viernes, 2 de febrero de 2018

El gran salto

Pues llegaron los Reyes, que son los padres, la parienta, tu primo, tus hermanos, el jefe o compañero o tu tarjeta de crédito (digo esto por que no lo va leer ningún niño, bueno ni ningún adulto) y dejaron esto bajo mi ventana, El gran salto de Jonathan Lee. Coges la contra, te miras la reseña y te marcas unas expectativas, crees que la novela tomará un camino. Gracias, Jonathan por destrozarlas.


La novela discurre en dos lugares y dos momentos: Belfast y Brigthon. En 1979-80 y 1984. Los protagonistas indiscutibles son Dan, un joven norilandés católico que milita en el IRA; Moose, el subdirector del Grand Hotel de Brighton y Freya, la joven hija de éste que está en el tránsito de la adolescencia a la edad adulta.
Con estos mimbres nos encontramos, en un primer momento, con Dan y su voluntad de ingresar en el IRA, como la manera de reaccionar ante la vida habitual de los católicos en la Irlanda del Norte de los 70 y principios de los 80, cuándo más se recrudece el enfrentamiento entre republicanos y lealistas y la propia metrópolis. Dadas sus habilidades, Dan compagina su vida de electricista y manitas con la de artificiero del IRA, y tras algunos trabajos, se le encarga formar parte del grupo que quiere acabar con la vida de Thatcher, durante la convención tory de 1984 en Brighton.
Por otra parte tenemos a Moose, subdirector del Grand Hotel, lugar donde los torys celebrarán la convención de 1984. Convención en la que pone todas sus energías y esperanzas para poder dar un paso definitivo en su carrera profesional, conseguir ser director del Grand Hotal y conseguir un retiro dorado en algún otro hotel fuera del Reino Unido.
Y, por fin, está Freya, la hija de Moose que está acabando el instituto y que no tiene nada claro que hacer con su vida, que duda, constantemente de tomar el camino de la universidad.
A pesar de la notoriedad del hecho real, el atentado contra Thatcher en 1984, Lee lo utiliza como el escenario en el que desarrollar la vida, las vivencias, los anhelos y frustraciones de estos tres personajes; lo utiliza para describir la situación del Reino Unido durante aquellos años. Aunque apenas aparece, Lee consigue que Thatcher esté presente, para los tres personajes, como objetivo, para Dan; como billete para su futuro, para Moose; y, como frustación, para Freya.
Lee prescinde de los detalles de la preparación del atentado, de los detalles de la ejecución del mismo, para mostrarnos las vidas corrientes de estos tres personajes, que no tienen nada que ver, pero que se acaban relacionando. El atentado, sabiendo cual será el final, marca el ritmo de narración, dotándolo de una tensión constante, que hace que el interés por saber cual será el destino de los protagonistas, refuerce la narración, siempre teniendo presente que el atentado es totalmente anecdótico para el escritor, que su interés se centra en la vida normal de los protagonistas.
Creo que es una novela sobre frustraciones, en todos los protagonistas, las expectativas quedan marcadas por el atentado, directa, en el caso de Dan, o indirectamente, en el resto de protagonistas.
Respecto al tratamiento del personaje de Dan, Lee podría haber sido más políticamente correcto, haber sacado las aristas duras del personaje y tratarlo como un vulgar criminal, pero en lugar de eso, describe el mundo en el que vive, él y los católicos de Belfast, como los acontecimientos hacen que la única vía de lucha sea intentar entrar en el IRA para hacer algo, para, por lo menos, intentar responder al acoso en el que viven. Pero es consciente de que la voluntad de hacer algo tiene un precio, es un precio que arrastra en su conciencia, sobre todo, al ver que el objetivo de su plan no se cumple. Las dudas morales de Dan se desarrollan durante toda la novela. Cuando tiene que ejecutar un plan, siempre quiere que no haya víctimas civiles, cuando pide ayuda para que le libren del acoso de algún policía, por golpear a su madre, esa duda sobre si la actuación es correcta, le sigue minando.
Moose es el ejemplo de la frustración tras dejarte la vida en un sueño y generarte una expectativas que se verán frustradas en un instante. Su obsesión con el hotel hace que su relación con su hija se enfríe. Su obsesión por que su hija vaya a la universidad, es otro ladrillo a cargar en la mochila de la relación paterno-filial. Y todo explota en dos momentos: cuándo sufre un ataque al corazón, que le supone alejarse del hotel y la convención y sufrir por su sueño; y, cuándo comenzada la convención, justo antes de recibir a Thatcher, uno de los miembros del séquito de la Dama de Hierro, le comunica que el nombre del futuro director, que no será él. Esta frustración es el final de una vida de reveses: de posible estrella deportiva local, al anonimato; de tener una atractiva esposa a ser abandonado por alguien llamado Bob; de estar enamorado de una compañera de trabajo a perder toda esperanza por boca de ella misma.
La frustración en Freya es llegar a la edad adulta. Querer tener novio, pero no saber lo que quiere y si lo quiere con quien está; el verse presionada por ir a la universidad; la falta de compromiso social que le reprocha una amiga; el cómo encajar con el resto.
Creo que lo realmente original de la novela es dejar el atentado en una mera anécdota dentro de las vidas de estas personas, a las cuales acaba marcando profundamente. Las vidas y vivencias de este trío desborda al hecho, consigue plasmar el ambiente en el que estas personas viven su día a día, deja patente que son personas normales, con vidas corrientes y problemas que hay que ir resolviendo sin más.
No sé si tiene esa intención, pero creo que quiere poner en valor la vida de aquellos que sufren el atentado, directa o indirectamente, pero que son los olvidados, que nadie les pregunta ni les consulta, que solo importan para tener un rédito político y que su día a día no cuenta, solo cuentan como un número que arrojar a la cara del alguien.

