viernes, 3 de agosto de 2018

GB84

Desde que por primera vez cayó en mis manos un libro de David Peace, gracias a una reseña de un diario sobre nuevos "Conan Doyle", creo que he devorado todo, salvo Damned United, pero no creo que tarde, a pesar que no soy muy de literatura deportiva, gustándome como me gusta el fútbol. Acabada la tetralogía de Red Ridding Quartet y los dos primeros volúmenes sobre la trilogía del Tokio ocupado, tocaba esta lectura, que todavía no estaba disponible en la biblioteca en un idioma que me fuera comprensivo.


Como todas sus obras es complicada de reseñar, no por falta de argumento, ni de las situaciones narradas, sino por lo complicado que es establecer un hilo conductor en la narración. Construye el relato a base de brochazos que acaban construyendo un gran lienzo, de dimensiones descomunales, como esos grandes murales que alaban las grandes revoluciones. A pesar de la dificultad, Peace nos ayuda estructurando el relato como un dietario o un diario, a parte de dividir la historia en dos grandes bloques: por un lado, y con un formato a dos columnas, el día a día de dos mineros que están en los piquetes; y por el otro, el desarrollo de los acontecimientos durante la huelga, en la que intervienen los protagonistas de esta histórica huelga, tanto los que deciden y coinciden con los protagonistas reales, como otros que son complementarios y que entiendo que son ficticios, que son los que convierten el relato en novela.
La novela pretende ser una crónica ficcionada de la huelga de los mineros ingleses contra el intento de Thatcher de cerrar minas y privatizar la empresa pública que las explotaba.
Como conductores del relato tenemos a una lista de personajes que se mueven por todos los escenarios posibles: uno de los miembros de la dirección del sindicato de mineros, Terry Winters, que es el encargado de llevar la contabilidad; Stephen Sweet, alias el Judío, un hombre para todo, que actúa para el gobierno de Thatcher, moviéndose entre las sombras para conseguir que la huelga acabe con una sonada derrota; Neil Fontaine, chófer y hombre para todo del Judío, que se encarga de poner en práctica los planes "alternativos" del Judío; El Mecánico, un ex-militar que estuvo destinado al Ulster, a Rodesia, que trabaja para la policía o para el mejor postor, que se dedica a la guerra sucia que tiene planeada el Judío contra el movimiento sindical. Junto a estos "narradores del conflicto" desde la dinámica de la lucha, negociaciones, conversaciones, tenemos a dos miembros de los piquetes, que narran, a modo de diario, el día a día de la huelga: desde los aspectos más personales, como sobrevivir a esta situación, las tensiones familiares, las dificultades para afrontar el día a día, las factura pendientes; hasta los aspectos de la lucha sindical pura y dura: el día a día en los piquetes, las manifestaciones, la relación con los esquiroles, los enfrentamientos con la policía, el hostigamiento policial para impedir que se manifiesten, la angustia de no saber cuando y como acabará el conflicto y qué pasará en caso de derrota. 
A partir de estos personajes, se narran los diferentes escenarios, en los que aparecen los protagonistas históricos de la huelga: Thatcher, Arthur Scargill (presidente del sindicato de mineros), el presidente del consejo de la empresa minera pública, ministros del gobierno, líderes laborista, presidentes de otros sindicatos...
La habilidad que tiene Peace para montar este relato sin grandes alardes retóricos, a base de lanzar frases simples, contundentes es el sello del autor. No elabora grandes discursos, ni extensos razonamientos en los que se pierde el discurso y la intención narrativa. Aborda todos los escenarios de forma directa, contundente, llegando a ser hirientes para el lector en determinados momentos.
No escatima en crudeza, puesto que la situación no da para menos. Ni a nivel global, ni a nivel personal. Todos los protagonistas van hacia un precipicio existencial, no ven ninguna salida vital al final del túnel en el que les han metido los acontecimientos. Esta huelga es la espoleta de la bomba que es su vida, una vez contacte con la tierra, sus vidas saltarán por los aires y el desencadenante será el final de la huelga.
Peace nos muestra la capacidad de movilizar todo tipo de recursos por parte del poder para acabar con aquellos que pueden resquebrajar sus cimientos: desde un gasto desorbitado para reprimir el movimiento sindical hasta el uso interesado y la manipulación de los medios de comunicación; desde el uso de tácticas paramilitares y poco legales ensayadas en el Ulster, hasta la compra de voluntades, manipulando voluntades para retorcer el sistema judicial y convertirlo en un brazo más del poder político. 
Peace no describre una huelga, describe un conflicto quasibélico, donde no hay un planteamiento de solucionar un problema, buscar causas y exponer alternativas. No, no  hay alternativas, solo hay un objetivo, la derrota y la claudicación del contrario, tanto del gobierno como del sindicato minero.
Es una obra inmensa, no por su extensión, sino por su contenido, que aunque se circunscribe a un año, se extiende como una mancha de aceita, hacia el pasado y hacia el futuro. Creo que eliminando la ficción y puliendo los aspectos históricos, perfectamente podría ser un libro de historia sobre el conflicto.
Ficha del Catàleg de la Xarxa de Biblioteques Públiques de la Diputació de Barcelona

