jueves, 27 de mayo de 2021

Delicadeza

No, no es el título de ninguna novela, ni libro de poesía, ni ensayo, ni libro de autoayuda. Es una palabra. El diccionario dice lo siguiente


(Nota: el diccionario superando mis expectativas)

Todo el rollo viene a cuento de lo último que he leído. Tan prescindible que obviaré el título y a su creador. Con uno que sufra, hay suficiente.

Al tema, la cuestión es como nos obligamos a amoldarnos a esta palabra. El libro fue un regalo. Por lo que hay que ser delicado: agradecido y, aunque intuyendo que no va a dar, ser suave a la hora de emitir un juicio sobre la lectura a la persona que te ha hecho llegar el libro como un presente con toda la intención de que sea de tu agrado. Por aquí pulularía la honestidad, pero ya sería otro tema.

Delicadeza, de la persona que se dedicó a escribirlo, para saber que igual era mejor que se quedase en su archivo, como un intento fallido, como algo que "en su cabeza sonaba espectacular". Pero no, el ego, alimentado por terceros, puede sobre la razón y nos brinda semejante cosa.

Ahora vamos con la editorial. A esta le vamos a dedicar la cuarta acepción. Básicamente, por ausencia de ella. En una doble vertiente: primero, por la falta de escrupulosidad al considerar que esto era editable; y, segundo, por la falta de escrúpulos con tal de vender libros, al precio que sea. En este caso, el estandar 19,50 euros.

A la editorial sí que le vamos a dar un palito. Tusquets. Vaya tragedia desde que ha caído en manos de Planeta. Creo que antes tenían algo más de criterio. Pero vamos, que no deja de ser un negocio, así que no nos sorprendamos.

Hasta aquí mi pedante ataque de crítico trasnochado, perdido entre efluvios etílicos a altas horas de la noche (venga topicazos).

viernes, 19 de febrero de 2021

Mierdas de unas tardes de verano de los 90, en un almacen del Baix.

 El título lo dice todo, un texto escrito sin sentido durante ratos robados al curro en un almacén en un verano de los 90.

 

Durante aquellas horas se creyó feliz, aunque por momentos volvía a la realidad. Todos se desinhibieron durante unos instantes, pero algunos se resistían a abandonar el rol tan asumido que tenían durante el resto del día.

El objeto de sus fauces siempre era el mismo, aunque a veces cambiara de rostro, pero en el fondo era siempre despreciar a aquel que no seguía el ritmo que ellos marcaban.

Resultaban toda una fauna, a veces simpática y graciosa como los animales, pero siempre con la garra a punto de dar el zarpazo como las fieras. Al acecho sobre cualquier víctima, la más cercana, paradójicamente siempre estaba fuera de su alcance físico.

La palabra, palabras son y se las lleva el viento. El maestro estaba aleccionando al alumno que escuchaba con gran atención, no le replicaba en su lección, que quizás no llegase a comprender, o ni siquiera tuviese la intención de aprender, pero claro, el profe manda y alumno escucha y obedece.

Claro que una lección no es una orden, ya que las órdenes se suelen cumplir y aguantar la lección y el discurso es un trámite que se ha de pasar para que llegue la hora de salir y volver al mundo que to el mundo corresponde según su historia.

El invierno siempre era duro y las tormentas impedían que llegase el día claro y soleado en el que la oscuridad daba paso a la luz.

Se encontró ante un gran cadáver que constituía aquello que le rodeaba. Era tan decrépito que el cadáver, frío, ya parecía empezar a descomponerse. Aquello apestaba, los arrebatos irracionales y de mal genio de aquel personaje parecían irritar enormemente al maestro, que veía en aquel la manzana podrida que acaba pudriendo al resto de la cesta.

Era tal la ira que tenía que contener que debería estar a punto de estallar y ésta la debía contener, por que el torbellino de irracionalidad y espontaneidad podía llegar a ser peor que aguantar por dentro, ya que no tenía casi nada que perder mientras que el maestro no podía responder a la provocación, ya que allí estaba su futuro (joder, qué futuro), aunque lo negara constante y contundentemente.

Sí, era el maestro de los fantasmas y como era el rey debía dar muestras cada vez que se le presentaba la ocación.

Había por allí, desde su atalaya contemplativa, otros huracanes difíciles de controlar, más cerebrales y menos espontáneos, pero con la misma intensidad. También era más difícil de detectar.

