jueves, 13 de julio de 2017

Maigret.

Maigret es la novela de Simenon que lleva como título el apellido del famoso comisario. Aunque por el título pareciera ser la primera de la serie, no es así, transcurre con el comisario ya jubilado.


Como todas las novelas de Maigret, estamos ante un corto relato, no llega a las 200 páginas, pero bastan y sobran para lo que Simenon quiere explicar.
Como ya he dicho, nos encontramos a un Maigret jubilado, que vive en el campo, lejos del bullicio de la Ciudad de las Luces.
Una noche, la tranquila rutina de Maigret se ve interrumpida por la llegada de su sobrino Phillipe, oficial de policía, que angustiado le explica a su tío que es muy probable que la policía venga a arrestarle como presunto asesino de un delincuente que regenta un club nocturno.
Tras las explicaciones de su sobrino, Maigret decide ponerse en marcha hacia París para intentar averiguar todo lo concerniente al suceso relatado por Phillipe. Dado el carácter apocado de Phillipe, Maigret no duda de su palabra y se adentra en los entresijos de la noche parisina y de los clubes nocturnos, donde el consumo de estupefacientes y de sexo es moneda corriente.
Una vez repasadas las pruebas, las declaraciones de su sobrino e inspeccionado sobre el terreno, el lugar de los hechos y los presuntos implicados, Maigret cae en la cuenta de que no hay manera material de librar a su sobrino de la acusación de matar a un pequeño delincuente, testaferro de un importante delincuente, que ejerce, a ratos, de confidente de la policía.
Junto a esta falta de pruebas que inculpen al verdadero asesino, Maigret cuenta con la aversión del comisario que ocupa el puesto que él ocupó en el pasado, lo que le obliga a recurrir a instancias superiores, para poder poner en práctica su plan.
El plan consiste en hacer confesar a los instigadores y ejecutores de los crímenes, tanto el que se imputa a su sobrino, como otro anterior.
Obviamente, Maigret se sale con la suya y consigue eliminar las sospechas que recaen sobre su sobrino en la comisión del crimen.
Volvemos a tener al Simenon de siempre, el que nos detalla la situación a resolver por su comisario, y nos da pinceladas de todos aquellos que tienen un papel medianamente destacado en la trama. La trama es obvia: presentación del caso, desarrollo de la investigación y desenlace. Sin artificios, sin grandes enredos que lo compliquen todo.
La novela, escrita en 1933, ya nos presenta a un París en el que ya corren, por la noche parisina, todo tipo de sustancias recreativas que conducen a la adición. De hecho, el motivo del asesinato es evitar el registro de un club en el que se sospecha que hay un alijo de cocaína. Como curiosidad, hay una conversación en la que una prostituta le relata a Maigret su experiencia con el éter (conseguido en la farmacia) y dos o tres clientes, que lo único que quieren es colocarse.
Creo que muchos de los que se quedan atrapados por narrativas contemporáneas en las que las drogas tienen un papel preponderante, deberían leerse a autores de la primera mitad del siglo XX. Descubrirán que ese mundo de desfase y consumo de los setenta y los ochenta, no es tan novedoso como parece. Y, mucho menos, en la narrativa actual.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

miércoles, 5 de julio de 2017

El poder de las tinieblas

Relectura de la segunda entrega del detective Charlie Parker. Creo que voy a ser, o a intentarlo, conciso y breve.
Es la segunda que releo e, igualmente, me ha dejado más frío que caliente, no me causó la misma impresión que la primera lectura. No sé si son cosas de la edad, del momento o de lo motivado que te hallas en un momento y en otro.