lunes, 23 de julio de 2018

La veritat sobre el cas Harry Quebert

Ir a la biblioteca, coger un superventas y salir trasquilado (adaptación del ir a por lana y salir trasquilado) esto es lo que me ha pasado con este libro. Ir con un poco de prisas, sin tener nada en mente, ver un superventas con unos años, para evitar lo del ir a la moda y encontrarte con lo que es, un libro para consumo de masas.



Marcus Goldman es un escritor nobel de éxito fulgurante, su libro de debut le ha catapultado a la fama, se ha dedicado a vivir la vida a todo tren y no ha empezado a pensar en su siguiente libro. Cuando su editor comienza a presionarle y a ponerle un plazo para su nueva novela, Marcus padece el síndrome de la página en blanco. No brota ninguna idea de su imaginación, por lo que decide volver bajo la protección de su mentor, un gran escritor que fue su profesor mientras estudiaba en una pequeña universidad de New Hampshire, Harry Quebert. 
Durante la estancia de Marcus, los jardineros de Harry descubren los restos de un cuerpo humano. Estos corresponden a los de una adolescente, Nola, que desapareció en 1975. Junto a los restos se encuentra un manuscrito, correspondiente a la novela que hizo de Quebert un estrella en la constelación literaria de los Estados Unidos. Esto provoca que Harry sea acusado de asesinato y detenido. A partir de ese momento, Marcus decide investigar para conocer la verdad y exonerar a Harry de la acusación.
Durante la investigación, Harry le confiesa a Marcus que se enamoró de Nola y que tenían previsto huir el día en el que desapareció, ya que nadie entendería su amor.
A partir de aquí, Dicker comienza a tejer una red de relaciones entre todos los personajes, con idas y venidas durante difertentes épocas: en 1975, mientras Quebert escribe su libro y tiene la relación con Nola; 2008, que es cuando Marcus tiene su crisis de escritor y cuando aparece el cadáver de Nola; en la época en que Marcus es alumno de Quebert; cuando la familia de Nola abandona Alabama para establecerse en New Hampshire.
El elenco de personajes es de una magnitud tal que está a la altura de cualquier culebrón o serial de los que se emiten en la sobremesa. A parte de Harry, Marcus y Nola, nos encontramos con policías de aquellos tiempos y los tiempos presentes, la familia de Marcus, la de Nola, el típico rico de la ciudad y su servidumbres, profesores, habitantes de la ciudad donde transcurre la acción, editores, abogados, agentes literarios, los amos del bar o el restaurante donde Quebert escibrió su novela. Entre todos ellos se van tejiendo relaciones a lo largo del tiempo, como la de un agente de policía que se acaba casando con la hija de la dueña del restaurante en cuestión y que durante la investigación una vez hallados los restos, es el jefe de policía.
Va dotando a los personajes de suficiente autonomía, tanta que casi podrían protagonizar una historia independiente, sobre todo en lo relativo a la personalidad y las relaciones fuera del hilo conductor de la historia.