viernes, 12 de enero de 2018

Perros salvajes

Cuando vas a elegir un libro con prisa, rápidamente, no te para a pensar en exceso, va a los nombres que se te pasan por la cabeza a la primera, "tus clásicos", que nada tienen que ver, habitualmente, con los que se definen como clásicos de la literatura universal. Rankin y su inspector Rebus es uno de estos "clásicos".


En esta ocasión Rankin nos explica dos historias que acaban convergiendo en Rebus. Un Rebus que ya está jubilado, pero al cual, los acontecimientos acaban convirtiendo en la fuerza motriz sobre la que se desarrollan.
Por un lado, está el asesinato de un importante político y jurista escocés y por otro, una operación de seguimiento de un gangster de Glasgow, que está de gira por toda Escocia y está, en esos momentos, en Edimburgo. La implicación de Rebus se materializa cuando su viejo rival, el gangster local Cafferty, es atacado pero no admite la situación, y la antigua colaboradora de Rebus, Siobhan Clarke le pide a este que intente hablar con Cafferty para que le explique la versión real de los hechos. Ambas tramas van cruzando personajes constantemente, ya que hay quien cree que el gangster del Glasgow está implicado en el ataque a Cafferty.
Rankin lleva a Rebus de arriba a abajo, de un lado a otro para intentar averiguar quién asesinó al político y si es el mismo que atacó a Cafferty. Intenta buscar el nexo, que aparentemente no existe, que lleve a una misma persona a atacar a dos personajes tan opuestos. Durante la investigación, Rebus y Clarke consiguen relacionar un segundo asesinato, de un ganador de la lotería, con el primero. Pero no es hasta que Cafferty le realiza una confesión a Rebus, que se consigue establecer la conexión real.
Seguir explicando detalles es reventar el libro, que por mucho que le hayan dado el premio RBA de novela negra, pues no es de lo mejor de Rankin. 
La trama del equipo de seguimiento de Joe Starks, el gangster de Glasgow, que va a la búsqueda de algo que le robó un transportista, nos lleva hacia el control de territorios, a la sucesión generacional, cómo la delincuencia evoluciona, en el fondo y en la forma, pero con el mismo objetivo, controlar todo aquello que da dinero y que la ley  lo persigue. Aquí se trata de los infiltrados, de hasta donde dejar actuar antes de intervenir, del peligro de pasarse al otro lado... En esta trama, es importante Malcolm Fox, protagonista de otro libros de Rankin y que también aparece en otras entregas de Rebus.
La otra trama, la de los asesinatos y el ataque a Cafferty nos acaba llevando al encubrimiento de actitudes reprobables, repugnantes y vergonzosas, como son los abusos a menores y, lo que es más terrible, el uso de las instituciones públicas de acogida de menores usados como parques recreativos de depredadores sexuales que son la flor y nata de la sociedad: políticos, magistrados, policías, burgueses... personajes que gozan de una respetabilidad y, sobre todo, de contactos para poder satisfacer sus apetitos y bajos instintos.
En esta novela, la familia tiene un papel muy presente: el padre de Malcolm se encuentra en las últimas, lo que provoca en él una serie de sentimientos encontrados y un cierto tour de force con su hermana. Igualmente, Joe Starks, que lleva a su hijo en su viaje, acaba con el shock del asesinato de su hijo, sobre el que tenía ciertos reparos por su ambición y un recuerdo sobre la madre de éste, fallecida tiempo atrás y a la que añora. Incluso Rebus, tiene un ataque de "familismo". En una de sus búsquedas acaba viajando a la zona de Escocia donde viven su hija y su nieta, a las que visita y que tiene un pequeño rincón en sus pensamientos y corazón. Y, sobre todo, la relación familiar que se establece entre uno de los adolescentes víctimas de los abusos y su hijo, y el porqué de su comportamiento.
Creo que la novela es justita, no está al nivel de las primeras, Rebus ya no es el personaje que se nos presentaba hace más de una década. Creo que está poco explotada esta versión jubilada, podría ser mucho más agrio, más cínico, con una mirada mucho más crítica de todo, sobre todo desde el punto de vista de la experiencia y del tiempo pasado, esa mirada que te da el paso del tiempo, esa perspectiva que abarca un campo de visión de largo recorrido. Da la sensación de encargo, de personaje agotado, de intentar seguir dándole vida, por no saber como matarlo. Igual no hace falta, solo hay que dejar que, como todo lo viejo, acabe en el baúl de los recuerdos, hasta que alguien recupere su recuerdo, o no.

martes, 19 de diciembre de 2017

La finestra alta

Súbita incursión a la biblioteca, sin saber que elegir e ir a lo fácil, un clásico de la novela negra, Raymond Chandler, y un título que no había leído, La finestra alta (The high window) y para adelante.
Novela donde el protagonista es el inefable Philip Marlowe y el escenario la ciudad de Los Ángeles.