El argumento: tras una entrega frustrada de una rehén, Billy Purdue huye con 2.000.000 de $. A su búsqueda se lanzan, por un lado, un miembro de la mafia de Boston, Tony Celli, que quiere el dinero para tapar unos pufos con mafiosos de mayor calado; por otro, un "ejecutor" de los deseos de los mafiosos que han sido estafados; Charlie Parker, buscando el dinero de la pensión que Billy debe a su ex-mujer; y el padre natural de Billy.
Los hechos se entrelazan constantemente, los hilos traman un tejido en el que se vinculan todos los actores y hechos del pasado que vuelven al presente y, todos, tienen que ver con Billy.
La vuelta al pasado tiene que ver con un caso irresoluto del abuelo de Parker, que persiguió durante toda su vida a un asesino en serie de mujeres, maltratador y que su único objetivo era perpetuar su estirpe y seguir sembrado el dolor que recibió por parte de su madre.
El libro tiene dos partes diferenciadas: una primera en la que en la búsqueda de Billy, Parker indagando en el pasado de este, encuentra con el caso de su abuelo y cómo este caso se vincula a Billy, y cómo en esta búsqueda tropieza con la gente que busca a Billy por su dinero. 
La segunda parte se centra en la búsqueda de Billy y del asesino que trajo de cabeza al abuelo de Parker, búsqueda que se torna angustiosa, cuando desaparece la hija de un ex-compañero de Parker, cuando este era policía.
Como siempre, Parker va acompañado de sus "ángeles de la guardia" Louis y Angel, rememora a Rachel, la psicóloga con la que tuvo un afer en tiempos pasados y los "encuentros" con su mujer e hija, cuando se acerca el aniversario de su muerte.
Es una novela sobre malos, mafiosos y asesinos sin escrúpulos, sea cual sea su motivación; una novela sobre el mal que habita en mucha gente, de cómo las circunstancias abocan a mucha gente a un callejón sin salida y que son golpeados constantemente, más por su origen que no por sus acciones.
La relectura me ha hecho replantearme mi primera lectura. Creo que no tiene la fuerza que en un principio pude percibir. Es una novela que no tiene más fondo que el mal y las diferentes formas que toma, hay una velada referencia a los malos tratos infantiles y, quizás, al sistema de tutela y adopción de los niños de familias desestructuradas o huérfanos, así como a la asistencia a los ancianos que son recluidos en residencias.
Hay un exceso de explicitación de la violencia que no siempre tiene sentido, un afán de describir, con minuciosa precisión, las herramientas de la muerte utilizadas por cada personaje, a la que no le encuentro sentido alguno.
La trama y desenlaces son correctos, sin fallas ni agujeros, pero sin sorpresa alguna.
Parece que sí, que con el tiempo todo cambia, incluso la percepción de experiencias pasadas.

miércoles, 7 de junio de 2017

El prestamista

Este es un libro que cuando lo tienes en las manos y hojeas sus páginas y su contraportada no estás convencido que sea la lectura correcta. Piensas que es una de esas rarezas del editor, que le da por escoger a un autor desconocido de hace 50 años y publicarlo por que nadie lo ha hecho. El diseño marca de la editorial, Los libros del asteroide, no ayuda en nada (ya sé que lo que importa es lo que hay entre la portada y la contraportada) en tomar la decisión.
Pues así estaba en la biblioteca, con el libro en las manos y nada convencido de llevármelo. Suerte que un impulso me hizo liarme la manta a la cabeza y seguir adelante. Muy contento de seguir el impulso.