Pero, a mi entender, la novela tiene un problema de coherencia, que va apareciendo según aparecen personajes y, Dicker, proyecta sobre ellos giros en la narración de la historia. Todo esto va enfocado a que el lector intuya quien es el culpable, para luego dejarlo en evidencia al surgir otro presunto culpable. No sería un defecto si no fuese un abuso, creo que una vez aparece un personaje con cierta relación con Nola o Harry, en seguida pone unas miguitas de pan para que las sigamos hacia el veredicto de culpable. Y, como aparecen un número considerable de personajes, se hace excesivo. Menos la propia Nola y Marcus, casi todos los personajes que aparecen, parecen tener motivos para matarla.
Esta incoherencia se complica con las subtramas que componen la novela:
  1. La incapacidad de Marcus de escribir su nueva novela.
  2. La historia de amor entre Quebert y Nola.
  3. La investigación de Marcus, con la ayuda de un policía estatal, para esclarecer los hechos.
  4. La novela que el editor de Marcus le encarga a partir de los hechos y todo el circo que se monta alrededor de ella.
No quiero decir que las tramas no tengan sentido, pero diluyen el sentido de la narración, como metido con calzador.
Lo que más me ha gustado ha sido la sensación que deja que en lugar de estar en New Hampshire en los setenta, parece que estemos en Kentucky, Iowa o Alabama enlos años 50. Quizás la diferencia entre pequeñas comunidades no sea tan grande como creemos creer. Como no podía ser de otra manera, utiliza todos los tópicos habidos y por haber: un famoso como ascensor social; la policía y su papel omnipresente; la hipocresía social y las ganas de aparentar; el rico que controla, con luces y sombras, toda la sociedad; el personaje oscuro y siniestro...
Entiendo el éxito del libro, los constantes giros de los acontecimientos, las sorpresas constantes, un lenguaje sencillo, sin complicaciones, pero bastante plano, una temática que no profundiza en nada, ni siquiera en lo tocante al tema de las relaciones entre un adulto y un menor, que en este caso, no tiene ni sexo. Ni tan solo critica la sociedad en la que se encuentran, como una sociedad cerrada, conservadora, más allá del mantra de "no lo entenderían", "esta relación no es posible".
Creo que hasta aquí ha llegado mi relación con este autor. Es un superventas al estilo del Zafón, que vive de las rentas de un superventas al que estira como un chicle sin darse cuenta que ha perdido el sabor, aunque puedes seguir masticando hasta la saciedad.
Lo de las tramas y la infinidad de personajes lo dice mejor y más claro Ramón de España en su columna sobre la última novela de Dicker.


lunes, 18 de junio de 2018

¡El autor, el autor!

Creo que en alguna ocasión había leído algo de David Lodge, debería repasar mis "reseñas" desperdigadas por el ciberespacio, o en la biblioteca de casa. Pero eran cosas más costumbristas, contemporáneas a la época en las que lo escribió. Pero en esta ocasión cambia de temática, de estilo y de composición. En ¡El autor, el autor! nos narra la vida de Henry James, el escritor del siglo XIX, durante su estancia en el Reino Unido. 