La novela nos dibuja el típico lienzo de los bajos fondos que, ¡oh, sorpresa!, siempre acaba mezclado con gente bien y con posibles.
En esta ocasión, Marlowe es contratado para que encuentre una moneda de coleccionista y a la mujer, actriz de variedades, del hijo de una adinerada viuda, de la que sospecha como sustrayente de dicha moneda.
A partir de aquí la trama se va desarrollando, llevando a Marlowe a través de los escenarios típicos de los otros barrios que rodean la meca del cine. Trata con todo tipo de personajes: actores retirados, actrices de cabaret y variedades, coleccionistas y compradores de monedas, hampones de medio pelo (italianos, como no podía ser de otra manera), chantajistas, borrachos, ascensoristas, secretarias... un variopinto reparto de personas que viven haciendo equilibrios en la fina línea roja que separa lo legal de lo menos legal y, que cuando tropiezas, te lleva hasta el crimen.
Durante la investigación, tropieza con más de un cadáver, que lo es ajeno a su voluntad, y que complica las investigaciones de Marlowe pero que a su vez, aclara el horizonte de lo que realmente esconde todo el encargo.
Como siempre, Marlowe acaba encontrando el hilo que necesita para esclarecer todo lo turbio que rodea a su encargo y, como siempre, las verdaderas razones que el cliente quiere ocultar tras un simple trabajo.
Lo que me gusta de este tipo de novelas es que nos desnuda unos hábitos que se cree que son más modernos, básicamente, el consumo de drogas. La tan endiosada cocaína de lo 70-80 ya corría, quizás no tan abundantemente, durante la primera mitad del siglo XX por los bajos fondos o los lugares de ocio de aquellas sociedades.
Es a su vez, un reflejo de los modos sociales, de los hábitos de relación, de como se asume como algo normal, partirle la cara a tu mujer durante una discusión. De como el rol de sumisión de la mujer, ya sea como pareja o mujer, ya sea como empleada, se vea como algo normal, incluso, como una cualidad destacable. 
Como siempre, está presente el tan recurrente guardar las formas, que aunque seas lo más lamentable o deleznable de la familia, por lo menos que no lo parezca, que cualquier rumor que corra, sea fácil de desmontar.
Creo que es lo que más me interesa de este tipo de novelas en general, el dar luz sobre todos aquellos oscuros rincones del alma y de la sociedad, desnudar las vergüenzas de la humanidad tomando como excusa la lucha del bien y la justicia contra el mal y el crimen. 
Chandler supera a muchos escritores actuales (lo cuál no es difícil) en que el método no es lo más importante, sirve para intentar dar coherencia al relato y no aparezcan lagunas por todos los lados, lo importante es mirar hacia donde muchos otros deciden dejar de mirar y, menos todavía, explicarlo de manera más o menos directa. Ese es el acierto de muchos de los clásicos del género, que ven y no callan.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Tres días y una vida

¿Puede tu vida cambiar por un arrebato sobre alguien inocente, por algo hecho por una tercera persona? La respuesta está en esta novela de Pierre Lemaitre. Bueno, no sé si es la respuesta, pero es una respuesta.
La ira, esa fuerza motriz de los más atávicos, primitivos e irracionales sentimientos que se materializa es un instante y que cambia la vida de las personas de manera determinante.

