miércoles, 18 de abril de 2018

Mendelssohn és a la teulada

Con novelas de la Guerra Civil Española y la vida de los judíos durante el nazismo y la II Guerra Mundial, podrías pasarte una vida entera leyendo y no acabarte la literatura existente. No hay que buscarle doble intención a esas palabras, solo es la muestra de la magnitud de esos hechos sobre la producción literaria.
A Jirí Weil no lo conocía, no tenía ninguna referencia y la literatura alrededor de los temas introducidos, no entra en mis preferencias. Creo que el ser un escritor checo y que la trama girase alrededor de Praga, fueron lo que me hicieron decidirme.


La novela tiene dos partes diferenciadas. En la primera, partiendo del encargo a un trabajador del ayuntamiento para la retirada de la estatua de Mendelssohn del tejado de una sala de conciertos, por su condición de judío. La segunda parte comienza con el atentado y la muerte de Heydrich y la aplicación sistemática de la "solución final".
La primera parte tiene un tono más amable, dentro de las circunstancias de la ocupación alemana, a pesar que el Protectorado de Bohemia y Moravia era considerado parte del Reich. La anécdota con la que comienza, el encargo de retirar la estatua del compositor, pero no saber cual es la estatua a retirar, que lleva a que un botarate de las SS vaya al gueto a pedir un sabio judío para que lo identifique. Desde el gueto, les envían al que consideran al más sabio, pero no desde el punto de vista del conocimiento intelectual y cultural, sino a un experto en todo lo que rodea a la religión judía. El resultado, que desconoce quien es Mendelssohn, por lo que la estatua continúa allí.
La segunda parte describe más detalladamente la situación de presión, opresión y sumisión de la ciudad, en general, y de los habitantes del gueto, en particular. La novela es muy coral, no hay un protagonista, sino una procesión de éstos, de todo tipo y condición. Los personajes representan a tres grupos, básicamente: nazis ocupadores, judíos y, en menor medida, checos.
Esta variedad de personajes le sirve a Weil para construir los tipos de relaciones que se establecen entre estos tres tipos de personas, tanto entre ellos, como entre unos y otros. Además de esta construcción relacional, nos encontramos con el conflicto interno personal de cada uno de ellos, sobre todo, de los que están obligados a colaborar, que sabiéndose traidores o pecadores, lo hacen para salvaguardar vidas ajenas más que las propias.
Esta variedad tiene sus ventajas e inconvenientes. La ventaja más clara es que nos permite conocer el sinfín de relaciones que se establecen, voluntaria o forzosamente, entre todos los personajes; como conocer los dilemas morales o las prioridades vitales de todos los personajes. El inconveniente es que tanta coralismo lleva a que el relato se diluya y se difumine sin una trama clara. Quedando como hilo conductor, el paso del tiempo, las incertidumbres para los judíos y, hacia el final, la inevitable derrota nazi.
Creo que para su extensión, no pasa de 300 páginas, hay mucho material para la reflexión. Desde los horrores de la guerra, la ocupación, el hambre, la miseria hasta la esperanza, el miedo a la inacción, la falta de capacidad de reacción.
La novela no deja de ser un reflejo de las muchas contradicciones que conforman la vida humana, desde todas las perspectivas. Weil lo materializa, por un lado, en la depredación sistematizada de la ocupación nazi y, por el otro, por las esperanzas de los colaboradores por obligación.
La primera contradicción es que la ocupación está organizada de tal manera que su último fin es el expolio. Todo está detallado, listado e inventariado, pero a la vez, entre tanta jerarquía, método y listados, está la arbitrariedad del uso de la fuerza y del poder, en tanto se tiene una situación prominente y que usa la muerte, no como una amenaza, sino como una forma de solucionar o agilizar los problemas. Esta arbitrariedad es la que provoca que toda la organización sea menos eficiente de lo que se supone. Una cuerda y los ferroviarios son los ejemplos claros en la novela. Los mozos que tienen que retirar la estatua de Mendelssohn se quedan con una buena cuerda que, supuestamente, está correctamente inventariada y que si ha salido de un almacén ha de volver. Pero la ira ante los problemas para saber cual es la estatua a retirar hace que en esa perfecta maquinaria haya una pequeña grieta. Los ferroviarios son un problema mayor. Su papel imprescindible para mover el enorme contingente que suponen las tropas y su intendencia entre los diversos frentes, separados por miles de kilómetros, los hace poco menos que intocables, y por ello, toda la programación y planificación de los jerarcas nazis tropieza con la voluntad de los ferroviarios. Éstos pueden hacer desaparecer parte de la carga, transportar a personas sin conocimiento de las autoridades, ralentizar la marcha.
La contradicción en los colaboradores forzosos es la de la esperanza, a pesar de saber que su destino está marcado, en que podrán salir airosos de esta situación. Bueno, es doble contradicción, la de estar trabajando para aquellos que lo que pretenden es exterminar a los de tu misma etnia. Esto se refuerza con el papel de la religión y, sobre todo, el papel del pecado y su peso en cada uno de sus actos.
La esperanza siempre sobrevuela sobre aquellos que tienen su destino más que sentenciado: reos, judíos y colaboradores. Todos saben como acabarán, pero confían que en la arbitrariedad y las formas macabras de actuar de los nazis habrá un resquicio por el cual poder escapar. 
Hay un par de cosas más a destacar. Por un lado, la vida de los que se han de ocultar y los que les dan ayuda para poder seguir ocultos y, por otro lado, la sensación de Praga como un remanso de paz fuera de la locura de la II Guerra Mundial.

