el mérito.
Mantiene el interés por la ciencia y el conocimiento, tan habitual en sus novelas, con amplias descripciones sobre como se explotaban los placeres (2. m. Arenal donde la corriente de las aguas depositó partículas de oro.) de oro. No deja de ser un escritor del XIX, como demuestra esa manera de tratar a las mujeres, sobre las cuestiones del honor y la honra. El hombre ha de ser un caballero y defensor de los débiles, sobre todo si son mujeres. Era otra época y otra forma de pensar. Ese sentido de la justicia,
Ahora tengo que buscar a Jack London, para comparar los tratamientos de esa "enfermedad".

miércoles, 22 de marzo de 2017

El secreto de la modelo extraviada

Decepcionante Mendoza en la última aventura del detective sin nombre, del protagonista de otras grandes novelas de Eduardo Mendoza.
Creo que va a ser una entrada corta, puesto que no hay mucho que contar, y lo que explique flaco favor le va a hacer al autor (aquí de sobrado, como si tuviese 15.000 lectores).


Intenta ser una novela nostálgica, como lo son la de Francisco González Ledesma y su Méndez, aprovechando a este personaje para un "viaje" en el tiempo, recordando sus desventuras durante un caso en el que se vio envuelto en los ochenta. Un intento de rememorar aquella Barcelona desaparecida, menos cosmopolita pero más canalla, pero ni esto consigue.
La novela tiene dos partes. La primera nos expone el caso en el que se ve implicado el famoso detective sin nombre, habitante de una institución mental, sobre la muerte de una modelo. Su cometido no es otro que ser cabeza de turco. Las idas y venidas del anónimo detective solo sirven para ir viendo como se desarrolla el caso, pero ya está, no es tan analítico como en otras ocasiones sobre la sociedad que envuelve al misterio. En la segunda parte, fruto de la casualidad, retoma aquellos hechos que no se resolvieron de forma satisfactoria para su entender y acaba resolviendo el misterio.
Siguen apareciendo los personajes de otras entregas, como su hermana y el comisario Flores, pero son mucho más anecdóticos.
La verdad es que no se puede sacar mucho de este libro, parece hecho por encargo, una exigencia contractual. La ironía y sarcasmo que destilaban anteriores entregas, ahora se diluye y no aparece sino puntualmente.
Esa visceralidad contra las clases pudientes, se ha quedado en una nadería, en un esbozo, un apunte, de todo aquello que todos intuimos.
Se le puede entrever una crítica a la moda actual de vestirse de fosforito y salir a correr, cosa que ya pasó por los ochenta y que entonces era jooging o footing y no running, como lo es ahora. Esboza una punzada sobre esa Barcelona que se quería modernizar en los ochenta y que ahora es moderna, pero más de fachada y de algunas fachadas. 
El personaje más curioso es un ex-guardia civil que deja el cuerpo para hacerse travesti y vivir de los vicios ocultos del resto de hombres, pero que al final tiene que reingresar. Lo curioso que aporta el personaje es la evolución de los gustos de aquellos que viven dentro de un armario o que tienen esos pequeños vicios inconfesables. Cómo dentro del "gremio" tiene que evolucionar una persona según cumple años y cambian los tiempos y los clientes.
Realmente, las sonrisas que te arranca en determinados momentos y un par reflexiones brillantes, no son suficientes como para disfrutar de su lectura. Lo dicho, huele a encargo, a que hay que tener algo preparado para Sant Jordi y poder facturar.

viernes, 10 de marzo de 2017

Les vacances de Maigret (Las vacaciones de Maigret).

Cuando voy a la biblioteca y la duda y el apremio por la hora me acompañan, acabo de encontrar en Simenon la solución. Sobre todo con su celebérrimo Maigret.
Les vacances de Maigret ha sido el título afortunado y, como su título indica, es un caso con el que tropieza Maigret durante sus vacaciones en una población de la costa, Les Sables-d'Olonne.