El libro está dividido en tres momentos: 1999, 2011 y 2015, y son períodos muy cortos de tiempo, no es un relato continuo en el tiempo.
Antoine, el protagonista de la novela, un adolescente de 12 años, que se encuentra atrapado en un pequeño pueblo, en el que todo está tan compartimentado y en el que todo el mundo tiene su lugar, sin apenas oportunidades, salvo que huyas, en un arrebato, en un ataque de ira, ataca al Rémi y lo acaba matando. Antoine ataca a Rémi por que el padre de Rémi ha disparado y matado a su perro, del cuál Antoine estaba muy encariñado.
Al comprobar que Rémi está muerto, y tras darle muchas vuelta, tira el cuerpo a un agujero en medio de un bosque abandonado. A partir de ese momento, los siguientes días de Antoine se convierten en toda una pesadilla, siempre bajo tensión, esperando el momento en el que la policía entre en casa a detenerle. Observa como todo transcurre a su alrededor. Como reacciona la familia de la víctima, los vecinos, como se organiza el pueblo para las batidas, para intentar encontrar a Rémi, que para los demás solo está desaparecido. Al final, una gran tempestad, que provoca estragos en la población, hace que la búsqueda quede en segundo plano y Antoine se cree libre de toda culpabilidad.
La acción se retoma 12 años después, cuando Antoine, estudiante de medicina, vuelve al pueblo a ver a su madre. Una noche, de las pocas que pasa en Beauval, en una fiesta de cumpleaños del propietario de la tienda del pueblo, coincide con Émilie, el amor platónico de adolescente.  Tras una breve conversación, Antoine se marcha y, de camino a casa de su madre, se encuentra de nuevo con ella, que acaba en un encuentro sexual desaforado, como una revancha al pasado. 
Al cabo de las semanas, Émilie se planta en casa de Antoine, en Paris, para comunicarle que está embarazada, que él es el padre y que debe asumir su responsabilidad: casarse y reconocer al hijo. Antoine, lo rechaza de plano y le propone abortar, lo que supone una ofensa para ella, de profunda educación católica.
En esta visita, su madre le informa que, en el lugar donde ocultó el cadáver de Rémi, van a construir un parque de atracciones, lo que supone volver a la tensión que vivió aquellos días tras matar a Rémi.
Todo parace olvidado, hasta que a causa de un accidente, la madre de Antoine se queda en coma y tiene que volver a Beauval. En esos días, el padre de Émilie le presiona para que se responsabilice de su hija y de su futuro nieto. Antoine vuelve a negarse. Pero en esos días, con las obras de acondicionamiento del bosque y de construcción del parque, aparecen los resto de Rémi y se le practican las pruebas de ADN para confirmar su identidad, así como las de un cabello hallado en los restos y que no pertenecía al niño asesinado. 
Ante la negativa de Antoine, el padre de Émilie le amenaza con pedir pruebas de paternidad para obligarle a casarse, con llevarlo todo ante un juez. El miedo a no saber que pasará con los resultados de las pruebas, en qué base de datos quedarán los resultados y quién los podrá consultar, hace que Antoine acabe aceptando el matrimonio, como mal menor, lo que para él supone una cadena perpetua por el crimen que cometió tiempo atrás.