Pd.: Acabo de comenzar otra lectura, pero después de leer esta, es para coger el libro y mandarlo a la mierda, de momento. Muchas veces la lectura del siguiente libro define la magnitud de la lectura anterior.

lunes, 2 de abril de 2018

El número 11

Coe nunca decepciona, quizás en La lluvia antes de caer, pero ni en ese caso, a pesar de ser un libro que no tiene que ver con sus novelas precedentes. En este caso, es una mezcla entre relatos y novela, los capítulos en los que se divide el libro son bastante independientes, podrían funcionar como relatos o cuentos, pero están enhebrados por las protagonistas y por un número, el once, como queda claro en el título. El once es púramente anecdótico, pero es recurrente.


Los sucesivos capítulos o episodios nos narran situaciones que comparten las dos amigas, Rachel y Alison, pero que solo coinciden al inicio y al final del libro. 
El libro es un círcular, podría decirse, ya que el inicio del libro y el final son los momentos en los que coinciden los dos personajes eje y además en el mismo espacio o entorno, el pueblo de los abuelos de Rachel. La vida, las circunstancias, las decisiones, los malentendidos las van llevando por caminos divergentes y, a lo largo de la narración, se van convirtiendo en el eje sobre el que pivotan el resto de historias. No son protagonistas absolutas, pero sin ellas no tendrían sentido esos personajes.
Podría resumir, hasta donde mi única neurona llegue, cada episodio, capítulo, cuento o relato, desde el primero en el que ambas están pasando unos días en casa de los abuelos de Rachel y tropiezan con un singular personaje que habita una extraña casa (el número 11 de una calle), que provoca unas especulaciones en la mente de las dos niñas, especulaciones sin fundamento; pasando por la participación de la madre de Alison en la versión inglesa de Supervivientes, ya que tuvo un cierto éxito con una canción en los 80, motivo por el cuál recurren a ellas; hasta el reencuentro final de ambas, en el que Rachel va a visitar a Alison a una prisión, en la que cumple condena por defraudar al estado al cobrar unas ayudas que no debería, por no haber declarado unos pequeños ingresos.
Lo más interesante del relato, del conjunto de la novela, son las situaciones, los personajes y los comportamientos que Coe va dejando durante toda la narración. Creo que a muchos intelectuales y, ya no digo tertulianos, los adelanta por cualquier dimensión al realizar una análisis y una critica de la sociedad urbana actual. Sí, digo urbana, por que es la que se considera la sociedad tipo y típica de la sociedad occidental.
Así, a bote pronto, reciben su correspondiente dosis de ironía, crítica y vituperio la educación, la sanidad, la prensa, la televisión, la gestión de los recursos públicos, las políticas culturales, la policía, el empleo, la política, la justicia, el sistema universitario, la monetización de lo intangible y lo sentimental.
Lo hace en muchas ocasiones usando dos antagonistas extremos: una familia multimillonaria contra Rachel, que a su vez es una excepción, licenciada en Oxford, por méritos no por posición económica; o en la celebración de una entrega de premios, en la que coloca a un sencillo inspector en una suntuosa ceremonia, de tal soberbia, que el menú, en lugar de ser una hoja, es un actor en el centro de la mesa, que va describiendo los platos mientras son servidos.
Y, el dinero, esa adicción, necesidad y ansiedad que provoca el tenerlo o no tenerlo. A lo que aboca a quien no lo tiene, que ha de acceptar cualquier trabajo bajo cualquier circunstancia, teniendo que renunciar a hacer lo que moralmente debe hacer, por no perder un trabajo. O las locuras, caprichos y excentricidades de aquellos que lo tienen. El absurdo se concreta en la petición de la mujer del potenciado para los hijos del cual, Rachel, hace de institutriz. Le pide a un arquitecto que le haga un sótano con, no podía ser de otro modo, once plantas, a todas les da una utilidad salvo a la última. Lo cual lleva al arquitecto a preguntar a la señora que para qué la quiere. Ella le responde, nadie tiena un subterráneo con once plantas.
Seguramente, en la mayoría, por no decir en todos, los libros que he leído deben haber alusiones, guiños o, directamente, citas a otros libros o literatos, pero yo no los suelo pillar, salvo las citas que son explícitas, pero que en la mayoría de casos no las conozco. Pero esta vez he pillado el guiño a Alicia en el país de las maravillas. A ver, tampoco había que ser ningún genio para pillarla. Cuando Rachel entra a trabajar, como interna, la casa del millonario está dividida en dos zonas: la de la familia y la del servicio. Para pasar de una a otra, se accede por una habitación que está separada por un espejo.
El final de la novela es singular, no sé qué sentido tiene, salvo el de una justicia invisible o el de materializar los sueños o los miedos de Rachel, pero es, en cierto modo, desconcertante.
Leo a Coe y cuando voy a la biblioteca y veo a escritores de aquí, entro en pánico, ya que creo que no puedan acercarse lo más mínimo a un tipo de narrativa como esta. Una narrativa que no es pomposa, ni recargada, todo lo contrario, un lenguaje claro y sencillo, sin excesivos alardes descriptivos.
Cuando la duda me embargue en la biblioteca, creo que será mi salvavidas particular.
Por cierto, el título completo es El número 11: fábulas que ilustran la locura, más acertado no puede ser.

lunes, 12 de marzo de 2018

Capitalismo canalla.

El problema con los ensayos es como escribir sobre ellos, ya que su linealidad no depende de unos personajes, de la descripción de un hecho, depende del tratamiento que da el autor al tema sobre el cual vierte su punto de vista y su ideario. Así que esta entrada no será al uso, si en las anteriores deambulo sin brújula, en este caso la desorientación será mayor. No por el autor, sino por el que avoca sus pensamientos en estas líneas.