Que poca tranquilidad se respiraba en aquel ambiente. Se veía amenazado por un mar de situaciones nuevas, que desbordaban sus posibilidades de control. Estaba siendo superado por las circunstancias.

Hasta llegar a aquel estado de ansiedad provocado por unos acontecimientos, frustrantes en la mayoría de sus experiencias o tan siquiera habían llegado a ser experiencias, ya que se habían quedado en un quiero y no puedo, bueno y no quiero por...; estos acontecimientos venían a ser el resultado de la presión ambiental a que estaba sometido, todo aquello que lo rodeaba y que se suponía que debía acoplarse perfectamente, como se ensamblan las piezas de un automóvil, hechas para encajar.

Esto pasaba por su cabeza, mientras él continuaba allí agazapado en la oscuridad de aquel habitáculo, sofocante, agobiante, claustrofóbico, en el que se encontraba en aquel instante, y que tanto tiempo le costó construir para llevar adelante aquel plan que debía cambiar su vida y que tanto cambiaría.

Volvamos al principio, quizás sea lo mejor para comprender como se puede llegar a aquella situación.

El cotidiano devenir de los días era la norma de aquellos tiempos. Todos los días eran prácticamente iguales.

Se levantaba tarde, bueno, no madrugaba, pero para no trabajar, levantarse a las 9:30 o las 10 no era muy tarde, y más sobre todo no teniendo otra cosa que acabar acostado sobre el sofá del salón, tragando cualquier tipo de programa abominable, hecho para atraer la atención de las amas de casa, marujas y demás especies de la fauna matinal y hogareña.

Cuando era la hora en que sus colegas se levantaban, los llamaba para ir a tomar unas birras, para hacer tiempo hasta la hora de papear.

Se apalancaban en el bar de siempre. El dueño era un tipo vulgar, tripón con un bigote desaliñado y siempre mal afeitado. Siempre estaban haciendo comentarios sobre la poca escrupulosidad del dueño a la hora de realizar las tapas que servía a una clientela típica de un barrio periférico y obrero de la gran ciudad.

Estaba sudando. Un sudor frío le recorría y helaba su espalda, su frente. Un frío que le calaba hasta los huesos. La tensión que estaba sufriendo en aquel angosto habitáculo, llegaba a niveles insoportables, que no tenía más remedio que apagar con tranquilizantes. Productos a los que se había hecho adicto tras una crisis nerviosa, después de la última batalla familiar, siempre por el mismo motivo, el trabajo, el dinero, sus padres... Era el mismo círculo que se repetía cada año, después de perder un trabajo, buscar y no encontrar nada y desistir en la búsqueda.

Estaba en la penúltima fase de ese plan, que creía que era perfecto. Estaba a un paso de la gloria o del fracaso, del paraíso o del infierno, a un paso de todo o de nada. Era blanco o negro, no había gris. El término medio des unos momentos ya no era posible, no existía.

Llevaba metido poco más de diez minutos y pensaba que había pasado casi una eternidad, pero sólo eran diez minutos y le quedaban todavía dos horas para poder empezar a seguir la última fase de su plan.

En aquellos momentos de tensión, se mezclaban recuerdos del pasado con la ansiedad de aquel encierro obligado. Se le pasaban por la cabeza mil recuerdos, de infancia, adolescencia, de juventud. Todos aquellos, buenos y malos momentos que habían quedado grabados en su mente y que ahora volvían a brotar en su consciente.

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Tiene cero valor literario o narrativo, siendo muy generoso. Ha sido una vuelta al pasado, un intento de ubicarme en aquellos momentos, ya que todo surgió del pasar de los días rodeado de amigos, capullos, libros de texto, polvo, calor y sudor.

Un salto a un pasado que en un momento plasmé con lápiz y papel.

sábado, 16 de enero de 2021

¿Por qué no leo a escritores de las dos últimas décadas?

Tenía esto más abandonado que el Estado a la Sanidad y la Educación. El motivo no era otro que, al no tomar notas durante las lecturas, cuando recapitulaba lo leído, entre lagunas, olvidos y vagos recuerdos, lo que iba surgiendo no tenía ni pies ni cabeza. Vamos, que era bastante pobre, deslavazado y poco congruente. Para eso, mejor dejarlo.