La última parte muestra la vida de Antoine en Beauval, como médico rural, con un matrimonio farsa, en el que Émilie es poco escrupulosa con la fidelidad y con un hijo al que le costó tomar cariño. En su consulta, recibe la visita del charcutero que empleaba a su madre, el cual le acaba confesando que tenía una relación con ella y, que el día de la desaparición de Rémi, ambos le vieron como huía corriendo desde el bosque donde hallaron los restos tiempo atrás.
Pocas veces hago una sinopsis tan larga, sobre todo de un libro de poco más de 200 páginas. Y, eso que dejo a muchos personajes y situaciones fuera. 
Haciendo la reflexión reposada de la lectura, esta tiene una profundidad tremenda y eso que mientras lo lees no lo parece, es un libro que va generando sustrato, que reposa en tu cerebro, cociéndose a fuego lento, para luego sacarle todo el sabor.
El libro se enmarca en un momento actual, es contemporáneo a nosotros, pero si le quitas cuatro objetos que determinan el momento actual, podría ser de cualquier época. La historia es atemporal.
Lemaitre nos muestra una sociedad rural, socialmente atrasada, a pesar de los toques de modernidad (el paso de jugar en el campo a jugar en casa con una Play Station), de valores rígidos, muy marcados por el qué dirán y las apariencias, con el peso omnipresente de la religión y las fiestas religiosas como el gran acto social, aunque el resto del año la iglesia presente un aspecto cada vez más despoblado. Cómo toda sociedad rural, nos muestra todos los tópicos de las relaciones sociales: clientelismo, sumisión, rencillas, odios atávicos, venganzas, traiciones, hipocresía...
Éste es el marco en el que se desarrolla la historia, luego está el tormento y la sangre fría de Antoine para manejar la situación. Lemaitre consigue que no se le tome como a un vil asesino, que todo el sentimiento de culpabilidad, el miedo a la cárcel y, sobre todo, la vergüenza que pueda provocar a su madre, compensen, en cierta manera, el arrebato asesino y la frialdad para decidir esconder el cuerpo y mentir sobre lo que hizo aquel día.
Ese tormento interior, junto con su papel secundario y faltas de perspectivas en Beauval, son los que le impelen a huir de allí y no querer volver. 
Antoine carga durante todo el relato con ese peso, lo que le provoca grandes angustias que acaban somatizándose en su vida, de una forma u otra: intenta fugarse en aquellos días de 1999, intenta suicidarse, su relación con su novia en París flaquea en términos sexuales, acaba dejándola para casarse con Émilie.
Creo que el relato es tiene su moraleja, como las fábulas, en la que al final el que la hace, la paga. La justicia no castiga a Antoine, pero sí la vida, y su condena es a perpetuidad, y en una prisión, que no es otra que el pueblo del que siempre quiso huir. Por otra parte, está la cuestión del honor de la familia, de cómo se llega hacer lo que sea para evitar la vergüenza, ya sea propia o de la descendencia, papel que ejemplifica la madre de Antoine.
Pd.: cuando empecé a escribir, tenía la sensación de no saber qué decir, pero al final ha sido de las entradas más largas. La vida y sus incongruencias.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