La originalidad del ensayo, no siendo yo un lector de este tipo de escritos, se halla en el uso de la literatura para ir describiendo la relación que durante siglos han ido estableciendo el capitalismo con la fuerza de trabajo y las relaciones sociales.
Se van estableciendo ejemplos literarios de cada paso hacia la normalización del capitalismo como forma eficiente de organizar la sociedad, cómo la literatura sirve de soporte justificativo de esta evolución y de que es el camino correcto y civilizado.
De igual manera, se intercalan ejemplos de lo contrario, de la literatura como vía crítica de la deriva que van tomando las relaciones sociales tradicionales al verse sometidas a las embestidas del capitalismo y las nuevas formas de vida basadas en el consumismo y la venta de la fuerza de trabajo como único capital de los trabajadores.
Rendueles concluye que el capitalismo arrasa con las forma de vida comunitaria tradicionales, que tiene que recurrir a la fuerza de la ley o de las armas, para poder conseguir que el máximo de mano de obra existente acabe en las dinámicas productivas del capitalismo. Relata cómo estas formas tradicionales fueron el freno a una más pronta expansión de este sistema productivo y qué mecanismos se van introduciendo para producir el cambio, tanto productivo como sociológico. El desamparo material como culmen de ese cambio, que obliga al desarraigado de sus formas tradicionales de subsistencia, a abrazar la nueva organización del trabajo, al que tiene que dedicarse en cuerpo y alma, para poder sostener al primero.
Nos propone como solución, o como atenuación, el volver a la esencia de esas formas tradicionales de soporte y solidaridad comunitaria, vía elementos de democracia, que la desregulación que tanto ansía y está consiguiendo el capitalismo actual, se vea atenuada por unas formas participativas que permitan un sostén material mínimo de toda la sociedad, que el ser humano no haya de envilecerse por conseguir ese sustento.
Se puede estar más o menos de acuerdo con lo que nos expone, pero el análisis es lúcido y coherente, bueno a mí me lo ha parecido. Pero ello no es óbice para criticar un aspecto sobre la percepción de las comunidades tradicionales y su papel como red de soporte. A veces da la sensación de que es la alternativa al capitalismo y al progreso, sea material o intelectual, pero esas comunidades tradicionales y su red asistencial encierran, a mi parecer, un cierto encorsetamiento que no permite el desarrollo de libertad personal, sobre todo en aspectos de libre pensamiento y discrepancia. Esa cohesión social y de sustento tiene un peaje y parece que es ése.
Nunca lo he hecho, pero pongo un par de tuits comentado un par de cosas sobre el libro.


Creo que el primero tiene más sentido que el segundo.

Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

jueves, 1 de marzo de 2018

Las vidas de Dubin.

Me recomendó un conocido que leyese El dependiente de Bernard Malamud. Fui a la biblioteca y lo que me encontré fue Las vidas de Dubin. He de confesar que al leer la sinopsis de la contra no estaba muy convencido. Pero prevaleció la recomendación y nos metimos en harina, no con el libro, pero sí con el autor.