Pues la introducción liga con el motivo del título de la entrada. Para escribir algo carente de coherencia, con idas y venidas, sin sentido y sin saber como ligar un tema con otro, mejor el blanco.
 
Eso es lo que pienso de la mayoría de los escritores a los que me intentan a vender desde cualquier programa de televisión o radio. Te pintan como historias íntimas, universales, personales, imperdibles cualquier texto, que oyendo al escritor, dudas que tenga más calidad que la cartilla Palau (Sí la de la p con la a pa). A parte de que la temática es más manida que la vida de los que prostituyen su poca dignidad en las tardes de Mediaset. Estoy hablando, concretamente, de escritores españoles y catalanes. En Europa, alguno se salva.
 
Estos dos últimos años me han dejado muy impresionado dos escritores: uno checo de entreguerras y una escritora del sur de los EEUU de los años 40-50. Después de leer algunas de sus novelas, tanto en sus temáticas como en su estilo literario y, sobre todo, como reflejan el mundo en el que las enmarcan, me pregunto como muchos de estos nuevos escritores tienen la vergüenza de publicar las memeces que publican. Solo escucharlos provocan vergüenza ajena. Casi tan grande como la de los periodistas que los promocionan. Estos autores son Jirí Weil y Carson McCullers.
 
Creo que esta gente debería pararse a pensar medio segundo, coger algunos de los textos de los citados autores, leer un capítulo y preguntarse a sí mismo ¿esta mierda que acabo de escribir se puede comparar con alguna simple frase de estos escritores? La respuesta os la adelanto, no. Acto seguido deberían estar quemando los manuscritos e ir a la sección de empleo de cualquier diario o a una página de búsqueda de empleo.
 
Pero me temo que la literatura es otra industria, además muy proclive al postureo y a lo ceremonial de la entrega de premios. Baste de ejemplo que un ejemplar del Planeta y otro del Ramon Llull estaban disponibles en el punto verde del barrio, donde puedes llevar los libros viejos y que no te interesan.

Retomando la introducción, como no confío en la calidad de mis escritos me he dedicado a montar un hilo en tuiter con cuatro notas, con dispar fortuna en su redacción.


 

El hilo se estira y se deshilacha en diversos hilos, producto de mi incapacidad de ir al último tuit y escribir el correspondiente al último libro leído.

 

domingo, 2 de junio de 2019

El dictador i l'hamaca (Le dictateur et l'hamac)

Sin voluntad ni intención alguna, las tres últimas lecturas tienen cierta relación. Mejor dicho, HHhH está relacionada con las dos siguientes: Viure amb una estrella y El dictador i l'hamaca. No es que sea una relación directa, pero si existe. Mientras que con la primera la une el tema de la ocupación nazi sobre Praga, con la segunda, la relación no es de fondo, sino de forma. Con El dictador i l'hamaca la relación es que tanto Pennac como Binet utilizan como van escribiendo la novela y el contenido de la novela para escribir su novela.

Creo que la introducción ha quedado algo confusa, lo que venía a decir es como una tercera novela elegida al azar, acaba ligada con otras dos que sí tenían alguna relación. Bueno, esto era para rellenar mientras pienso qué digo sobre el libro de Daniel Pennac.

Es un libro curioso. Es un desordenado conjunto, en el que van confluyendo personajes según avanzan las tramas y que el autor va recosiendo con la supuesta narración de cómo va escribiendo el libro.

Siguiendo con lo anterior, el libro comienza como si fuera a narrar la historia del ascenso y caída de un dictador en un país imaginario en Sudamérica, donde confluyen política, poder, ambición, mísitca y superchería. Una "bruja" describe el devenir del dictador, que acaba produciéndose, por lo que éste intenta poner remedio poniendo a un doble que se dedique a cumplir con el papel que éste le encarga. Pennac lo explica todo muy rápido, pareciendo una introducción que desarrollará durante el resto del libro. Pues no. La vida del dictador vuelve anecdóticamente durante la narración, ya que a partir del momento de su muerte predecida, son otros los que toman protagonismo. Principalmente, uno de los dobles que decide poner a otro como doble y que sueña con realizar carrera como actor, visto el éxito de su papel como doble del dictador. Pennac narra las penurias de éste desdichado hasta que llega a Hollywood donde acaba muriendo durante una proyección de El gran dictador.