Aprovecha la convalecencia para investigar sobre dos muertes que han acaecido en un breve lapso de tiempo y que tienen un nexo en común, la figura del doctor Bellamy: la primera es la de la cuñada del doctor y la segunda, la de una adolescente que apareció, de forma sorpresiva, durante una visita que Maigret realiza a casa del doctor.
A partir de aquí Maigret se sumerge en la investigación, por iniciativa propia, para esclarecer el asesinato de la joven y empieza a sospechar sobre la naturaleza de la muerte de la cuñada del doctor. Esta fallece en el hospital en el que está ingresada la mujer de Maigret, a consecuencia de las heridas producidas al caer de un coche en marcha. Circunstancia acentuada al recibir, un día antes del óbito, una nota durante una visita al hospital, en el que se le alerta sobre la integridad física de una paciente, que al final, resulta ser la cuñada del doctor.
Desde ese momento, Simenon nos sumerge en el ambiente y la atmósfera de una población de vacaciones, mientras va realizando su investigación, intentando atar cabos con la información que tiene, para llegar a la conclusión final sobre quién ha sido la persona que ha cometido los crímenes.
Como en la anterior ocasión en la que leí una novela protagonizada por Maigret, Simenon parece utilizar al comisario como excusa para trazar un retrato sobre un momento y un lugar, sobre la composición social de una modesta población de costa, en la que hay un pequeño y destacado círculo de la "alta sociedad local", con sus hábitos y costumbres. Maigret transita por todo el espectro social para hallar su objetivo, nos muestra con una mirada nítida la condición de todos los personajes implicados en la trama, sus vidas, como una fotografía compuesta por palabras, plasmando una realidad con una mirada limpia.
Simenon no es un crítico feroz, no me lo parece, pero si que deja constancia de lo que ve y cual es su posición al respecto. El duelo intelectual entre Maigret y el doctor es el ejemplo de esto. La actitud del doctor respecto al resto de la sociedad es insoportable para Maigret, de esta forma, Simenon lanza su pulla sobre esos pequeño caciques de cada población, que imponen un respecto al resto de la población por su condición social.
Al igual que escudriña el entorno social, Simenon disecciona las miserias de la condición humana, como es en este caso los celos. La radiografía de lo general la traslada a lo concreto, en este caso, el amor enfermizo que siente el doctor Bellamy por su esposa, y cómo este mediatiza sus hábitos, como muestra, las llamadas de control a su mansión durante la partida de bridge en la brasserie de la que es habitual.
La resolución del caso, que a mi entender es una excusa para hablar sobre la condición humana, se resuelve en un singular combate dialéctico entre el culpable, confeso, y Maigret. Cómo el confeso, detalla como ha llegado Maigret hasta él y, al mismo tiempo, va iluminando las sombras que acompañan las deducciones de Maigret. La confesión es, a pesar de la falta de pruebas, la liberación del asesino, ya que seguir en libertad podría conllevar nuevas víctimas que el asesino se ve incapaz de asumir.
Simenon acaba siendo un cronista de la sociedad francesa a través del tiempo, utilizando a Maigret como coartada para este fin. Creo que el género es el medio, la excusa, el verdadero objetivo es la Francia de sus épocas, un escritor que escribe durante buena parte del siglo XX, no tiene una sola época.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

viernes, 3 de marzo de 2017

The midden (L'ovella negra/Lo peor de cada casa)

Cuando tienes que hacer una visita relámpago a la biblioteca, vas a lo seguro, no estás para rebuscar entre estanterías qué joya puedes encontrar, aunque al final pueda ser algo más áspero que el papel de lija.
Es así como acabó en mis manos L'ovella negra (The midden, título original; o, Lo peor de cada casa, que me parece un título más adecuado).