Malamud nos narra la vida de William Dubin, un escritor especializado en biografías, durante el proceso de elaboración de la biografía de D. H. Lawrence. Durante este período, Dubin sufre una continuación de crisis personales, que le llevan de la más absoluta depresión a una euforia incontenible.
Todo se desata en el momento en que Kitty, la mujer de Dubin, contrata a una joven estudiante para que la ayude con las tareas del hogar, un par de días a la semana, Fanny.
Dubin observa, de vez en cuando, como Fanny realiza su trabajo y se pregunta cómo una chica tan atractiva acaba trabajando como empleada del hogar a tiempo parcial. 
Fanny, unos treinta años menor que Dubin, se le acaba insinuando, pero es rechazada por Dubin ante tanto descaro, lo que provoca que deje de trabajar en su casa.
Curiosamente, el rechazo de Dubin, la marcha de Fanny y un encuentro casual hacen que Dubin se sienta tremendamente atraído por Fanny y decida iniciar una relación con ella. Esto desemboca en un viaje a Venecia, donde Dubin pretende culminar su flirteo en la cama del hotel. Durante ese viaje, Dubin cree haber visto a su hija acompañada, de forma muy cariñosa, por un hombre mayor, de la edad de Dubin, lo que provoca una reacción de ira en él, y la búsqueda de su hija por los canales, para confirmar su sospecha. Tras fracasar en la búsqueda de su hija y tras diversas indisposiciones de Fanny, no llegan a consumar su pasión, lo que frusta a Dubin, sobre todo, cuando se encuentra a un gondolero entre las piernas de Fanny en la habitación del hotel. 
Antes de volver a casa, Dubin pasa por Suecia, donde vive su hijastro que desertó del ejército antes de ser enviado a Vietnam. El encuentro no es satisfactorio y añade otro peso más a la mochila emocional de Dubin.
Con la llegada del invierno, la depresión y el deseo carnal se apoderan de Dubin, lo que supone un obstáculo para desarrollar su obra magna, la citada biografía de Lawrence.
Un encuentro casual, o no, con Fanny pasado el invierno es el detonante para que Fanny y Dubin inicien una relación amorosa. Dubin colmata su vida de mentiras y excusas dirigidas a su mujer para poder robar a su vida horas que compartir con Fanny, principalmente en el lecho. El deseo satisfecho y el placer recibido van socavando el matrimonio Dubin, pero refuerzan la productividad de Dubin en la biografía de Lawrence.
La necesidad de tener más tiempo a Dubin provoca en Fanny una insatisfacción que no está dispuesta a soportar, lo que se traduce en un ultimátum. Lo que provoca el retorno de la depresión, esta vez acompañada de impotencia sexual con su mujer.
Toda esta sinopsis sobre lo que ocurre, es una visión muy general, ya que la novela está trufada de referencia a la vida de los escritores idolatrados por Dubin y por la relación con la gente con la que comparten vida social.