Pero esta parte de la historia no la narra, en su totalidad, el propio Pennac, ni tan siquiera el propio doble, para ello se vale del papel de la joven acomodadora que encuentra el cuerpo inerte del doble al finalizar la película. Y, con este nuevo personaje, se acaba cerrando el círuclo que se inicia con el dictador, ya que acaba vinculando la vida de este doble y de sus sucesores, hasta los dos últimos, unos hermanos gemelos. A uno, el más noble de sentimientos y actitudes, lo asesina el propio dictador de vuelta de su exilio voluntario por Europa (para vivir la vie en rose), mientras que el otro, más ambicioso e inmisericorde, muere a manos de los que orquestaron la operación del dictador y de sus dobles, al intentar un alzamiento, haciéndose pasar por el dictador resucitado, como un ave fénix en búsqueda de una nueva era.

Curiosidad: no sabía como enlazarlo con el resto del texto, pero hay un momento importante sobre la importancia de Chaplin y Rodolfo Valentino en el cine y como simbolizan la fuerza de este nuevo arte (la narración se enmarca a principios del siglo XX). Al igual que significan dos cosas diferentes: el fin de una era, el cine mudo; y la adaptación al mundo naciente del cine sonoro, Chaplin.

Pennac nos hace visualizar el poder en toda su extensión, en como su posesión permite manejar, manipular, engañar, someter y sostener a ciertos intereses de un reducido nombre de personajes, que tienen como máxima ambición controlar todo lo que se mueve a su alrededor para evitar que se produzca el mínimo ápice de cambio. Que el cambio, si es necesario, ya lo pilotarán los que lo han de pilotar y no alguien que no entienda que todo ha de cambiar para que continúe igual. Vaya, el famoso "todo atado y bien atado".

El libro tiene momentos de análisis lúcido y brillante sobre las dinámicas del poder, sobre lo que se cuece a las sombras y espaldas de los pobres ciudadanos, y sobre como el poder controla todo lo que necesita controlar. La conversación final entre el gemelo doble del dictador que intenta montar una revolución y el militar, amigo íntimo del dictador, que acaba tomando el poder es magnífica y la constatación de lo que vale la confianza en confrontación con el valor de conservar la vida.

Al final, para no saber que escribir, me ha salido un texto largo. Sinceramente, animo a que consideréis (si hay alguien que llegue a leer esto hasta aquí) esta lectura.

sábado, 18 de mayo de 2019

Viure amb una estrella (Zivot s hvezdou)

Tras HHhH, como no podía ser de otro modo, he vuelto ha Jirí Weil. El relato compartido por ambos escritores del atentado contra Heydrich y la cita del segundo por el primero me llevó de cabeza a leer lo que hubiese disponible en la biblioteca. Y lo que había disponible era Viure amb una estrella.

Weil nos transporta a la Praga ocupada por los nazis en la que un judío desesperado nos cuenta su día a día, la angustia de vivir bajo el jugo de los ocupantes, con la esperanza desesperante de pasar los días, de no ser el elegido para colmar los transportes que van hacia el este, de no caer en manos de los otros y de su arbitrariedad.

Estamos en los momentos en los que se decide implantar la obligatoriedad de la estrella amarilla para los judíos. La marca para resaltar lo evidente de la segregación impuesta por las prohibiciones y los bandos en las que se publican.

El protagonista, Roubicek, vive entre la desesperación de su condición, la esperanza de sobrevivir un día más, viajando de la realidad a la fantasía, del hoy al pasado, recordando su idilio con Ruzena, que se le aparece como salvavidas de la vida que está llevando. Su vida cambia en el momento en el que acaba trabajando en el cementerio, momento en el que decide que va a pasar desapercibido a pesar de tener que llevar cosida la estrella de David. Este momento coincide con la aparición de un gato vagabundo, algo tangible, real, que sustituye las apariciones de Ruzena, que es recuerdo e irrealidad.

Y qué mejor decisión para pasar desapercibido que quitarse la estrella que lleva como marca. A partir de ese momento, cuándo ha sucumbido a la desesperanza enfermiza que le rodea, las historias y las noticias que recibe no son nada alentadoras, puesto que empiezan a generalizarse los transportes al este, a los campos de exterminio. En el cúlmen de la desesperación, que se da cuenta que no tiene nada que perder, ni su vida, que ya la da por perdida y es el momento en el que comienza a cambiar.

