viernes, 10 de marzo de 2017

Les vacances de Maigret (Las vacaciones de Maigret).

Cuando voy a la biblioteca y la duda y el apremio por la hora me acompañan, acabo de encontrar en Simenon la solución. Sobre todo con su celebérrimo Maigret.
Les vacances de Maigret ha sido el título afortunado y, como su título indica, es un caso con el que tropieza Maigret durante sus vacaciones en una población de la costa, Les Sables-d'Olonne.


Aprovecha la convalecencia para investigar sobre dos muertes que han acaecido en un breve lapso de tiempo y que tienen un nexo en común, la figura del doctor Bellamy: la primera es la de la cuñada del doctor y la segunda, la de una adolescente que apareció, de forma sorpresiva, durante una visita que Maigret realiza a casa del doctor.
A partir de aquí Maigret se sumerge en la investigación, por iniciativa propia, para esclarecer el asesinato de la joven y empieza a sospechar sobre la naturaleza de la muerte de la cuñada del doctor. Esta fallece en el hospital en el que está ingresada la mujer de Maigret, a consecuencia de las heridas producidas al caer de un coche en marcha. Circunstancia acentuada al recibir, un día antes del óbito, una nota durante una visita al hospital, en el que se le alerta sobre la integridad física de una paciente, que al final, resulta ser la cuñada del doctor.
Desde ese momento, Simenon nos sumerge en el ambiente y la atmósfera de una población de vacaciones, mientras va realizando su investigación, intentando atar cabos con la información que tiene, para llegar a la conclusión final sobre quién ha sido la persona que ha cometido los crímenes.
Como en la anterior ocasión en la que leí una novela protagonizada por Maigret, Simenon parece utilizar al comisario como excusa para trazar un retrato sobre un momento y un lugar, sobre la composición social de una modesta población de costa, en la que hay un pequeño y destacado círculo de la "alta sociedad local", con sus hábitos y costumbres. Maigret transita por todo el espectro social para hallar su objetivo, nos muestra con una mirada nítida la condición de todos los personajes implicados en la trama, sus vidas, como una fotografía compuesta por palabras, plasmando una realidad con una mirada limpia.
Simenon no es un crítico feroz, no me lo parece, pero si que deja constancia de lo que ve y cual es su posición al respecto. El duelo intelectual entre Maigret y el doctor es el ejemplo de esto. La actitud del doctor respecto al resto de la sociedad es insoportable para Maigret, de esta forma, Simenon lanza su pulla sobre esos pequeño caciques de cada población, que imponen un respecto al resto de la población por su condición social.
Al igual que escudriña el entorno social, Simenon disecciona las miserias de la condición humana, como es en este caso los celos. La radiografía de lo general la traslada a lo concreto, en este caso, el amor enfermizo que siente el doctor Bellamy por su esposa, y cómo este mediatiza sus hábitos, como muestra, las llamadas de control a su mansión durante la partida de bridge en la brasserie de la que es habitual.
La resolución del caso, que a mi entender es una excusa para hablar sobre la condición humana, se resuelve en un singular combate dialéctico entre el culpable, confeso, y Maigret. Cómo el confeso, detalla como ha llegado Maigret hasta él y, al mismo tiempo, va iluminando las sombras que acompañan las deducciones de Maigret. La confesión es, a pesar de la falta de pruebas, la liberación del asesino, ya que seguir en libertad podría conllevar nuevas víctimas que el asesino se ve incapaz de asumir.
Simenon acaba siendo un cronista de la sociedad francesa a través del tiempo, utilizando a Maigret como coartada para este fin. Creo que el género es el medio, la excusa, el verdadero objetivo es la Francia de sus épocas, un escritor que escribe durante buena parte del siglo XX, no tiene una sola época.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

viernes, 3 de marzo de 2017

The midden (L'ovella negra/Lo peor de cada casa)

Cuando tienes que hacer una visita relámpago a la biblioteca, vas a lo seguro, no estás para rebuscar entre estanterías qué joya puedes encontrar, aunque al final pueda ser algo más áspero que el papel de lija.
Es así como acabó en mis manos L'ovella negra (The midden, título original; o, Lo peor de cada casa, que me parece un título más adecuado).