Malamud hace discurrir la vida de Dubin como una biografía, como uno de esos libros que conforman su actividad y su vida. Las referencia de Dubin a la vida de otros, para aprender cómo comportarse, analizar que decisión tomar, ver de qué manera actuaban grandes literatos ante situaciones similares es constante. Es un vivir a través de la vida de otros, es analizar los actos, propios y ajenos, a través de los ojos de un tercero que yace largamente bajo tierra, que vivía una época que poco tiene que ver con la suya. Hay momentos en los que parece una biografía de biografías, en las que describe la vida de todos aquellos que le rodean, o de los miembros de su familia que acabaron marcando su vida.
La obra es bastante intemporal, parece una contradicción con la frase anterior, pero lo es en el sentido que los temas que trata son bastante transversales en la historia, ya que pertenecen a la esfera de las relaciones sociales, las emociones y los sentimientos. Es el entorno social y las costumbres de cada época a lo que me refería antes.
Es una obra que trata sobre el tiempo pasado y el tiempo perdido, sobre hedonismo, sobre el placer y el deseo, satisfechos e insatisfechos, sobre la traición, la infidelidad, sobre los celos, vamos, un decálogo de los sentimientos y deseos del espíritu y el cuerpo.
Malamud hace que Dubin esté constantemente acosado por dilemas morales: la pertinencia de su relación con una joven treinta años menor; los celos que experimenta en su ausencia y que proyecta en un sentimiento de posesividad enfermizo; la infidelidad y la traición consciente hacia su mujer, a la que añade la improcedencia de cualquier escarceo amoroso por parte de ella, que cualifica como traición; la inmoralidad e improcedencia de la relación de su hija con un hombre treinta años mayor, paralelismo absoluto a su relación con Fanny, pero que encuentra indecorosa, irracional, impertinente, censurable, inadecuada, calificativos todos que obvia al reflexionar sobre su relación extraconyugal.
También está presente el sentido que toma el matrimonio una vez ha consumado su principal función biológica, la reproducción de la especie. El hecho del abandono del nido por parte de los hijos y su falta de noticias y comunicación, como algo que socava los cimientos sobre los que se asientan las parejas.
Malamud consigue urdir una trama que consigue mantenerte expectante, que a pesar de momentos de disgresión intelectual o de excesiva recreación en los paisajes. Consigue crear un personaje antipático, pero no al que guardarle rencor, ya que hay pasajes en la novela en la que sufre el castigo pertinente por su forma de actuar.
Volverá a tomarle la pista a Malamud, para confirmar, o no, las sensaciones de este libro.

viernes, 2 de febrero de 2018

El gran salto

Pues llegaron los Reyes, que son los padres, la parienta, tu primo, tus hermanos, el jefe o compañero o tu tarjeta de crédito (digo esto por que no lo va leer ningún niño, bueno ni ningún adulto) y dejaron esto bajo mi ventana, El gran salto de Jonathan Lee. Coges la contra, te miras la reseña y te marcas unas expectativas, crees que la novela tomará un camino. Gracias, Jonathan por destrozarlas.