La historia en sí no tiene mucho sentido, creo que es una excusa para ridiculizar la altivez de esa clase social compuesta por nobles, sires, lores y aquellos que hicieron fortuna en el Imperio y que volvieron a las Islas a disfrutar de ellas.
La novela nos presenta a tres personajes, totalmente opuestos: un joven perteneciente a una familia noble, que ha acabado como yuppie, pero al que la crisis le ha dejado en una situación económica insostenible; un policía que impone la ley de manera sui generis, imbuido por una fe en dios, en el dinero y en el poder casi mística; y la heredera del patrimonio de un antiguo traficante de todo lo que se pudiese traficar en África, herencia que lleva asociadas unas condiciones draconianas.
Timothy, el joven noble convertido a yuppie, es víctima de la crisis y de haber sido el vehículo utilizado por la banca para captar patrimonios con los que tapar las pérdidas ocasionadas por malas inversiones de terceros. Tras buscar una salida hacia adelante y sin ningún sentido (jugarse todo lo que le queda en el casino y, obviamente, perderlo) decide vender las acciones de una familiar para tapar agujeros y mirar de recuperarse. Pero las deudas de juego, le llevan a caer en manos de un gangster que le propone, a cambio de sufragar sus deudas, que deje un paquete en el barco de un juez de su familia. Ante estos acontecimientos, Timothy decide salir de Londres y buscar cobijo entre sus familiares, antes de hacer el viaje en que tendrá que comprometer al juez. En su periplo, acaba en casa de un tío, que lo recibe como quien recibe un castigo divino (Timothy es un gorrón y maleducado), y tras fumar tabaco de pipa impregnado en una especie de alucinógeno, acaba en la cama de la mujer del comisario de Twixt and Tween, Sir Arnold Gonders, que aparte de ser un integrista religioso, se dedica a establecer relaciones con la flor y nata de la alta sociedad, de las finanzas y de los bajos fondos, para poder tener controlada a toda la gente de su jurisdicción. La reacción del comisario no es otra que evitar el escándalo y quitarse de encima a Timothy, que llegó drogado y desnudo hasta la cama conyugal de Sir Arnold. Este decide deshacerse de Timothy colocándole en casa de Marion Fem, la administradora de unas propiedades, de carácter monstruoso, fruto del delirio de un antepasado, que tras hacer fortuna en África, vuelve y decide construir una mansión siguiendo sus particulares gustos arquitectónicos y artísticos. La administración de la herencia lleva un gravamen difícil de soportar, tener que dar acogida en la Torre Fem, que es el edificio singular, a todos los descendientes Fem, que no deja de ser un rebaño de gente maleducada, acostumbrada a ser servida y a tratar despectivamente a la servidumbre.
La novela es un compendio de disparates, hechos surrealistas, exageraciones, de personajes irreales que representan todo aquello que a Sharpe le parece intolerable en un sociedad moderna y, se supone, democrática. Pero no, es una sociedad anclada en un pasado reciente, lleno de pompa, lujo, protocolo, en el que se establece un sistema de castas en el que se ponen el máximo de obstáculos para que accedan extraños desde niveles diferentes. Y esto solo se consigue como se ha conseguido siempre, con dinero. 
Significativo es el diálogo entre Timothy niño y su padre sobre el dinero y que queda reflejado en una pregunta y una respuesta: "¿Pero como tendré dinero, yo?" a lo que le responde su padre "Tendrás dinero cuando te conviertas en un Nombre". El dinero se tiene por ser quien eres, no por tu trabajo.
No es una novela redonda, le falla el argumento, es un vodevil, un novela de enredos, en la que todo el mundo quiere salvar su culo a costa de lo que sea. No hay ritmo, ni un hilo conductor coherente, pero todo eso se sobrelleva con los torpedos de humor que lanza constantemente Sharpe. Sobre todo en lo relativo a los sobreentendidos y malentendidos. El culmen del absurdo es el asalto a la Torre Fem por parte de la policía, pensando que se está celebrando una orgía con menores.
Que no sea una novela redonda, no quiere decir que no sea una novela que sirva para algo más que para reírte un rato, te da pinceladas sobre unas formas de vivir que dan mucho que pensar y de cómo hemos llegado al mundo actual.

jueves, 16 de febrero de 2017

Expo 58

De nuevo una novela de Jonathan Coe en mis manos, de nuevo una lectura que no decepciona. Creo que Coe es un escritor sólido, con una idea clara de lo que quiere conseguir con sus libros y cual es la manera de hacerlo.
No voy a decir que es un genio literario único en el mundo, pero atesora una calidad y unas cualidades que hacen de él un escritor a tener en cuenta.