La gran teranyina

Que el dinero siempre busca al dinero y, de paso, el calor del poder, es por todos bien sabido. Y esto siempre se ha podido observar en dos secciones de la prensa escrita: las necrológicas de los diarios que llevan publicándose más de 100 años y en las páginas de Sociedad de las revistas del corazón, en las que se publicitaban enlaces de gente que no salía en el resto de páginas de cotilleos. Pues esto es La gran teranyina pero con un importante trabajo de investigación y buceo en información económica y en el Registro Mercantil.


Poco cabe añadir a la introducción de esta entrada. El autor intenta diseccionar las relaciones entre las familias que copan todos los puestos de poder económico y social, con su habitual reflejo en el poder político. 
Nos diseña una cierta endogamia que no tiene otro propósito que el de proteger y ampliar el patrimonio familiar, intentando evitar, durante el máximo de tiempo posible, la injerencia externa, tanto en la gestión como en la propiedad de sus respectivos imperios económicos y patrimoniales.
La relación de personajes es casi infinita, perdiéndote en el laberinto de apellidos, bodas, hijos, separaciones, nuevas bodas, como en la mejor de las sagas literarias. Se perfilan unas relaciones que suelen asociarse, aunque no exclusivamente, con una misma actividad económica. Entre las actividades económicas más destacables tenemos el mundo del cemento y sus derivados: cementeras, inmobiliarias, constructoras; las aseguradoras; la actividad bancaria; el motor, sobre todo el de dos ruedas; la farmacéutica; las infraestructuras; la alimentación...
Como no podría ser de otra manera, el Barça siempre está presente, sobre todo relacionado con los industriales del algodón y del textil. ¡Ah! y como no podía ser de otra manera, el Opus, siempre está el Opus.
Durante toda la obra, Vinton no indica que posición ocupan dentro de las listas de los mayores patrimonios, tanto a nivel estatal como catalán. Esta clasificación es el resultado de la evolución de su gestión económica y patrimonial, como evolucionan las inversiones y que dan como resultado su lugar en las citadas clasificaciones patrimoniales.
De la lectura se desprenden un par de conclusiones sobre los orígenes y las prácticas de estas familias tan "ilustres": en cuanto al origen, la mayoría de patrimonios tienen un origen en la industria textil, que con el tiempo han ido diversificando, al amparo de una buenas relaciones con el gobierno de la dictadura: Las buenas relaciones con el régimen franquista es muy frecuente, que no deja de ser la expresión de la búsqueda, por parte del capital, de la protección del poder político. Por lo que respecta a las prácticas, es de destacar la aversión, muy extendida, a los mercados bursátiles. La mayoría de grandes fortunas están fuera de los mercados, repartiendo las participaciones entre la familia para evitar un control externo. Últimamente, a pesar de esa aversión a injerencia externas, han ido introduciendo, en la gestión, expertos o gestores de reconocido prestigio, para mantener el buen rumbo de la empresa o para intentar reflotar a esos grandes transatlánticos que ha chocado con algún iceberg, pero que no ha producido daños irreversibles.
El libro mezcla información económica y documentada, con anecdotario que tiene cierta relevancia en el transcurso de la historia de esas familias. 
Es loable el trabajo de investigación y documentación, pero encuentro que el libro empieza a flojear hacia la mitad, principalmente cuando, sin saber muy bien porqué, aparece la farmacéutica de Olot y su secuestro. Tiene una dedicación desmesurada, sobre todo en relación a otras grandes fortunas que aparecen reseñadas al final del libro. Entiendo la dificultad de estructurar un texto en el que las diversas fortunas se entrelazan y en las que se sobreponen intereses económicos. ¿Qué hilo conductor eliges, el apellido o la rama económica de la familia? 
El libro aclara el porqué de las esquelas y su tamaño en el diario de una de las sagas protagonista, La Vanguardia de los Godó.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Whisky amb napalm