La novela discurre en dos lugares y dos momentos: Belfast y Brigthon. En 1979-80 y 1984. Los protagonistas indiscutibles son Dan, un joven norilandés católico que milita en el IRA; Moose, el subdirector del Grand Hotel de Brighton y Freya, la joven hija de éste que está en el tránsito de la adolescencia a la edad adulta.
Con estos mimbres nos encontramos, en un primer momento, con Dan y su voluntad de ingresar en el IRA, como la manera de reaccionar ante la vida habitual de los católicos en la Irlanda del Norte de los 70 y principios de los 80, cuándo más se recrudece el enfrentamiento entre republicanos y lealistas y la propia metrópolis. Dadas sus habilidades, Dan compagina su vida de electricista y manitas con la de artificiero del IRA, y tras algunos trabajos, se le encarga formar parte del grupo que quiere acabar con la vida de Thatcher, durante la convención tory de 1984 en Brighton.
Por otra parte tenemos a Moose, subdirector del Grand Hotel, lugar donde los torys celebrarán la convención de 1984. Convención en la que pone todas sus energías y esperanzas para poder dar un paso definitivo en su carrera profesional, conseguir ser director del Grand Hotal y conseguir un retiro dorado en algún otro hotel fuera del Reino Unido.
Y, por fin, está Freya, la hija de Moose que está acabando el instituto y que no tiene nada claro que hacer con su vida, que duda, constantemente de tomar el camino de la universidad.
A pesar de la notoriedad del hecho real, el atentado contra Thatcher en 1984, Lee lo utiliza como el escenario en el que desarrollar la vida, las vivencias, los anhelos y frustraciones de estos tres personajes; lo utiliza para describir la situación del Reino Unido durante aquellos años. Aunque apenas aparece, Lee consigue que Thatcher esté presente, para los tres personajes, como objetivo, para Dan; como billete para su futuro, para Moose; y, como frustación, para Freya.
Lee prescinde de los detalles de la preparación del atentado, de los detalles de la ejecución del mismo, para mostrarnos las vidas corrientes de estos tres personajes, que no tienen nada que ver, pero que se acaban relacionando. El atentado, sabiendo cual será el final, marca el ritmo de narración, dotándolo de una tensión constante, que hace que el interés por saber cual será el destino de los protagonistas, refuerce la narración, siempre teniendo presente que el atentado es totalmente anecdótico para el escritor, que su interés se centra en la vida normal de los protagonistas.
Creo que es una novela sobre frustraciones, en todos los protagonistas, las expectativas quedan marcadas por el atentado, directa, en el caso de Dan, o indirectamente, en el resto de protagonistas.
Respecto al tratamiento del personaje de Dan, Lee podría haber sido más políticamente correcto, haber sacado las aristas duras del personaje y tratarlo como un vulgar criminal, pero en lugar de eso, describe el mundo en el que vive, él y los católicos de Belfast, como los acontecimientos hacen que la única vía de lucha sea intentar entrar en el IRA para hacer algo, para, por lo menos, intentar responder al acoso en el que viven. Pero es consciente de que la voluntad de hacer algo tiene un precio, es un precio que arrastra en su conciencia, sobre todo, al ver que el objetivo de su plan no se cumple. Las dudas morales de Dan se desarrollan durante toda la novela. Cuando tiene que ejecutar un plan, siempre quiere que no haya víctimas civiles, cuando pide ayuda para que le libren del acoso de algún policía, por golpear a su madre, esa duda sobre si la actuación es correcta, le sigue minando.
Moose es el ejemplo de la frustración tras dejarte la vida en un sueño y generarte una expectativas que se verán frustradas en un instante. Su obsesión con el hotel hace que su relación con su hija se enfríe. Su obsesión por que su hija vaya a la universidad, es otro ladrillo a cargar en la mochila de la relación paterno-filial. Y todo explota en dos momentos: cuándo sufre un ataque al corazón, que le supone alejarse del hotel y la convención y sufrir por su sueño; y, cuándo comenzada la convención, justo antes de recibir a Thatcher, uno de los miembros del séquito de la Dama de Hierro, le comunica que el nombre del futuro director, que no será él. Esta frustración es el final de una vida de reveses: de posible estrella deportiva local, al anonimato; de tener una atractiva esposa a ser abandonado por alguien llamado Bob; de estar enamorado de una compañera de trabajo a perder toda esperanza por boca de ella misma.
La frustración en Freya es llegar a la edad adulta. Querer tener novio, pero no saber lo que quiere y si lo quiere con quien está; el verse presionada por ir a la universidad; la falta de compromiso social que le reprocha una amiga; el cómo encajar con el resto.
Creo que lo realmente original de la novela es dejar el atentado en una mera anécdota dentro de las vidas de estas personas, a las cuales acaba marcando profundamente. Las vidas y vivencias de este trío desborda al hecho, consigue plasmar el ambiente en el que estas personas viven su día a día, deja patente que son personas normales, con vidas corrientes y problemas que hay que ir resolviendo sin más.
No sé si tiene esa intención, pero creo que quiere poner en valor la vida de aquellos que sufren el atentado, directa o indirectamente, pero que son los olvidados, que nadie les pregunta ni les consulta, que solo importan para tener un rédito político y que su día a día no cuenta, solo cuentan como un número que arrojar a la cara del alguien.