La novela está dividida en cuatro partes que podrían equipararse a los actos de una obra de teatro, creo que la intención del autor era esta, en clara referencia a la obra dramatúrgica de James, que a la vez ocupa gran parte de la extensión del libro. Estos cuatro actos se corresponden con tres momentos de su vida: el primer y el cuarto actos, son los que narran los últimos días de su vida; el segundo, enlaza, a partir de unos delirios que padece en sus últimos días, su relación con su amigo Du Maurier y con Fenimore y su introducción en el mundo de la escritura de obras de teatro; y la tercera, sobre su desencanto del mundo del teatro, sobre todo a raíz del tremendo fracaso del estreno de Guy Domville.
La novela, a pesar de esa estrucutura teatral, con escasos diálogos y narrada en primera persona, parece una autobiografía del propio James. Por lo menos, en lo tocante a los dos actos centrales, que son los que ocupan la mayor parte de la obra. El prólogo y el epílogo, que serían los que trancurren durante los últimos días de vida de James, obviamente, son narrados por un tercero impersonal, alguien que observa desde fuera todos los acontecimiento, un narrador.
Hacer una sinopsis de la historia es algo sinsentido, teniendo en cuenta lo que, a mi modo de ver, pretende el autor al hacer este libro sobre el famoso autor literario. En la vida de un personaje trufada de anécdotas alrededor de actos sociales, estrenos, vida entre grandes escritores de la segunda mitad del siglo XIX, intentar describir lo que narra el libro es bastante accesorio. Lo más interesante es el retrato sobre el autor que Lodge plasma sobre el papel.
Lodge nos retrata a un James que es producto de su época, educación y status social, pero con sus particularidades personales. James es un personaje criado y educado en una Norteamérica de la costa este procedente de una familia con suficientes recursos, al que se le dota de una formación y maneras sociales correspondientes con los estándares del momento y la clase a la que pertenece. Esto supone que hay una moral a la que debe respeto y sumisión, que supone el cimiento sobre el que debe asentarse su vida, su obra y su comportamiento. Esto no supone una intransigencia absoluta hacia quien no sigue la moral que debiera, consecuencia de su origen social y su educación. Es más, tolera cierta relajación de dichas normas morales, ya que a él le sirven de inspiración para su creación literaria. Pero el límite que se auto-impone ante tal tolerancia es el libertinaje, que no deja de ser otra cosa que todas aquellas práctica sexuales que no se atañe a lo moralmente aceptable: la promiscuidad, masculina o femenina; la homosexualidad física, ya que las muestras de afecto, como amor fraternal, entre hombres no le parecen en ningún momento reprobables, ni tan siquiera muestra de debilidad, como podría deducirse de los usos de la época; y las relaciones extramatrimoniales.
Lodge intenta sumergirse en los pensamientos privados de James relacionados con los ámbitos de su vida privada e íntima, destacando entre estos su relación con la literatura, a nivel de creación, de repercusión y de dedicación; su relación con el sexo, en su vertiente física y sus preferencias sexuales; y, su relación con el amor y el celibato.
La literatura y la escritura son para James su mundo, un mundo con unas reglas y un sentido que han de ser estrictos e inviolables, en lo formal y lo artístico. En cuanto a las temáticas, en las que el afán moralizante siempre está presente, su rigidez se relaja. Esta relajación le permite acometer su fin moralizante, ejemplificador, educativo, que le permite partir de una situación reprobable para llegar a un final en el que la expiación es la protagonista absoluta, ya sea como castigo o recompensa.