La historia versa sobre la vida de Sol, un prestamista judío que tiene una tienda en Harlem, mientras pasa horas y días interminables dentro de su tienda. Junto a él, está su ayudante Jesús Ortiz, un hispano negro, que tras meterse en mil enredos de dudosa legalidad, cuando no de firme ilegalidad, decide hacer un paréntesis y trabajar como ayudante de Sol.
Con estos elementos, se puede pensar que no hay de donde sacar una historia, pero Wallant consigue dotar a la tienda de una potencia como si fuera un personaje. Cómo un pequeño establecimiento puede suponer un ecosistema que contiene una fauna con una potencialidad narrativa impresionante.
La tienda, como todo ecosistema, es el lugar por donde transitan y habitan un sinfín de especies, que cada una con sus particularidades, solo tiene un fin, que no es otro que la supervivencia. Y es la tienda, y el prestamista, los que les proporcionan esos nutrientes para poder seguir un día más.
La tienda del prestamista es la metáfora de un lugar, que como el cementerio, iguala a todos en cuanto pasas por su puerta. Ya puedes ser o parecer, pero entrar allí solo significa una cosa, que hay algo que ocultar, algo que solucionar y que solo el dinero lo puede hacer. Desfilan todo tipo de personajes, de toda extracción social y de cualquier origen: negros sin trabajo, blancos adictos, prostitutas, pederastas, artistas frustrados o fracasados, madres maltratadas y sometidas... un sinfín de supervivientes y de náufragos.
En paralelo tenemos los demonios de Sol. Sol es un superviviente de los campos de concentración, donde perdió a toda su familia. La experiencia de la vida en el campo supone una losa para su vida, de hecho, su carácter viene marcado por todo lo que pasó, por ser testigo de todo lo que vio y sufrir en sus propias carnes toda aquella atrocidad. Como respuesta, Sol se convierte en un asocial, en una persona dura, seca, adusta. La tienda le sirve de confort para soportar todas sus miserias siendo espectador de las miserias ajenas.
Como superviviente de un campo de concentración, Sol rememora los momentos más crudos de su cautiverio. Creo que aquí Wallant está brillante, superlativo. Pudiendo ser sensiblero, pudiendo recrearse, pudiendo hacer un relato lacrimógeno, extenso, casi victimista, opta por todo lo contrario, por ser conciso, por reducir los recuerdos de Sol a momento puntuales, sobre todo recurriendo a los sueños que reviven su experiencia. Son apenas unos párrafos, pero narras momentos de una crueldad y brutalidad impresionante, pero sin recreaciones. Conciso y directo, haciendo innecesaria una prosa extensa para describir tanta crueldad, brutalidad e inhumanidad.
Ese carácter seco, hierático, adusto, monolítico tiene una microscópica grieta. Esta grieta se produce por dos hechos puntuales: uno, la llegada a la tienda de una trabajadora social, que busca dinero para poder ayudar a niños abandonados, maltratados, apartados de una vida normal, que a pesar del trato brusco que le propina Sol, ve en él a un alma sufridora y que pondrá todo su empeño en intentar aliviar el peso con el que carga; y dos, el hecho de enterarse que, sabiendo que su tienda es una tapadera para lavar el dinero de negocio poco legales de un mafiosos, parte del dinero que blanquea proviene de un prostíbulo, en el que trabaja una clienta habitual de su negocio. Esto enlaza con sus recuerdos en el campo y le hace tomar la determinación de no admitir más el dinero que provenga de aquel negocio. De esta manera se enfrenta al mafioso, a su patrocinador, gracias al que puede llevar la vida holgada que lleva, él y la familia de su hermana. 
Jesús es el otro protagonista de la novela, aunque es un protagonista menor. Es todo lo contrario a Sol: joven, vital, ambicioso, alegre, con ganas de comerse el mundo, impulsivo, que maldice su suerte, que no entiendo por qué no puede ser el que disfrute de una vida cómoda como la de Sol. Esto le lleva a plantearse a acometer todo lo que sea necesario para revertir su situación, sea por la vía que sea.
Es este abanico de singularidades que son los clientes que Wallant retrata en la tienda de Sol, me ha impresionado el personaje de un pederasta que reprime sus impulsos en los empeños y en las conversaciones literarias que mantiene con Sol mientras realiza las transacciones. Wallant nos muestra la batalla interna, cómo es consciente de su condición y ver que la única esperanza que tiene es su visita ritual al prestamista, llegar a planear su próxima visita, cuál es el tema de conversación a introducir y como, en un momento de la crisis que sufre Sol, se ve ignorado rechazado y como dentro de su ser se va derrumbando el dique que contiene sus impulsos y pulsiones y cómo ve de inevitable es volver a cometer abusos.
El libro es de lo mejor que he leído últimamente, creo que mucho publicado (lo de escritor le viene grande a muchos a los que les editan libros y es su profesión) debería leerlo y reflexionar sobre sus propias capacidades.
Podría estar diseccionando cada situación en la que se encuentran Sol y el resto de personajes: su relación con su hermana y su familia; con la mujer de un compañero del campo de concentración que no pudo sobrevivir; con un personaje que utiliza su condición de superviviente para medrar y amedrentar a otros judíos con la excusa de judíos sometidos fuera de Estados Unidos e Israel... Por eso creo que leerlo es lo mejor que se puede hacer.
Espero volver a recuperar al autor más adelante. Lástima que solo pudo editar cuatro novelas y, creo, no todas están traducidas.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

lunes, 22 de mayo de 2017

La casa del canal

Enlazando con la entrada anterior, la sentencia de "si breve, dos veces bueno" se cumple de manera absoluta. Simenon, en apenas 150 páginas, nos dibuja un cuadro en el que retrata el choque entre el campo y la ciudad desde los ojos de una joven belga. Esta brevedad le dota de la intensidad e interés que Cockey no consigue en ningún momento. Se podría pensar que no tienen nada que ver ambas novelas, pero aquí Simenon esboza unos finos trazos de novela negra, que hacen palidecer la obra de Cockey, que su intención es la de hacer una obra de género.