La historia en sí no tiene mucho sentido, creo que es una excusa para ridiculizar la altivez de esa clase social compuesta por nobles, sires, lores y aquellos que hicieron fortuna en el Imperio y que volvieron a las Islas a disfrutar de ellas.
La novela nos presenta a tres personajes, totalmente opuestos: un joven perteneciente a una familia noble, que ha acabado como yuppie, pero al que la crisis le ha dejado en una situación económica insostenible; un policía que impone la ley de manera sui generis, imbuido por una fe en dios, en el dinero y en el poder casi mística; y la heredera del patrimonio de un antiguo traficante de todo lo que se pudiese traficar en África, herencia que lleva asociadas unas condiciones draconianas.
Timothy, el joven noble convertido a yuppie, es víctima de la crisis y de haber sido el vehículo utilizado por la banca para captar patrimonios con los que tapar las pérdidas ocasionadas por malas inversiones de terceros. Tras buscar una salida hacia adelante y sin ningún sentido (jugarse todo lo que le queda en el casino y, obviamente, perderlo) decide vender las acciones de una familiar para tapar agujeros y mirar de recuperarse. Pero las deudas de juego, le llevan a caer en manos de un gangster que le propone, a cambio de sufragar sus deudas, que deje un paquete en el barco de un juez de su familia. Ante estos acontecimientos, Timothy decide salir de Londres y buscar cobijo entre sus familiares, antes de hacer el viaje en que tendrá que comprometer al juez. En su periplo, acaba en casa de un tío, que lo recibe como quien recibe un castigo divino (Timothy es un gorrón y maleducado), y tras fumar tabaco de pipa impregnado en una especie de alucinógeno, acaba en la cama de la mujer del comisario de Twixt and Tween, Sir Arnold Gonders, que aparte de ser un integrista religioso, se dedica a establecer relaciones con la flor y nata de la alta sociedad, de las finanzas y de los bajos fondos, para poder tener controlada a toda la gente de su jurisdicción. La reacción del comisario no es otra que evitar el escándalo y quitarse de encima a Timothy, que llegó drogado y desnudo hasta la cama conyugal de Sir Arnold. Este decide deshacerse de Timothy colocándole en casa de Marion Fem, la administradora de unas propiedades, de carácter monstruoso, fruto del delirio de un antepasado, que tras hacer fortuna en África, vuelve y decide construir una mansión siguiendo sus particulares gustos arquitectónicos y artísticos. La administración de la herencia lleva un gravamen difícil de soportar, tener que dar acogida en la Torre Fem, que es el edificio singular, a todos los descendientes Fem, que no deja de ser un rebaño de gente maleducada, acostumbrada a ser servida y a tratar despectivamente a la servidumbre.
La novela es un compendio de disparates, hechos surrealistas, exageraciones, de personajes irreales que representan todo aquello que a Sharpe le parece intolerable en un sociedad moderna y, se supone, democrática. Pero no, es una sociedad anclada en un pasado reciente, lleno de pompa, lujo, protocolo, en el que se establece un sistema de castas en el que se ponen el máximo de obstáculos para que accedan extraños desde niveles diferentes. Y esto solo se consigue como se ha conseguido siempre, con dinero. 
Significativo es el diálogo entre Timothy niño y su padre sobre el dinero y que queda reflejado en una pregunta y una respuesta: "¿Pero como tendré dinero, yo?" a lo que le responde su padre "Tendrás dinero cuando te conviertas en un Nombre". El dinero se tiene por ser quien eres, no por tu trabajo.
No es una novela redonda, le falla el argumento, es un vodevil, un novela de enredos, en la que todo el mundo quiere salvar su culo a costa de lo que sea. No hay ritmo, ni un hilo conductor coherente, pero todo eso se sobrelleva con los torpedos de humor que lanza constantemente Sharpe. Sobre todo en lo relativo a los sobreentendidos y malentendidos. El culmen del absurdo es el asalto a la Torre Fem por parte de la policía, pensando que se está celebrando una orgía con menores.
Que no sea una novela redonda, no quiere decir que no sea una novela que sirva para algo más que para reírte un rato, te da pinceladas sobre unas formas de vivir que dan mucho que pensar y de cómo hemos llegado al mundo actual.

jueves, 16 de febrero de 2017

Expo 58

De nuevo una novela de Jonathan Coe en mis manos, de nuevo una lectura que no decepciona. Creo que Coe es un escritor sólido, con una idea clara de lo que quiere conseguir con sus libros y cual es la manera de hacerlo.
No voy a decir que es un genio literario único en el mundo, pero atesora una calidad y unas cualidades que hacen de él un escritor a tener en cuenta.