El rigor es algo que está presente durante la creación literaria de James. Para él, hasta la más ínfima coma, la más insustancial de las conjunciones tiene un sentido absoluto, no le sobra ni una triste preposición. Este rigor es el que le provoca sus mayores angustias, sobre todo cuando se dedica a la producción de textos teatrales. Durante esa época, sus textos son sometidos a unas purgas y recortes que le provocan gran frustración, ya que entiende que el sentido final de la obra necesita de cada palabra surgida de su mente. No es consciente. mientras escribe, que el teatro necesita de un ritmo que le perle sumen en mita atrapar el interés del espectador y del crítico y aseguren la continuidad de la obra en la cartelera.
La frustración que le provoca su fracaso en el mundo del teatro se acrecienta al ver como triunfan obras de un valor literario enormemente inferior a su producción, pero que entienden y están concebidas para el medio en concreto. El éxito de Wilde y, sobre todo, el de su amigo Du Maurier, con la adaptación teatral de su novela Trilby, le sumen en una mayor desesperación y aversión al teatro.
Lodge retrata a un James envidioso del éxito ajeno, sobre todo por que considera que su obra es de una superioridad artística que no se ve recompensada con un éxito comercial a la altura de su calidad. Es un hecho que planea durante toda la obra. Envidia el éxito comercial, puesto que es la única manera de poder mantener su nivel de vida, un nivel que le permita vivir cómodamente y mantener el estatus al que se cree merecedor.
La relación de James con el sexo ocupa gran parte de la novela, no como algo directo, sino que está presente durante la narración, como algo velado, como era su relación con él, sobre todo al asumir un celibato voluntario para dedicarse en cuerpo y alma a su verdadera pasión, la literatura. De esta relación con el sexo, Lodge deja entrever que James no tiene clara su inclinación sexual, sobre todo cuando tiene muestras de afecto, para él justificadas y totalmente vacías de intención sexual, con otros hombres, en ocasiones bastante más jóvenes. Su orientación sexual queda también en entredicho con su visión sobre la vida de Oscar Wilde, del que critica su libertinaje, más como forma de vida, que por el hecho de las relaciones sexuales con otros hombres. Siempre tiene en mente el talento y el éxito literario como contrapeso a la vida privada de los otros. 
El amor y el celibato, en su versión familiar, son otras de las grandes pesadumbres que transitan por su vida. Su decisión de vivir por y para la literatura hace que se autoimponga un muro de contención hacia cualquier relación sentimental, esto se materializa en la relación que tiene con Constance Fenimore Woolson, a la que acaba llamando Fenimore para evitar familiaridades y malentendidos por parte de terceros, al hacer referencia a ella en cualquier escrito, hasta el punto de pedirle que queme toda la correspondencia entre ambos, para evitar malentendidos futuros por parte de terceros que tuviesen acceso a esas cartas.
El trabajo de documentación de Lodge es magnífico, desde la vida del propio James hasta la de personajes secundarios, ya sea históricamente (la familia Du Maurier), o en la novela, como son las apariciones de Bernard Shaw, H. G. Wells o el proceso a Oscar Wilde.
Repasando mentalmente lo escrito, me dejo infinidad de personajes que aparecen en la novela y que le dan el contexto adecuado a ésta: desde la familia de James, el personal de servicio, los productores, directores y actores teatrales, críticos de teatro, que acaban definiendo el retrato social de esa época y ese lugar.
Lodge construye una novela inmensa, donde retrata a un personaje en todas sus vertientes públicas y privadas, y le sirve de guía para hacer un retrato de los círculos sociales que rodean a la literatura y al teatro.