Como he apuntado, no encontramos ante una novela que nos explica la vida de una joven huérfana de Bruselas que llega a una finca de Flandes, donde es acogida por la familia de su madre. Su llegada coincide con la muerte de su tío, cosa que hace que las funestas perspectivas de Edmée ante su nueva situación, lo sean aún peores.
Simenon nos explica la vida y los comportamientos de todos los que comparten la vida en esa hacienda: Edmée, sus primos y primas y su tía recién enviudada. Circunstancialmente aparece otro tío, que vive en una pequeña ciudad cercana, pero no en una de las grandes capitales belgas.
Simenon retrata o esboza, según la importancia del personaje en la narración, los estereotipos propios de la zona y la época: la tía viuda religiosa y tradicional; un primo que representa al hacendado de la zona, que lleva una vida en la que ha de hacer patente su condición social de propietario, sobre todo en las apariencias hacia fuera; el primo tosco, rudo, de campo, que se encarga de que todo funcione en la finca; la prima soñadora con la ciudad, pero criada en el campo y con la cabeza llena de mariposas. A todos estos contrapone a Edmée. Joven, refinada, criada en la ciudad, hija de un médico, con cierta cultura y gustos refinados, que se incrusta en un espacio social, físico y familiar que no es el suyo, en el que se halla desubicada. Es este choque, esta aversión a su nuevo entorno la que le provoca que sus actuaciones sean de lo más caprichosas e insensatas, como una rebelión contra ese destino del que no puede huir por sí sola. Este aislamiento lo remarca Simenon con el hecho que Edmée solo habla francés, mientras que su tía y sus primas pequeñas, solo hablan flamenco, con lo que el aislamiento se hace más palpable en los momentos en que Edmée está sola con su tía.
A pesar de su juventud, Edmée es una manipuladora, es consciente de su diferencia respecto a lo que la rodea y hace un uso perverso de esa diferencia, hasta el punto de provocar un enfrentamiento velado entre los dos hermanos. Sobre todo manipula al primo más rural, el cúal es más resolutivo, más práctico, tiene una forma de pensar más primaria, sin los matices e interpretaciones que sí que rondan a Edmée. Son reacciones pueriles y perversas, puro egoísmo. Es la válvula de escape de la prisión sin barrotes en la que se encuentra.
Simenon retrata las miserias del alma humana, las vilezas y las bajezas, pero lo hace sin efectismos y sin alardes, con sencillez, exponiendo las cosas directamente, sin censuras, ni morbosidad. Contrapone modelos, formas de ser, personas por parejas: los dos hermanos, los primos de Edmée, son el anverso y el reverso de una moneda; y Edmée y su prima, por otro lado. A las diferencias de carácter y de visión de la vida, les añade el componente físico, para acentuar esas diferencias.
La resolución del libro es muy acertada y está bien ejecutada, sin excesivos artificios, quizás un poco brusca y directa, sin conectarla directamente con el resto del relato, pero de una forma que le da coherencia al texto en global.

martes, 16 de mayo de 2017

Un cadáver en la cocina.

Cuanto más deseas leer un libro, ver una película, seguir una serie, visitar un lugar y cuando la espera se ha hecho largo, el riesgo de decepción se multiplica exponencialmente. Esto me ha ocurrido con Tim Cockey y Un cadáver en la cocina.
En algún lugar leí algo sobre él que me hizo buscarlo, por el interés que suscitó, pero no había manera de encontrarlo. Ya se sabe, esos autores que se editan dos libros y luego desaparecen de los intereses (monetarios) de los editores. La casualidad quiso que, al entrar en una tienda de libros usados, me hallase ante él y me hice con el título en cuestión. La decepción se ha ido consumando página a página.