viernes, 12 de enero de 2018

Perros salvajes

Cuando vas a elegir un libro con prisa, rápidamente, no te para a pensar en exceso, va a los nombres que se te pasan por la cabeza a la primera, "tus clásicos", que nada tienen que ver, habitualmente, con los que se definen como clásicos de la literatura universal. Rankin y su inspector Rebus es uno de estos "clásicos".


En esta ocasión Rankin nos explica dos historias que acaban convergiendo en Rebus. Un Rebus que ya está jubilado, pero al cual, los acontecimientos acaban convirtiendo en la fuerza motriz sobre la que se desarrollan.
Por un lado, está el asesinato de un importante político y jurista escocés y por otro, una operación de seguimiento de un gangster de Glasgow, que está de gira por toda Escocia y está, en esos momentos, en Edimburgo. La implicación de Rebus se materializa cuando su viejo rival, el gangster local Cafferty, es atacado pero no admite la situación, y la antigua colaboradora de Rebus, Siobhan Clarke le pide a este que intente hablar con Cafferty para que le explique la versión real de los hechos. Ambas tramas van cruzando personajes constantemente, ya que hay quien cree que el gangster del Glasgow está implicado en el ataque a Cafferty.
Rankin lleva a Rebus de arriba a abajo, de un lado a otro para intentar averiguar quién asesinó al político y si es el mismo que atacó a Cafferty. Intenta buscar el nexo, que aparentemente no existe, que lleve a una misma persona a atacar a dos personajes tan opuestos. Durante la investigación, Rebus y Clarke consiguen relacionar un segundo asesinato, de un ganador de la lotería, con el primero. Pero no es hasta que Cafferty le realiza una confesión a Rebus, que se consigue establecer la conexión real.
Seguir explicando detalles es reventar el libro, que por mucho que le hayan dado el premio RBA de novela negra, pues no es de lo mejor de Rankin. 
La trama del equipo de seguimiento de Joe Starks, el gangster de Glasgow, que va a la búsqueda de algo que le robó un transportista, nos lleva hacia el control de territorios, a la sucesión generacional, cómo la delincuencia evoluciona, en el fondo y en la forma, pero con el mismo objetivo, controlar todo aquello que da dinero y que la ley  lo persigue. Aquí se trata de los infiltrados, de hasta donde dejar actuar antes de intervenir, del peligro de pasarse al otro lado... En esta trama, es importante Malcolm Fox, protagonista de otro libros de Rankin y que también aparece en otras entregas de Rebus.
La otra trama, la de los asesinatos y el ataque a Cafferty nos acaba llevando al encubrimiento de actitudes reprobables, repugnantes y vergonzosas, como son los abusos a menores y, lo que es más terrible, el uso de las instituciones públicas de acogida de menores usados como parques recreativos de depredadores sexuales que son la flor y nata de la sociedad: políticos, magistrados, policías, burgueses... personajes que gozan de una respetabilidad y, sobre todo, de contactos para poder satisfacer sus apetitos y bajos instintos.
En esta novela, la familia tiene un papel muy presente: el padre de Malcolm se encuentra en las últimas, lo que provoca en él una serie de sentimientos encontrados y un cierto tour de force con su hermana. Igualmente, Joe Starks, que lleva a su hijo en su viaje, acaba con el shock del asesinato de su hijo, sobre el que tenía ciertos reparos por su ambición y un recuerdo sobre la madre de éste, fallecida tiempo atrás y a la que añora. Incluso Rebus, tiene un ataque de "familismo". En una de sus búsquedas acaba viajando a la zona de Escocia donde viven su hija y su nieta, a las que visita y que tiene un pequeño rincón en sus pensamientos y corazón. Y, sobre todo, la relación familiar que se establece entre uno de los adolescentes víctimas de los abusos y su hijo, y el porqué de su comportamiento.
Creo que la novela es justita, no está al nivel de las primeras, Rebus ya no es el personaje que se nos presentaba hace más de una década. Creo que está poco explotada esta versión jubilada, podría ser mucho más agrio, más cínico, con una mirada mucho más crítica de todo, sobre todo desde el punto de vista de la experiencia y del tiempo pasado, esa mirada que te da el paso del tiempo, esa perspectiva que abarca un campo de visión de largo recorrido. Da la sensación de encargo, de personaje agotado, de intentar seguir dándole vida, por no saber como matarlo. Igual no hace falta, solo hay que dejar que, como todo lo viejo, acabe en el baúl de los recuerdos, hasta que alguien recupere su recuerdo, o no.