lunes, 21 de mayo de 2018

Delincuentes de medio pelo.

Esta vez el juego de la ruleta en la biblioteca salió regular. La verdad es que no escogí el libro convencido, pero hay que probar para errar. El libro no es ninguna maravilla, pero tampoco un horror. Es un libro correcto, es lo mejor que se puede decir.


La novela arranca con un atraco fallido a un pub, protagonizado por un ladrón de poca monta. Tras su estrepitoso fracaso, decide que no puede seguir en la tercera división de los delincuentes, que tiene que dar un salto cualitativo, que le permita entrar en los grandes negocios a la sombra de la ley.
Para ello decide planificar un secuestro, el secuestro de alguien que tenga acceso directo al efectivo, o sea, un banquero. Para ello empieza a estudiar candidatos, reclutar un equipo y montar la infraestructura. 
Como paso previo, decide visitar a uno de los mafiosos que está en la cima del crimen organizado irlandés, para el que trabajó en el pasado y que tiene media deuda pendiente. La visita es informativa, de cortesía, no para pedir permiso. En la visita, el mafioso le dice que eso está fuera de su alcance, que si quiere progresar, debe ir paso a paso. La frustración resultante de la respuesta hace que haga caso omiso y siga hacia adelante. La reunión acaba fatal.
Una vez organizado todo y elegido el candidato, el equipo asalta la casa de este y comienzan las complicaciones y los problemas. El primero, que no es un banquero, sino un abogado e intermediario en asuntos inmobiliarios. La causa de la confusión, la interpretación errónea de un recorte de noticia en el que aparecían el nombre del abogado y el de un banco.
Lo que tenía que ser un secuestro exprés, retener a la familia e ir al banco a por el efectivo, se complica. El abogado necesita tiempo para reunir el efectivo, por lo que la banda se lleva a la mujer.
Desde ese momento, se describen las relaciones entre la secuestrada y sus captores, entre los diferentes miembros de la banda, entre el abogado y los secuestradores, entre el abogado y un amigo para conseguir el dinero, entre el abogado y la policía, entre los diversos policías que intervienen.
La suma de complicaciones hace que el desenlace de los acontecimientos no sea nada favorable a la banda y esas complicaciones acaban afectando a todos los implicados, desde la secuestrada, que acaba siendo violada, hasta un policia que investiga a los sospechosos.
Creo que el autor desaprovecha la oportunidad de profundizar un poco más en los rincones sórdidos que toda sociedad tiene. En este caso, hay breves incisos que retratan como es la sociedad irlandesa previa al estallido de la crisis de las subprimes y su efecto global.
Deja pinceladas de una sociedad del pelotazo inmobiliario, de gastar, de consumir, del crédito fácil, del exhibicionismo social de la riqueza, pero de forma muy somera, superficial.
Creo que lo mejor de la novela es su desenlace. En un primer momento, me pareció que no tenía sentido, hasta que recuperas el inicio y es lo más original de la novela. Y quizás la reflexión de saber donde están tus propios límites, que si los quieres superar, raramente lo harás dando un salto mortal, que para alcanzar la meta soñada hay que superar etapas previas más modestas.
Creo que para ser una novela escrita por un periodista que escribe sobre criminalidad, finanzas y política, le ha quedado un libro bastante tibio. Como decía antes, esboza prácticas poco éticas y legales en el mundo de las finanzas, pero la tensión, que está bastante lograda, generada por el secuestro ensombrece todo el mundo financiero que envuelve a las víctimas del suceso.
Es de agradecer que no escriba con florituras, artificios y figuras retóricas innecesarias. Un lenguaje claro y directo encaja con el mundo del crimen, que tengo la impresión, que le interesa describir.
No sé si volveré sobre sus pasos, pero si lo hago no será por curiosidad, sino por una elección puramente casual.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Els humans.

En esta ocasión la ruleta de la biblioteca salió cruz. Y menuda cruz. Ya sé que es una tontería, pero el diseño de la portada me echaba para atrás, pero superé esa absurda intuición y me decidí a leer esta novela. No conocía al autor, lo que no supone nada, ni bueno, ni malo. El género, ciencia-ficción, no es de los que más aprecie, el exceso de delirio y fantasía provoca que me pierda, más de lo habitual. Pero no es ciencia-ficción pura, está presente por que hay un extraterrestre, pero poco más. Creo que lo de los números primos fue lo que me decidió. Y eso que las matemáticas no son mi fuerte, ni mucho menos.