La curiosidad que provocó mi interés fue que el protagonista era un enterrador, que al final solo es el empleado de una funeraria. No esperaba a un solitario, oscuro y necrófilo protagonista, pero tampoco al personaje que retrata Cockey, un personaje plano, con algún detalle irónico y bastante mundano. Nada que despertase interés alguno.
La novela trata sobre dos muertes, una nada más abrir la primera página, en la que un amigo de Hitchcock Sewell, le llama para que venga a buscar un cadáver antes de que llegue la policía y que lo coloque en algún sitio. Visto el absurdo de la situación, Hitchcock le hace entrar en razón y que avisen a la policía. El hecho de hallarse en el lugar del crimen antes de la denuncia, le convierte en sospechoso.
Por otro lado, tras la recogida de un cuerpo en una residencia de ancianos, Hitchcock reconoce a la cocinera de un bar donde iba cuando era estudiante. Y la visita de vez en cuando, mientras ve como se deteriora rápidamente.
Pues entre una y otra muerte, Cockey va navegando sin rumbo y sin sentido, hasta que por arte de magia se relacionan ambas. En medio, enredos familiares, líos de faldas, suspicacias, amores ocultos y dinero, siempre el dinero.
El libro es nada, confuso, mucha paja y poco contenido. La resolución del caso es bastante lamentable: odio enfermizo al amor platónico de un patriarca, la sed de venganza que acaba volviéndose en su contra. Eso y mal explicado, peor que lo que estoy escribiendo, cosa muy difícil.
Roza, acaricia, resbala sobre los tópicos de las novelas con muerto y misterio: algo de sexo, infidelidades, dinero.
Sinceramente, me ha defraudado tanto que no sé qué poner. Creo que la confusión es la responsable de esta decepción, casi tanto como el escribir sobre nada y no sacar partido de un personaje que da más de sí. Apenas explota la vena sarcástica y burlona que daría un personaje con tan singular profesión, pero nada, un par de pinceladas.

jueves, 27 de abril de 2017

La vida en sordina

Creo que es una virtud de algunos escritores, sobre todo británicos, de hacer a partir de un tema banal, una novela notable, casi sobresaliente. En este caso, David Lodge lo consigue con La vida en sordina. A partir de la deficiencia auditiva, creciente en la narración, del protagonista, construye un relato sobre grandes temas vitales y personales, como la muerte, la familia, la soledad. Todo ello con un tono divertido, que te dibuja una sonrisa durante muchos pasajes, pero es un tono que no esconde la seriedad de los temas y del fondo de la novela.