Coe tiene la habilidad de hacer una buena novela con temas de lo más anodinos y menos originales (o no) como puede ser la participación de Gran Bretaña en la Exposición Universal del Bruselas de 1958, de la cuál, el Atomium es su edificio emblemático.
Thomas Foley, un anodino funcionario británico, con cierto parecido (según quien lo mire) entre Gary Cooper y Dirk Bogarde, se encuentra con la misión de supervisar el pub británico de la Expo 58, que se haya dentro del pabellón británico. Las aptitudes para desempeñar esta función, según palabras de sus superiores, son: el hecho que su padre hubiese sido propietario de un pub y que su madre había nacido en Bélgica, aunque tuvo que huir a los 10 años, a causa de la invasión alemana durante la Primera Guerra Mundial. Esto es una muestra del sinsentido que representa toda la participación británica en dicho acontecimiento, bueno, es el enfoque que le da Coe, para poder poner ese tono irónico y sarcástico que tan característico es de su obra.
Foley es un funcionario que se acaba de casar, pero que no está convencido de su decisión, y el viaje es una oportunidad para huir de su rutinaria vida.
Antes de la partida, es investigado, interrogado por el servicio secreto británico, por dos personajes que Coe caricaturiza, estereotipando su imagen (gabardinas, sombreros, poses, conversaciones plagadas de sobreentendidos y medias frases...).
Una vez llega a Bruselas es recibido por una azafata y entre ambos se establece un embelesamiento mutuo. En ese momento, las dudas sobre su vida actual se acrecientan, pero su sentido de la responsabilidad va más allá y está por encima de esos sentimientos que ha aflorado tan repentinamente.
Al final, el pub parece ser el centro de la Expo, es un lugar de un éxito inusitado, a pesar de un encargado aficionado a los destilados y a la falta de personal. Es en este entorno donde se reúnen los protagonistas de la trama: el propio Foley, la azafata belga, una actriz americana que se dedica a hacer exhibiciones de productos del hogar, el compañero de apartamento de Foley en Bruselas y un delegado cultural ruso.
En paralelo al día a día de la Expo, Coe teje una trama de espionaje, en la que Foley se ve envuelto sin comerlo ni beberlo, que le sobrepasa y a la que, ciertamente, no le encuentra ningún sentido. Entre muchas de las cosas que le suceden, está un cómico "rapto" por parte de los servicios secretos británicos, para llevarlos a un casa que es la base del espionaje norteamericano para tener bajo control a todo el personal de los países del Telón de Acero que participaron en dicha Expo. Coe ridiculiza tanto a los agentes encargados de llevarse a Foley como a su método, todo muy típico y tópico, tan manido como salido de una película de espionaje de los años 50.
Es una novela de enredo, donde abundan sobreentendidos y malentendidos, donde nada es lo que parece, muy del estilo de las películas de espías de esa época. Como muestra es el viaje que realiza Foley, pasada media Expo, para ver a su mujer y su hija. La noche que pasa con su mujer no puede conciliar el sueño, ya que encuentra una almohadilla para los callos en el fondo de la cama, como las que usa su vecino, vecino que mientras ha estado ausente y que ha estado muy atento con su mujer, como esta da a entender en la correspondencia que mantienen. Para Foley se convierte en la evidencia de su engaño y lo que hace que se replantee, más seriamente su vida al volver al Bruselas.
Es un libro sobre la incomunicación en una época de avances tecnológicos, no a la altura de nuestra época, pero ese es el entorno, el de la Expo, como avanzadilla del progreso. Es un libro sobre lo absurdo de la burocracia, de la elección de los candidatos, no por su verdadera valía, sino por una supuesta. Sobre la desconfianza y la hipocresía, ya que todos los participantes llevan a sus controladores, ya sean para las tareas menores como para los temas de seguridad nacional. Es hipocresía, por que todo se envuelve en ese falso efectismo que es la cooperación de los pueblos, la paz y el progreso de la humanidad, cuando es todo lo contrario y las debilidades humanas hacen sucumbir a todos los protagonistas.
Coe no utiliza un lenguaje complicado, ni complejo, ni recargado, es una lenguaje sencillo, accesible, concreto y conciso y con un gran trabajo de documentación, más del necesario para no caer en incongruencias e imposibles.


El mérito de Coe, como ya he comentado, es conseguir que un personaje anodino y un tema sin atractivo acaben tomando cuerpo y constituyendo una agradable, divertida e irónica novela en la que plasma algunos de los absurdos de nuestro día a día.

domingo, 5 de febrero de 2017

Sinfonía napoleónica. Una novela en cuatro movimientos.