Coe tiene la habilidad de hacer una buena novela con temas de lo más anodinos y menos originales (o no) como puede ser la participación de Gran Bretaña en la Exposición Universal del Bruselas de 1958, de la cuál, el Atomium es su edificio emblemático.
Thomas Foley, un anodino funcionario británico, con cierto parecido (según quien lo mire) entre Gary Cooper y Dirk Bogarde, se encuentra con la misión de supervisar el pub británico de la Expo 58, que se haya dentro del pabellón británico. Las aptitudes para desempeñar esta función, según palabras de sus superiores, son: el hecho que su padre hubiese sido propietario de un pub y que su madre había nacido en Bélgica, aunque tuvo que huir a los 10 años, a causa de la invasión alemana durante la Primera Guerra Mundial. Esto es una muestra del sinsentido que representa toda la participación británica en dicho acontecimiento, bueno, es el enfoque que le da Coe, para poder poner ese tono irónico y sarcástico que tan característico es de su obra.
Foley es un funcionario que se acaba de casar, pero que no está convencido de su decisión, y el viaje es una oportunidad para huir de su rutinaria vida.
Antes de la partida, es investigado, interrogado por el servicio secreto británico, por dos personajes que Coe caricaturiza, estereotipando su imagen (gabardinas, sombreros, poses, conversaciones plagadas de sobreentendidos y medias frases...).
Una vez llega a Bruselas es recibido por una azafata y entre ambos se establece un embelesamiento mutuo. En ese momento, las dudas sobre su vida actual se acrecientan, pero su sentido de la responsabilidad va más allá y está por encima de esos sentimientos que ha aflorado tan repentinamente.
Al final, el pub parece ser el centro de la Expo, es un lugar de un éxito inusitado, a pesar de un encargado aficionado a los destilados y a la falta de personal. Es en este entorno donde se reúnen los protagonistas de la trama: el propio Foley, la azafata belga, una actriz americana que se dedica a hacer exhibiciones de productos del hogar, el compañero de apartamento de Foley en Bruselas y un delegado cultural ruso.
En paralelo al día a día de la Expo, Coe teje una trama de espionaje, en la que Foley se ve envuelto sin comerlo ni beberlo, que le sobrepasa y a la que, ciertamente, no le encuentra ningún sentido. Entre muchas de las cosas que le suceden, está un cómico "rapto" por parte de los servicios secretos británicos, para llevarlos a un casa que es la base del espionaje norteamericano para tener bajo control a todo el personal de los países del Telón de Acero que participaron en dicha Expo. Coe ridiculiza tanto a los agentes encargados de llevarse a Foley como a su método, todo muy típico y tópico, tan manido como salido de una película de espionaje de los años 50.
Es una novela de enredo, donde abundan sobreentendidos y malentendidos, donde nada es lo que parece, muy del estilo de las películas de espías de esa época. Como muestra es el viaje que realiza Foley, pasada media Expo, para ver a su mujer y su hija. La noche que pasa con su mujer no puede conciliar el sueño, ya que encuentra una almohadilla para los callos en el fondo de la cama, como las que usa su vecino, vecino que mientras ha estado ausente y que ha estado muy atento con su mujer, como esta da a entender en la correspondencia que mantienen. Para Foley se convierte en la evidencia de su engaño y lo que hace que se replantee, más seriamente su vida al volver al Bruselas.
Es un libro sobre la incomunicación en una época de avances tecnológicos, no a la altura de nuestra época, pero ese es el entorno, el de la Expo, como avanzadilla del progreso. Es un libro sobre lo absurdo de la burocracia, de la elección de los candidatos, no por su verdadera valía, sino por una supuesta. Sobre la desconfianza y la hipocresía, ya que todos los participantes llevan a sus controladores, ya sean para las tareas menores como para los temas de seguridad nacional. Es hipocresía, por que todo se envuelve en ese falso efectismo que es la cooperación de los pueblos, la paz y el progreso de la humanidad, cuando es todo lo contrario y las debilidades humanas hacen sucumbir a todos los protagonistas.
Coe no utiliza un lenguaje complicado, ni complejo, ni recargado, es una lenguaje sencillo, accesible, concreto y conciso y con un gran trabajo de documentación, más del necesario para no caer en incongruencias e imposibles.