Desmond es un catedrático de lingüística jubilado que por un malentendido causado por su problema de oído, se compromete a ayudar a una atractiva joven a mirar la tesis doctoral que está preparando. El tema, el análisis lingüístico de las notas de suicidio.
El hecho de no ser consciente de su compromiso y del atractivo de la demandante provocan un sentimiento de culpabilidad, de infidelidad hacia su mujer, que lo aboca a inventar excusas absurdas para justificar su ayuda.
Junto a su preocupación por justificar los encuentros con la alumna de tesis, Desmond reflexiona sobre su problema auditivo en relación a su día a día y en la vida social en la que halla involucrado en los últimos tiempos. Compara la sordera con la ceguera, como la última genera un sentimiento de lástima, tiene una potencialidad literaria que la sordera no provoca, todo lo contrario, al sordo se le trata como alguien taciturno, seco, gruñón, ya que hasta que no pone en conocimiento su deficiencia, se asume que el comportamiento derivado de ésta es una manifestación de su carácter como persona y no consecuencia de su dolencia.
Lodge va introduciendo en el desarrollo de la novela la relación de Desmond con su mujer, que tras un divorcio productivo y una recuperación de la fe religiosa perdida, ha triunfado en los negocios, al estar en el lugar adecuado justo un momento antes del momento adecuado. Esto provoca que Desmond pierda el papel del hombre cimiento del hogar, papel que asume su mujer y esta asunción supone un cambio en las relaciones sociales y cómo él pasa a ser la pareja de la anfitriona.
Otro personaje que acaba siendo fundamental es el padre de Desmond. Antiguo músico de orquesta, jubilado, que vive en Londres, en su casa de toda la vida, acostumbrado a una manera de vivir espartana, austera, siempre presente la posibilidad que las cosas se puedan torcer y que hay que estar prevenido. Esta austeridad roza el "diogenismo" (no sé si existe el palabro, me temo que no), lo que provoca vergüenza ajena en el propio Desmond. El padre de Desmond va sufriendo un rápido deterioro, durante la narración, consecuencia de un principio de demencia, situación que se agrava con un derrame que limita, enormemente, su autonomía y libertad.
Todo esto sucede durante un período de unos cuatro o cinco meses, ya que Lodge lo estructura a modo de diario o dietario, en el que Desmond va apuntando todo aquello que le va aconteciendo desde la fiesta en la que se compromete como tutor de la tesis hasta el funeral de su padre, pasando por las fiestas navideñas.
Como colofón a la novela, tenemos el viaje a Polonia que realiza Desmond, huyendo un poco de la rutina y de los difíciles momentos con su mujer, a consecuencia de las fiestas navideñas. En ese viaje, para dar unas conferencias, acaba visitando los campos de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, que le supone un impacto total en su manera de ver el mundo. Lo que se agrava al conocer la noticia del derrame cerebral de su padre y su repentina dependencia total para seguir con vida y realizar las tareas más básicas: alimentación e higiene personal.
Me ha gustado mucho, es de las lecturas modernas, del siglo XXI, de las que más me ha gustado. Tanto la forma de narrar como lo narrado calan muy hondo y trata temas de profunda reflexión. Y todo, como digo al principio, a partir de algo anecdótico, como es la sordera.
La muerte es un tema constante y fundamental en la narración. No tanto la propia, como la ajena. Cómo influye la muerte ajena en uno mismo y que actitudes afrontar ante el hecho luctuoso. O, como la vida te lleva a tener que tomar decisiones y, según la circunstancia, a ejecutarlas. Como la muerte puede ser la liberación de aquel que se encuentra desahuciado ante la vida, en la que seguir respirando un minuto más es una tortura.
La soledad, como ese paso previo a la muerte. La soledad como aislamiento, el aislamiento como protección ante lo nuevo y lo desconocido, ante aquello que nos cuesta de entender. Todo esto lo ejemplifica en los párrafos en los que Desmond y su padre son protagonistas, sobre todo cuando se plantea la búsqueda de una residencia, al descubrir los síntomas de dejadez e imposibilidad de cuidarse de su padre. La descripción de los residentes es un golpe seco directo al estómago, ya que las acaba definiendo, como el paso previo a la muerte, un aparcamiento en el que la única salida es en postura horizontal y con el rostro cubierto. Relacionado con el confinamiento obligado de una residencia para ancianos, está, en contraposición, el aislamiento voluntario, rodeado de futilidades envueltas en un supuesto lujo y buen gusto. Lodge lo enlaza en unos pasajes en que Desmond y su mujer se van a pasar el año nuevo a un complejo con la socia de su mujer y su pareja. Nos describe un complejo, en el que entrar y salir tiene las mismas medidas de seguridad que una cárcel, en el que sentirte libre. Hete aquí la contradicción, la libertad de moverte en un gran patio de una cárcel de lujo. Es como si nos quisiera decir, disfruta del lujo, renunciando al lujo de tu libertad, rodeado de comodidades, a precios desorbitantes, dentro de una jaula de cristal.
Luego está la muerte en el campo de exterminio, la incomprensión que le genera el hecho que alguien se plantee la construcción de una factoría de la muerte. Cómo el desprecio por la vida ajena puede llegar a esos niveles..
La muerte como fortalecedora de unos lazos que la rutina han ido desgastando en un día a día, en el que el egoísmo personal mina la relación con la persona con la que compartes tus días. El hecho traumático materializa lo efímero de la vida y relativiza aquello que parece que sea una tragedia, cuando no deja de ser orgullo mal entendido y nada generoso.
El hecho de escoger a un lingüista sordo como protagonista es casi una genialidad, supongo que en la literatura habrá casos anteriores similares. Pero que una persona que se dedica al lenguaje, expresión vocal incluida, sea sordo tiene ese punto de sarcasmo.
Es una novela donde está presente el desplazamiento social de una persona. Todos somos aisladores y víctimas del aislamiento. Nos desplazan a la periferia o desplazamos a otros. Y la razón no es otra que disfrutar de un cierto estatus y posición dentro de unos determinados grupos. El problema es hacer de eso la guía de tu vida.

viernes, 7 de abril de 2017

El volcán de oro.