Es en este escenario y con este protagonista como Weil recrea el día a día de los judíos en la Praga ocupada. Desde como deciden quedarse, unos, y marchar los otros. Roubicek se queda, por su apego a lo material, por no dejar atrás todo aquello que compró y, ahora, no puede llevarse consigo. Ese apego es su condena. Lo significativo al comienzo del libro, es que Roubicek decide desprenderse de todo, no poseer nada, para así no dejar nada que sacie el hambre acaparadora de los ocupantes.

Como en las anteriores lecturas que he hecho de Weil, su relato es de una contundencia soberbia. Su espíritu crítico recorre las páginas, sin dejar a nadie a salvo de la crítica. Su diana acaba sobre todos, pero son la mesura de quien sabe distinguir quién es culpable de qué y como es cada culpa. Pero, a pesar de mostrarnos unos tiempos con una perspectiva siniestra que se cierne sobre el horizonte, nunca deja que la esperanza no se abra paso, aunque sea ligeramente, sobre tanta pesadumbre. Roubicek representa ese rayo de luz.

Digno de mencionar, creo que es algo fundamental, es la negación del ocupante, del opresor, convertirlo en la nada a pesar de tener dominio sobre todo y sobre todos. ¿Cómo los consigue? Simplemente refiriéndose a ellos como los "otros", los "extranjeros", despersonalizándolos, quitándoles su singularidad y su origen. Definiéndolos en contraposición con los judíos, con los checos, con los habitantes de Praga. A estos les da un nombre, un apellido, una profesión; a los otros, los anonimiza, los diluye en la maquinaria burocrática y asesina del III Reich y del nazismo.

jueves, 18 de abril de 2019

HHhH

Con los premios literarios y los libros que éstos convierten en superventas, voy con pies de plomo. Soy muy reticente. Si son premios españoles, directamente los descarto, están hechos para venderlos como rosquillas y, sobre todo, aprovechando Sant Jordi (que está al caer).

HHhH es un libro ganador del premio Goncourt, premio francés, que cuando se editó la primera edición tuvo una importante campaña de publicidad. Esto, junto con el hecho de publicarlo una editoral nodriza de Planeta, siempre me plantea recelos (absurdos, puede, pero son míos).

Me decidí al ir rápido a la biblioteca y pasar ante él y tener el recuerdo de las buenas palabras, así que para no deambular, me decidí.

Binet nos adentra en los entresijos de la Operación Antropoide, operación que tenía como objetivo acabar con la vida de Reinhard Heydrich, el Reichsprotektor de Bohemia y Moravia. 

La novela transcurre por diversos caminos que circulan en paralelo y se van cruzando, con constantes viajes a través de la historia para poder contextualizar la situación en cada momento. Binet utiliza el recurso de ir narrando como va componiendo su novela con el contenido de la novela, que no es otro que narrar novelísticamente, son sus imposturas, sus suposiciones, sus realidades y sus licencias, como transcurre la referida operación.

Binet nos cuenta cómo y cuándo se decide a escribir sobre la operación, cómo se va documentando, cómo fabula sobre momentos anecdóticos y caudales en la historia concreta del hecho, como en la de la Europa de ese momento. Al mismo tiempo, realiza un viaje a través de la historia europea de la primera mitad del siglo XX, alargando sus tentáculos hacia tiempos anteriores para comprender como discurrieron los hechos objetivamente comprobados (los Sudetes, la rendición de Hacha, la noche de los cuchillos largos, la de los cristales rotos...)

En el libro se explica el origen de la reclamación alemana sobre los Sudetes, la ascensión del nazismo y su llegada al poder en Alemania, la carrera de Heydrich, la vida de los miembros del comando encargados de ejecutar la Operación Antropoide (Kubis, Gabcik, Valcik), el hecho de la ocupación de Bohemia y Moravia por Alemania y la puesta al mando de Heydrich. Esboza acontecimientos que vendrán más adelante en los que Heydrich tendrá un papel crucial, como es la "Solución Final" al problema judio.

Lectura ágil. Es un libro bien documentado, en el que el autor no pretende hacer pasar sus elucubraciones sobre hechos cruciales o banales como si fuesen ciertos y tuviesen todo el rigor histórico. Es claro cuando imagina unos diálogos que desconoce si existieron o, directamente, reconoce que son inventados. Juega bastante con imaginar un final alternativo a diferentes acontecimientos, como recurso literario, sabiendo cual es la verdadera realidad.