Había leído en algún lado que Víctor Mora, famoso por ser el creador de los guiones de tebeos como El Capitán Trueno Jabato, entre otros, tenía alguna novela escrita. Mientras buceaba por las estanterías de la biblioteca tropecé con este libro de singular título Whisky amb napalm. Una ojeada a la sinopsis de la contraportada y me decidí, más por curiosidad que por interés real o recomendación.



El libro intenta ser la recreación de lo que se conoce comúnmente como república bananera. Víctor Mora intenta hacer construir una novela de política ficción o de recreación política en la que condensa todos los elementos de todas los gobiernos autocráticos, dictatoriales y totalitarios que jalonaron la parte central del siglo XX a ambos lados del Atlántico, particularmente del área centroamericana y caribeña.
Es una historia bastante previsible en el 80% de su contenido, con todos los tópicos sobre los gobiernos dictatoriales de aquella época y de posteriores: personalismo, corrupción, represión, control férreo de todos los resortes del poder, estrechos círculos de confianza, una "corte" con la que celebrar fastos, fiestas y celebraciones nacionales...
A parte de Ribaldo, el dictador protagonista, se cuelan una serie de personajes secundarios que lustran lo comentado: jefes de seguridad, de espionaje, ministros, colaboradores, escoltas, los capitostes de las empresas que explotan para beneficio propio y de Ribaldo los recursos de la isla, los rebeldes hijos del régimen.
Lo realmente original de la novela es su desenlace, lo voy a destripar por que dudo mucho que alguien que lea esto (si lo lee alguien) se decida por leer la novela. En su celo por preservar el régimen, destruir la oposición y pasar a la posteridad como el Salvador y Pacificador de Felicia (nombre ficticio de la isla), Ribaldo decide construir un personaje, interpretado por él mismo, que se supone que es el cabecilla de una guerrilla insurgente que está decidida a derrocar a Ribaldo. Para cerrar su plan maestro, Ribaldo necesita un doble del cabecilla, para poder ofrecer su cadáver como muestra de que la rebelión (ficticia) ha llegado a su fin. Lo paradójico es que todo el teatro montado es el responsable de la formación de una verdadera y real guerrilla que entra en acción una vez se han celebrado los fastos de la victoria.
Es lo más destacado, el resto es bastante plano y no destaca en absoluto. No sé si es el tema, el género o la forma de narrar pero no es una lectura que te induzca a seguir leyendo más obras del autor.
Durante toda la novela está presente el momento histórico en el que se escribió, mitad de los 70 del siglo XX, en pleno auge de la Guerra Fría, la política de bloques, los movimientos revolucionarios y contrarrevolucionarios en Latinoamérica.
Salvo que la estantería de la biblioteca no me ofrezca mejores alternativas, es complicado que reincida sobre la obra de Víctor Mora.

martes, 24 de octubre de 2017

Els jardins de la dissidència.

"Prou de follar amb polis negres o et fotrem fora del partit comunista". Así empieza Els jardins de la dissidència de Jonathan Lethem. Impactante comienzo que no anticipa lo que es el conjunto de la novela, pero que muestra el camino que ésta sigue: la lucha eterna, constante e irresoluta entre las ideas y la vida personal.