Jules Verne, Julio para la mayoría de los mortales, quién no se ha leído un libro de Verne. Bueno, pues este es el primero que me leo, bueno, quizás en el colegio me leí La isla misteriosa o alguna de aquellas ediciones adaptadas, supongo, para niños de alguno de sus títulos más famosos. Quiero decir que es el primer libro que leo de forma consciente y voluntaria.
¿La elección? Pues que no era uno de los grandes títulos del francés, con el añadido de tema a tratar, la fiebre del oro del siglo XIX.


El libro narra las aventuras y desventuras de dos primos francocanadienses que heredan una parcela en el Klondike, en plena Fiebre del oro de finales del siglo XIX y deciden, antes de tomar una decisión sobre una oferta de compra, ir a visitar la herencia para poder valorarla en su justa medida y saber si la oferta se ajusta o no a la realidad.
A partir de esta premisa, Verne desarrolla un libro de viajes en el que inserta ese fenómeno que fue la Fiebre del oro, que asoló la costa pacífica de Norteamérica durante el siglo XIX y de la cual, todavía (hay algún programa en esas infumables frecuencias de la TDT) queda algún rastro. Aprovecha esta fiebre para dar alguna pincelada de las aventuras a las que nos acostumbró en el resto de su producción literaria.
Digo que es un libro de viajes, por que el peso principal de la narración es la descripción del viaje que realizan desde Montreal hasta las costas del océano Ártico, pasando por toda la geografía que enmarcó dicho fenómeno económico y migratorio. Nos hace un retrato de territorios y de todas las grandes poblaciones por las que discurre su recorrido. Asimismo, no deja de describir todos aquellos accidentes geográficos que tienen su importancia dentro de ese recorrido.
La otra parte del libro es su visión sobre el citado fenómeno, visto desde los dos puntos de vista: desde aquel a quien atrapa la Fiebre del oro, que define constantemente como una enfermedad física; como la del escéptico que mira todo lo que produce: miserias, comportamientos amorales, las incoherencia provocadas por la riqueza o sus expectativas. Esto lo plasma en los personajes de los dos primos: uno, ingeniero, es el que sucumbe a los influjos de dicha fiebre; mientras que el otro, amante de la caza y la tranquilidad, no en vano representa a un rentista, lo observa con escepticismo y supone el contrapeso a la temeridad del contagiado de "fiebres".
Es un libro donde se reflejan las ilusiones y los contratiempos, intentando reflejar la realidad de ese fenómeno en toda su amplitud, tanto del que se queda en el camino, del que llega y no consigue más que ser mano de obra, como del que se llena los bolsillo de billetes, que según su carácter, no sabe administrar y solo piensa en el próximo filón a explotar, ya que la fiebre no baja, a pesar de tener oro en los bolsillos.
La parte de libro de viaje supera ampliamente a la de aventuras, las descripciones parecen sacadas de un cuaderno de viajes realizado por el propio Verne. Mientras que la parte narrativa que se ocupa de las desdichas y desventuras de los protagonistas es bastante simple y, sobre todo, muy predecible, sobre todo para la mirada actual, que busca en la literatura algo más que una descripción de una sucesión de hechos que son los más probables. Quizás esa fuese la intención y el mérito.
Mantiene el interés por la ciencia y el conocimiento, tan habitual en sus novelas, con amplias descripciones sobre como se explotaban los placeres (2. m. Arenal donde la corriente de las aguas depositó partículas de oro.) de oro. No deja de ser un escritor del XIX, como demuestra esa manera de tratar a las mujeres, sobre las cuestiones del honor y la honra. El hombre ha de ser un caballero y defensor de los débiles, sobre todo si son mujeres. Era otra época y otra forma de pensar. Ese sentido de la justicia,
Ahora tengo que buscar a Jack London, para comparar los tratamientos de esa "enfermedad".