Como anécdota, decir que cita un libro que ya había leído antes Mendelssohn és a la teulada  de Jiri Weil, en el que también se hace referencia al atentado con el cual se acaba con la vida de Heydrich, pero que profundiza mucho más en la realidad de la ocupación nazi y el "problema judío". El libro de Weil es mejor que el de Binet, pero el de este último no lo desmerece.

Creo que lo criticable del libro de Binet es que no incide en lo que realmente es la maquinaria expoliadora del nazismo y su odio visceral hacia los judíos, cosa que en Weil queda mucho más patente. No es que pida una tesis sobre el asunto, pero sí algo más consistente e incisivo.

Habrá que indagar más sobre Binet y sus futuras obras o las publicadas, antes o después de HHhH para saber si hay algo más que un golpe de fortuna.


jueves, 4 de abril de 2019

El fin de semana (Das Wochenende)

Creo que no leía algo de Bernhard Schlink desde sus libros de Selb, un ex-fiscal durante el nazismo convertido a investigador privado. Sabía que el tema de la novela negra lo había dejado de lado, pero no tenía ganas de leer su superventas adaptado al cine El lector, creo que vi la película y me pareció una castaña importante. Ya sé que no tiene nada que ver, pero es bastante desmotivador.

En un intento de facilitar la reinserción de su hermano tras salir de la cárcel por pertenecer a la RAF y de acabar con el remordimiento por entregarle a la policía, Christiane organiza un fin de semana al que convoca a los antiguos compañeros de lucha de su hermano Jörg.

El libro discurre entre las interrelaciones entre todos los asistentes, con referencia y retornos a los años de lucha clandestina y contra el capitalismo. Interrelaciones que son bastante superfluas en el desarrollo del libro. El fondo del libro es tratar el sentido del terrorismo y la lucha armada como vehículo principal en la lucha revolucionaria en la Alemania de los años 70. Schlink transita entre el individuo al que se le arrebata violentamente la vida, su familia y las motivaciones para hacerlo. Esto lo ejemplifica en la figura del hijo de Jörg, que odia a su padre por aquello que hizo y ha dedicado tiempo en conocer a los familares de las víctimas y comprender, sin entender, las motivaciones de su padre.

Le he encontrado otro enfoque a esta lectura, que es la constatación de la derrota de la vía revolucionaria, reflejada en todos los antiguos camaradas de Jörg. Todos tienen sus ocupaciones y su posición social, incluso una compañera es obispa protestante, todos han sido engullidos por el sistema. Unos por tener unas convicciones menos firmes, otros por miedo a dar el paso hacia la lucha armada y otros por la simple inercia y el poder arrollador de luchar contra lo establecido.

Entiendo el acto de contricción sobre unos años de plomo, pero creo que es bastante simplista su perspectiva. Reduce a la víctima a su condición esencialmente humana, de persona, sin contextualizarla en su esfera de responsabilidad social, política o económica, abstrayéndola de una dimensión que tiene una potencialidad de influencia sobre la vida de una multitud de vidas. Creo que poner en contexto a esas personas no hace que la crítica sea menos potente, simplemente la hace más creíble.

En cambio, la acción opresora o defensiva del estado para su pervivencia, queda muy diluida, como anecdótica, pasa de puntillas con definiciones muy genéricas, sin detallar víctimas y porqué lo fueron. Son alusiones genéricas al poder y sus mecanismos, el papel de la cárcel, básicamente.

Es un libro con interesantes reflexiones sobre todo lo relacionado con la lucha armada, su sentido y sus consecuencias. De balance y de ajustar cuentas con el pasado, para intentar comprender o por simple curiosidad más o menos malasana.

Creo que el personaje de la hermana está sobredimensionado, opinión muy particular. Y, sobre todo, el sentimiento de culpabilidad por haber sido la denunciante y esa constate lucha por conseguir que nunca se sepa. Hay momentos en que este objetivo ocupa demasiada parte de la trama, pareciendo algo casi infantil.

(Por aquí debería ir la ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional y una foto de la portada, pero últimamente me está costando escribir y estos detalles me dan cierta pereza. Espero volver a coger el ritmo y las costumbres.)