El mérito de Coe, como ya he comentado, es conseguir que un personaje anodino y un tema sin atractivo acaben tomando cuerpo y constituyendo una agradable, divertida e irónica novela en la que plasma algunos de los absurdos de nuestro día a día.

domingo, 5 de febrero de 2017

Sinfonía napoleónica. Una novela en cuatro movimientos.

Después de disfrutar con Vacilación de Anthony Burgess, me he andentrado en otra de sus novelas, Sinfonía napoleónica. La experiencia ha sido, como menos, singular. Nada que ver con la mencionada, ni por la temática, ni por el estilo. Si Vacilación es una novela satírica sobre el mundo del espionaje, en esta ocasión nos encontramos con la vida de Napoleón, desde su propio punto de vista y desde el de aquellos que le rodean, ya sean subordinados, familia, sus enemigos o su mujer.



El libro es tan interesante como confuso. Creo que la manera de narrar la vida de Napoleón, desde la perspectiva de su día a día, de la intrahistoria personal de los grandes acontecimientos históricos de los que es protagonista: mezcla las campañas italiana y egipcia con su relación con Josefina, cómo la echa de menos, su amor incondicional y fetichista, cómo ésta les es infiel, que esta infidelidad es la comidilla de toda Europa, hasta que llega a sus oídos. Nos encontramos con una familia que se rebela contra Napoleón mientras este pasa de primer cónsul a Emperador, una rebelión ocasionada por la ausencia de un heredero legítimo y directo de Napoleón. Como para él supone una carga, mayor si cabe, que la que tiene que soportar como faro, vigía y protector de la Revolución, la República y sus principios y libertades.

Más adelante nos hallamos con el Napoleón vencedor de otra coalición más de las monarquías retrógradas, en sus campañas por Centroeuropa, donde es víctima de un atentado, del que sale ileso. La conversación que tiene con el terrorista es muy interesante y de una actualidad brutal. Napoleón se presenta como liberador del pueblo del yugo de los monarcas absolutistas, aunque para ello acabe actuando como un monarca absolutista, imponiendo esa nueva libertad, ese espíritu republicano a los pueblos que libera. Mientras que su interlocutor, defiende que la idea de pueblo, nación, de volk está por encima de cualquier idea de libertad, por muy liberadora que sea si viene impuesta y no como una decisión del pueblo. Lo ejemplifica con el caso de España, que antes que la libertad es capaz de derramar toda la sangre del pueblo por su devoción y sumisión a la religión.

Luego está Rusia, la campaña rusa, con sus precedentes y toda la retirada, narrada principalmente por un zapador, que nos muestra toda la crudeza, la irresponsabilidad, la locura a la que dio resultado. Todo esto contrasta con el encuentro, en medio de un río en una barcaza, entre Bonaparte y el zar Alejandro I, que se declara admirador del emperador, que sabedor de esto, despliega su carisma y verborrea para conseguir el acuerdo que le permita tener protegida la retaguardia continental y continuar su lucha contra Inglaterra.

La narración acaba con su vuelta a París desde Rusia, su derrota en Leipzig y sus últimos días en la isla de Santa Elena, donde recuerda su momento más importante, mientas está a punto de morir, la victoria en Austerlitz. Aquí nos muestra su vida como prisionero, en una prisión cuyos muros son de agua, es el océano Atlántico, es el mar, el mar que siempre fue para él un lugar inhóspito, desconocido, hostil, a pesar de ser originario de una isla.

El libro es difícil de leer, no es una lectura para el metro, como lo he leído y ha sido un gran error. Se necesita un gran esfuerzo de concentración, o por lo menos a mí me lo ha parecido, sobre todo por la constante ida y venida de personaje, cambios de escenarios, pasar de los diálogos a los pensamientos, al tiempo que el lenguaje es de gran complejidad, sobre todo por un uso importante, casí un abuso diría, de adjetivos cada vez que los personajes inician una descripción o en un diálogo donde se exponen las grandes tribulaciones políticas del momento.