Después de disfrutar con Vacilación de Anthony Burgess, me he andentrado en otra de sus novelas, Sinfonía napoleónica. La experiencia ha sido, como menos, singular. Nada que ver con la mencionada, ni por la temática, ni por el estilo. Si Vacilación es una novela satírica sobre el mundo del espionaje, en esta ocasión nos encontramos con la vida de Napoleón, desde su propio punto de vista y desde el de aquellos que le rodean, ya sean subordinados, familia, sus enemigos o su mujer.



El libro es tan interesante como confuso. Creo que la manera de narrar la vida de Napoleón, desde la perspectiva de su día a día, de la intrahistoria personal de los grandes acontecimientos históricos de los que es protagonista: mezcla las campañas italiana y egipcia con su relación con Josefina, cómo la echa de menos, su amor incondicional y fetichista, cómo ésta les es infiel, que esta infidelidad es la comidilla de toda Europa, hasta que llega a sus oídos. Nos encontramos con una familia que se rebela contra Napoleón mientras este pasa de primer cónsul a Emperador, una rebelión ocasionada por la ausencia de un heredero legítimo y directo de Napoleón. Como para él supone una carga, mayor si cabe, que la que tiene que soportar como faro, vigía y protector de la Revolución, la República y sus principios y libertades.

Más adelante nos hallamos con el Napoleón vencedor de otra coalición más de las monarquías retrógradas, en sus campañas por Centroeuropa, donde es víctima de un atentado, del que sale ileso. La conversación que tiene con el terrorista es muy interesante y de una actualidad brutal. Napoleón se presenta como liberador del pueblo del yugo de los monarcas absolutistas, aunque para ello acabe actuando como un monarca absolutista, imponiendo esa nueva libertad, ese espíritu republicano a los pueblos que libera. Mientras que su interlocutor, defiende que la idea de pueblo, nación, de volk está por encima de cualquier idea de libertad, por muy liberadora que sea si viene impuesta y no como una decisión del pueblo. Lo ejemplifica con el caso de España, que antes que la libertad es capaz de derramar toda la sangre del pueblo por su devoción y sumisión a la religión.

Luego está Rusia, la campaña rusa, con sus precedentes y toda la retirada, narrada principalmente por un zapador, que nos muestra toda la crudeza, la irresponsabilidad, la locura a la que dio resultado. Todo esto contrasta con el encuentro, en medio de un río en una barcaza, entre Bonaparte y el zar Alejandro I, que se declara admirador del emperador, que sabedor de esto, despliega su carisma y verborrea para conseguir el acuerdo que le permita tener protegida la retaguardia continental y continuar su lucha contra Inglaterra.

La narración acaba con su vuelta a París desde Rusia, su derrota en Leipzig y sus últimos días en la isla de Santa Elena, donde recuerda su momento más importante, mientas está a punto de morir, la victoria en Austerlitz. Aquí nos muestra su vida como prisionero, en una prisión cuyos muros son de agua, es el océano Atlántico, es el mar, el mar que siempre fue para él un lugar inhóspito, desconocido, hostil, a pesar de ser originario de una isla.

El libro es difícil de leer, no es una lectura para el metro, como lo he leído y ha sido un gran error. Se necesita un gran esfuerzo de concentración, o por lo menos a mí me lo ha parecido, sobre todo por la constante ida y venida de personaje, cambios de escenarios, pasar de los diálogos a los pensamientos, al tiempo que el lenguaje es de gran complejidad, sobre todo por un uso importante, casí un abuso diría, de adjetivos cada vez que los personajes inician una descripción o en un diálogo donde se exponen las grandes tribulaciones políticas del momento.

El trabajo de documentación es magnífico, todos los personajes, todos los hechos, todos los lugares se corresponden con la historia. El análisis que hace indirecto de lo que fue aquella época, de lo que suponía Napoleón como revolucionario en ese tiempo, es brillante y que, a pesar de estar escrito en los años 70 del siglo XX, parece de una actualidad increíble, es una análisis de una brillantez total, ya que durante las conversaciones que mantiene Napoleón con diferentes interlocutores, va mostrando lo que será la historia europea a partir de ese momento: el auge de los nacionalismos del XIX, el papel del nuevo Imperio Alemán y como acaba todo en las guerras mundiales, la idea de una Europa unida como objetivo, que será saboteado por aquellos que son cortos de miras.

Lo original del libro es explicar la historia sin pretenderlo, fantasear sobre cómo podría ser el día a día de uno de los personajes más importantes de la historia.