Estamos en el Queens de los años 50, reducto del comunismo americano, justo en los momentos previos a la muerte de Stalin y la ascensión de Kruschev, momento que el comunismo americano vive como una traición a todo su ideario, lugar donde Rose Zimmer (judía alemana y comunista exiliada) imparte su credo y promueve todo tipo de movilizaciones de acuerdo con su ideario y sentido de la justicia. A pesar de ser una mujer de fuertes convicciones, siempre es crítica con los encorsetamientos de la organización, cuando estos constriñen a las ideas y la libertad, más aún, cuando los encorsamientos se inmiscuyen en la esfera personal. Miriam, es la hija de Rose, que habiendo vivido y siendo educada en un ambiente fuertemente contestatario contra el poder establecido, lo interpreta a su manera, y lo ejerce, de forma práctica, contra la autoridad que supone su madre. La relación tensa entre madre e hija se libra en una doble vertiente: personal y de praxis ideológica. Miriam intenta socavar los principios y autoridad maternos, de forma consciente, abrazando según que movimientos, con el único interés de provocar la ira de Rose (astrología, por ejemplo). El clan podría extenderse hasta la figura de Sergius, hijo y nieto de las anteriores, pero su peso en la narración es bastante anecdótico, a pesar de ocupar una parte nada despreciable y no deja de ser un medio mediante el cual continúa la lucha entre madre e hija.
Entre ellas discurren algunos personaje más, principalmente un primo de Rose, Lenny (diminutivo de Lenin) y Cicero. Lenny es un ortodoxo comunista, ortodoxia que no llega más allá de la pura teoría, en la praxis es un pobre desgraciado que sobrevive a base de contactos y de su papel alrededor del partido. Ajedrez, monedas y un amor platónico o deseo libidinoso por su prima Miriam. Cicero es el hijo del policía negro que es amante de Rose, toda una anomalía en los círculos en los que se mueve, siempre fuera de lugar, viajando entre las esferas de la intelectualidad y los oscuros rincones que el furtivismo de la homosexualidad imponía en los años 60-70.
El título es muy significativo sobre lo que describe la novela, es la constante de la disidencia, pero la disidencia definida desde un amplio espectro, no exclusivamente desde el punto de vista político. Es disidencia política, social, religiosa, familiar, racial. Protestar, disentir, rebelarse contra todo, para acabar volviendo al redil, para cuestionarte tu propia disidencia y reflexionar sobre lo sólido de tus orígenes y si esa disidencia ha tenido sentido o no.
La disidencia como contradicción, la contradicción como motor vital que hace avanzar al ser individual en una carrera hacia un futuro de una incertidumbre relativa, ya que la disidencia no puede socavar los cimientos del sistema, ni en la forma ni a la velocidad deseada. 
Es la disidencia de la vida por unos ideales (el regreso del marido de Rose a la República Democrática Alemana es un ejemplo) y la disidencia de los ideales por una vida (Rose y su voluntad de mantener firme su libertad personal frente a la ortodoxia y moral del partido).
Es una lectura muy descriptiva, pero no de lugares o ambientes, sino de pensamiento y reflexión, con un lenguaje que se retuerce por momentos para ir describiendo las constantes contradicciones entre ideas, obligaciones, sentimientos y voluntades. Donde la dialéctica entre lo que hay que hacer, lo que se debe hacer y lo que se hace es constante, a cada acto, hay una reflexión previa para justificar porqué se hace y porqué no debería hacerse y porqué haciéndolo no debería hacerlo y porqué no haciéndolo, se hace.
No sé si volveré a este escritor en un futuro, todo depende de lo que me ofrezca la estantería de la biblioteca, pero es una buena lectura, que, eso sí, hay que hacer en casa, de forma reposada y con todo el tiempo del mundo.