El trabajo de documentación es magnífico, todos los personajes, todos los hechos, todos los lugares se corresponden con la historia. El análisis que hace indirecto de lo que fue aquella época, de lo que suponía Napoleón como revolucionario en ese tiempo, es brillante y que, a pesar de estar escrito en los años 70 del siglo XX, parece de una actualidad increíble, es una análisis de una brillantez total, ya que durante las conversaciones que mantiene Napoleón con diferentes interlocutores, va mostrando lo que será la historia europea a partir de ese momento: el auge de los nacionalismos del XIX, el papel del nuevo Imperio Alemán y como acaba todo en las guerras mundiales, la idea de una Europa unida como objetivo, que será saboteado por aquellos que son cortos de miras.

Lo original del libro es explicar la historia sin pretenderlo, fantasear sobre cómo podría ser el día a día de uno de los personajes más importantes de la historia.

miércoles, 11 de enero de 2017

Tiempos de hielo

Volviendo al redil de la singular escritora que es Fred Vargas, me he encontrado con esta joya que es Tiempos de hielo. Nos volvemos a reencontrar con el duo Adamsberg-Danglard, acompañado por la última incorporación relevante al elenco que compone la brigada al mando del singular comisario pirenaico.


En esta ocasión, todo comienza con el aparente suicidio de una anciana, ocurrido tras el intento de ésta de llevar una carta al buzón.
La carta que va dirigida a un acaudalado propietario que es hallado muerto en su casa, con signos de suicidio, pero que, al igual que en el caso de la anciana, el hallazgo de una señal en ambos escenarios, hace que se dude del suicidio como causa de las muertes.
A parte del suicidio, hay dos aspectos coincidentes entre los dos personajes: un viaje a Islandia, que acabó en tragedia, puesto que dos de los miembros de la expedición murieron de forma violenta; y la asistencia a unas recreaciones de las sesiones de la Asamblea Nacional durante el período revolucionario.
La aparición de dos supuestos suicidios más, ambos asistentes a las recreaciones revolucionarias, hace que Adamsberg y su brigada dirija sus pesquisas hacia los asistentes a tales funciones, lo que complica la investigación, ya por el número de asistentes, unos 700, que pueden ser tanto víctimas como verdugos. En el horizonte, Adamsberg y Danglard tienen a la figura de quien interpreta a Robespierre como el objetivo final del asesino.
Entre las dos historias, la de Islandia y la de la Asamblea, se va tejiendo todo un entramado, en el que se embarulla toda la investigación, que lleva de un callejón sin salida a otro igual de inescrutable. A parte, se funden las historias personales de la familia de uno de los asesinados, Masfauré, en la que el viaje a Islandia y el posterior asesinato del patriarca, revelan hechos insólitos y desconocidos para el hijo de Masfauré.
Asímismo, se desarrolla toda una teoría sobre el posible parentesco directo entre Robespierre y la persona que lo interpreta.
Obviamente, Vargas acaba desenredando el ovillo que crea durante toda la novela, quizás de una manera bastante ligera y un poco precipitada, pero es algo, a mi parecer, accesorio, poco importante.
Creo que lo importante es ver como se van descubriendo las verdades que han sido cubiertas bajo una maraña de mentiras, urdidas en un tiempo pasado y en un tiempo presente. 
Intuyo que el periodo revolucionario, sobre todo en el que Robespierre es protagonista, debe ser un tema recurrente, como lo puede ser la Guerra Civil en la literatura y , sobre todo, en el cine español. La fascinación que destila su narración cuando nos narra las recreaciones, cómo estas atrapan a los policías que asisten a ellas, hasta creerse protagonista de aquellas en el momento exacto en el que se produjeron, es algo que te atrapa, que hace que crezca la curiosidad sobre todos aquellos personajes que acabaron de la misma manera, bajo la justicia irreparable de la guillotina.
Lo realmente singular del libro es el paralelismo entre el desarrollo de la investigación, las decisiones de Adamsberg y el efecto que comportan sobre su brigada, como si fuese la misma Asamblea ante los discursos de Robespierre y su aplicación directa. Hay un momento en el que la disposición de los policías en una de las reuniones se asemeja a la distribución de los asistentes a la Asamblea Nacional en aquellos convulsos años de la Revolución Francesa: la Montaña, la Llanura, los moderados, los girondinos...
Las dificultades de la investigación llevan a un enfrentamiento entre Adamsberg y Danglard, como los que se daban en la Asamblea. Un enfrentamiento entre la razón y la intuición, en el que se debate si se ha de aplicar a rajatabla el reglamento por encima de la amistad, con las consecuencias que esto pueda producir. Este es otro paralelismo con Robespierre y su forma de actual, la razón imponiéndose a lo demás, por mi alto y costoso que fuese el precio a pagar, sacrificando a quién fuese, por muy querido que fuese, por el bien de la Revolución, de la rectitud y de la justicia.
Novelas de este tipo son las que hacen que te pique el gusanillo de informarte y de leer sobre temas e historias que tienes aparcadas, medio olvidadas y que parecen tediosas, pero que una vez cierras la contraportada hacen, que aunque sea vía wikipedia, acabes buscando sobre los personajes históricos que en ella aparecen.
Vargas no se mueve ni un milímetro de su estilo y su forma de escribir, sin grandes artificios ni sofisticación y siempre añadiendo pinceladas anecdóticas, como es todo lo relacionado con Islandia, como es la adopción por Adamsberg de la palabra tölva cuando habla de un ordenador personal.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