martes, 19 de diciembre de 2017

La finestra alta

Súbita incursión a la biblioteca, sin saber que elegir e ir a lo fácil, un clásico de la novela negra, Raymond Chandler, y un título que no había leído, La finestra alta (The high window) y para adelante.
Novela donde el protagonista es el inefable Philip Marlowe y el escenario la ciudad de Los Ángeles.


La novela nos dibuja el típico lienzo de los bajos fondos que, ¡oh, sorpresa!, siempre acaba mezclado con gente bien y con posibles.
En esta ocasión, Marlowe es contratado para que encuentre una moneda de coleccionista y a la mujer, actriz de variedades, del hijo de una adinerada viuda, de la que sospecha como sustrayente de dicha moneda.
A partir de aquí la trama se va desarrollando, llevando a Marlowe a través de los escenarios típicos de los otros barrios que rodean la meca del cine. Trata con todo tipo de personajes: actores retirados, actrices de cabaret y variedades, coleccionistas y compradores de monedas, hampones de medio pelo (italianos, como no podía ser de otra manera), chantajistas, borrachos, ascensoristas, secretarias... un variopinto reparto de personas que viven haciendo equilibrios en la fina línea roja que separa lo legal de lo menos legal y, que cuando tropiezas, te lleva hasta el crimen.
Durante la investigación, tropieza con más de un cadáver, que lo es ajeno a su voluntad, y que complica las investigaciones de Marlowe pero que a su vez, aclara el horizonte de lo que realmente esconde todo el encargo.
Como siempre, Marlowe acaba encontrando el hilo que necesita para esclarecer todo lo turbio que rodea a su encargo y, como siempre, las verdaderas razones que el cliente quiere ocultar tras un simple trabajo.
Lo que me gusta de este tipo de novelas es que nos desnuda unos hábitos que se cree que son más modernos, básicamente, el consumo de drogas. La tan endiosada cocaína de lo 70-80 ya corría, quizás no tan abundantemente, durante la primera mitad del siglo XX por los bajos fondos o los lugares de ocio de aquellas sociedades.
Es a su vez, un reflejo de los modos sociales, de los hábitos de relación, de como se asume como algo normal, partirle la cara a tu mujer durante una discusión. De como el rol de sumisión de la mujer, ya sea como pareja o mujer, ya sea como empleada, se vea como algo normal, incluso, como una cualidad destacable. 
Como siempre, está presente el tan recurrente guardar las formas, que aunque seas lo más lamentable o deleznable de la familia, por lo menos que no lo parezca, que cualquier rumor que corra, sea fácil de desmontar.
Creo que es lo que más me interesa de este tipo de novelas en general, el dar luz sobre todos aquellos oscuros rincones del alma y de la sociedad, desnudar las vergüenzas de la humanidad tomando como excusa la lucha del bien y la justicia contra el mal y el crimen. 
Chandler supera a muchos escritores actuales (lo cuál no es difícil) en que el método no es lo más importante, sirve para intentar dar coherencia al relato y no aparezcan lagunas por todos los lados, lo importante es mirar hacia donde muchos otros deciden dejar de mirar y, menos todavía, explicarlo de manera más o menos directa. Ese es el acierto de muchos de los clásicos del género, que ven y no callan.