lunes, 19 de diciembre de 2016

El perro canelo

Esta vez sí, esta vez la novela de Simenon es de Maigret.
Es una breve novela, apenas 140 páginas, sobre un caso que acontece en un pueblo de la costa bretona, en el que se ve involucrada la crema y la nata de la sociedad del pueblo en cuestión.


A la salida del único bar que permanece abierto durante el otoño e invierno en el pueblo de Concarneau, uno de sus cliente habituales recibe un disparo a bocajarro que casi acaba con la vida del mismo. Este hecho es el responsable de que el comisario Maigret se dirija desde París hasta el lugar para intentar encontrar al responsable del disparo casi fatal.
A partir de ese momento se van sucediendo, de manera inusitadamente veloz, una serie de actos delictivos que afectan a un selecto grupo de clientes de dicho bar: un médico, un periodista, un rentista y un industrial, la víctima del disparo.
Maigret es espectador del resto de incidentes, ya que se encuentra en la población desde el día siguiente del incidente inicial. Maigret no deduce, no especula, solo va acumulando información sobre los hechos que acontecen y formándose una idea de la situación.
Junto a Maigret y su ayudante, el grupo del bar, también tenemos como personajes relevantes a la camarera del bar, un vagabundo, el alcalde y el perro que da título a la novela.
Como es lógico, Maigret acaba atrapando al culpable y exponiendo, al final de la novela, como se han desarrollado los hechos y como ha llegado a la conclusión de quién ha sido el culpable de los delitos que se han producido.
No deja de ser una novela negra bastante típica, de las clásicas, es de 1931, pero con ese toque europeo, en el que la sociedad es diferente de la que se relata en los clásicos norteamericanos.
Pero lo interesante no es el caso y su resolución, es el cuadro que nos muestra de la sociedad de un pequeño pueblo costero, de sus habitantes y sus costumbres en una época determinada.
Simenon nos detalla la estructura social de la época, con las fuerzas vivas de la sociedad representadas por el alcalde y el grupo de jugadores del bar, con el resto de la población, gente trabajadora y temerosa, como se puede deducir de la reacción de desconfianza y miedo ante lo que está ocurriendo, sobre todo cuando la prensa se dedica a amplificar el temor y la desconfianza desde esos altavoces que eran los titulares de diarios en esa época.
También hay una pequeña historia de redención y superación, de gente humilde que intenta sacar la cabeza en una sociedad en la que cada uno ha de ocupar su lugar, que es asfixiada por los bancos y el inmovilismo social, que llega a tocar fondo, pero que al final es absuelta por la justicia que no dictan los tribunales.
Es curioso el trato que le da a la figura del alcalde y la prensa. El primero aparece como el valedor y custodio de la formalidad, la paz social y el orden, en la que hay que imponer la calma, aunque sea injustamente y con una cabeza de turco. Lo muestra como un personaje que representa al poder y que se ve sometido a las posible presiones que vengan de instancias superiores a instancias de relaciones de amistad y favores debidos.
Respecto a la prensa, Simenon parece que critica el aspecto sensacionalista de la misma, desde los titulares que se publican, hasta las crónicas que se dictan por teléfono desde el bar del pueblo y de las que el propio Maigret es espectador, y las actitudes de redactores y fotógrafos ante las novedades que ocurren y los nuevos personajes que aparecen.
Es de un lenguaje sencillo, correcto, sin adornos ni artificios, sin excesos descriptivos pero muy concreto y efectivo, ya que hace que la historia vaya fluyendo con un ritmo adecuado y constante. En definitiva, una buena lectura, sencilla y estimulante.

martes, 13 de diciembre de 2016

Zumbidos en la cabeza

Llego a este libro por azar, como siempre que voy a la biblioteca sin tener nada en mente.
El interés fue el bucear por una literatura ajena  y distante como la eslovena/yugoslava, en la que ya había hecho alguna inmersión con Ivica Djikic.
Zumbidos en la cabeza
Nos encontramos en una prisión eslovena, en la que a un recluso le es encomendada la tarea de poner en escrito las memorias de Keber, el cabecilla de un motín en una prisión en 1975, dictadas por el mismo.
El relato no deja de ser la biografía de Keber hasta el momento del motín de la prisión de Livada, no explica cómo llega a Eslovenia tras la II Guerra Mundial, entonces como parte de Yugoslavia, cómo esperan llegar al paraíso proletario, materializado en la construcción de unos altos hornos, símbolo de trabajo, prosperidad y progreso. Pero como todo eso acaba truncándose.
Nos explica su vida como marino, militar y mercenario, mediante pinceladas; su vida personal, con sus mujeres y, como parte central del relato, los acontecimientos que se dieron durante los días que transcurrieron desde un arrebato de Keber hasta el motín y control de la prisión y su posterior rendición.
Keber tiene una particularidad, le resulta insoportable el ruido que provoca metal contra metal, es algo que se le incrusta en el cerebro y que le provoca reacciones violentas, como la que resulta el detonante de todo.
Keber relata sus recuerdos sobre el motín en comparación con la sublevación de Judea contra los romanos y la caída de Masada, es un paralelismo constante, en el que se asocian lugares, personajes y acontecimientos, como si la historia se repitiese.
Jancar utiliza la cárcel como metáfora de lo que son los movimientos revolucionarios y los regímenes autoritarios y totalitarios, en los que todo el mundo está encerrado salvo aquellos que tienen privilegios, ya sea por que ostentan el poder, ya sea por ser los que, siendo presos, se cobijan a la sombra del poder.
Usa la prisión para explicar que ese momento de ira descontrolada que es el inicio del motín, que estalla por un asunto nimio, pero que tiene un trasfondo que es el día a día en el penal y la arbitrariedad del que ejerce el poder, aunque no lo detente, de la maquinaria represiva; y como, una vez se descontrola todo, hay que buscar una manera de poner orden: buscar a alguien que sepa hablar, negociar y tenga las cosas claras (Mrak); imponer orden dentro del caos y establecer un nuevo poder que organice y controle todo. Vamos volver a la situación inicial, pero con otros personajes al mando.
Al final, la prisión se convierte en el reflejo del estado en un espacio rodeado por aquellos contra los que se rebela, pero a los que imita para poder sobrevivir un día más. Y es un reflejo en todos los aspectos, ya sean de imitación de la organización como en las intimidades, sentimientos y debilidades humanas.
En la prisión controlada por los reclusos se citan todas las miserias del hombre: arbitrariedad, violencia, borracheras, saqueos, violaciones, torturas, chivatazos, desconfianza, desidia... todo resultado del miedo y de la ignorancia de saber cuanto más durará esto.
A pesar de tratar la cuestión del poder y de su uso arbitrario, ya sea dentro de una organización política o dentro de una situación excepcional, creo que al libro le falta algo, sobre todo en lo narrativo, se hace disperso, falto de ritmo, no sé hasta que punto era necesario el paralelismo con Masada, creo que no le aporta nada. 
Lo que sí que resulta interesante y no lo trata especialmente, es el éxodo de post-guerra, el cual es muy simbólico: se marchan de Francia en tren, dentro de un vagón de ganado y pasan su primera noche en una prisión sin cerrojos en las celdas, a falta de viviendas. Creo que eso hubiese sido mucho más interesante, ver como evolucionan los sueños perdidos del padre de Keber, pero quizás eso es otra novela.