La novela trata sobre un extraterrestre que toma la forma de un eminente profesor de matemáticas de Cambridge que acaba de demostrar la hipótesis de Riemann, sobre los números primos.
El extraterrestre es enviado para borrar todo rastro de la demostración de dicha hipótesis, tanto de los documentos, pruebas y correspondencia, como de las personas con las que éste hubiese tenido trato y a las que hubiese podido comunicar información referente a su demostración.
El desarrollo es el típico: reconocimiento de una nueva realidad, su análisis y la constatación de las contradicciones de los humanos; adaptación a la nueva vida; intento de ejecución del plan; renuncia a ejecutar el plan al reconocer la singularidad y los encantos de la vida en la tierra y su integración como ser humano, renunciando a su esencia y desbaratando el plan alternativo al inicial que él no lleva a cabo.
Es un flojo intento de ver la vidas y las relaciones humanas desde un punto de vista neutro para acabar dando alguna lección con moralina y justificando la actuación de la humanidad, a pesar de la incongruencia de sus acciones, pensamientos y sentimientos.
Es un libro prescindible, totalmente. Tendría que releer Sin noticias de Gurb, pero tengo la impresión que está a años luz de éste. Tiene algún momento divertido, a pesar de resultar tremendamente obvio, y alguna reflexión, con su carga de moralina, que te lleva a pensar, pero no dejan de ser mera anécdota.
Es uno de esos libros que loa la vida y la sociedad, a pesar de las dificultades del día a día, pero desde una perspectiva singular y acomodada, la de los catedráticos británicos, que no deben ser el más común de los británicos. Con lo que sus preocupaciones van por una esfera diferente a la del resto de la población, sobre todo de la que conforma la mayoría, aquellos que tienen que pensar en como llegar a fin de mes.
No sé, no veo ningún motivo más para escribir una línea más. Salvo que en las primeras páginas reflexiona sobre las matemáticas, el papel de éstas en el mundo y los grandes matemáticos y científicos.
Los libros anodinos tienen un problema frente a las series anodinas. Las series las puedes arreglar con una buena banda sonora, pero en los libros solo puedes citar las canciones. Por contra, puedes citar a clásicos, pero lo que consigues es que tu prosa quede aún más en evidencia.
Espero recordar su nombre para no volver a tropezar.

miércoles, 18 de abril de 2018

Mendelssohn és a la teulada

Con novelas de la Guerra Civil Española y la vida de los judíos durante el nazismo y la II Guerra Mundial, podrías pasarte una vida entera leyendo y no acabarte la literatura existente. No hay que buscarle doble intención a esas palabras, solo es la muestra de la magnitud de esos hechos sobre la producción literaria.
A Jirí Weil no lo conocía, no tenía ninguna referencia y la literatura alrededor de los temas introducidos, no entra en mis preferencias. Creo que el ser un escritor checo y que la trama girase alrededor de Praga, fueron lo que me hicieron decidirme.


La novela tiene dos partes diferenciadas. En la primera, partiendo del encargo a un trabajador del ayuntamiento para la retirada de la estatua de Mendelssohn del tejado de una sala de conciertos, por su condición de judío. La segunda parte comienza con el atentado y la muerte de Heydrich y la aplicación sistemática de la "solución final".
La primera parte tiene un tono más amable, dentro de las circunstancias de la ocupación alemana, a pesar que el Protectorado de Bohemia y Moravia era considerado parte del Reich. La anécdota con la que comienza, el encargo de retirar la estatua del compositor, pero no saber cual es la estatua a retirar, que lleva a que un botarate de las SS vaya al gueto a pedir un sabio judío para que lo identifique. Desde el gueto, les envían al que consideran al más sabio, pero no desde el punto de vista del conocimiento intelectual y cultural, sino a un experto en todo lo que rodea a la religión judía. El resultado, que desconoce quien es Mendelssohn, por lo que la estatua continúa allí.
La segunda parte describe más detalladamente la situación de presión, opresión y sumisión de la ciudad, en general, y de los habitantes del gueto, en particular. La novela es muy coral, no hay un protagonista, sino una procesión de éstos, de todo tipo y condición. Los personajes representan a tres grupos, básicamente: nazis ocupadores, judíos y, en menor medida, checos.
Esta variedad de personajes le sirve a Weil para construir los tipos de relaciones que se establecen entre estos tres tipos de personas, tanto entre ellos, como entre unos y otros. Además de esta construcción relacional, nos encontramos con el conflicto interno personal de cada uno de ellos, sobre todo, de los que están obligados a colaborar, que sabiéndose traidores o pecadores, lo hacen para salvaguardar vidas ajenas más que las propias.
Esta variedad tiene sus ventajas e inconvenientes. La ventaja más clara es que nos permite conocer el sinfín de relaciones que se establecen, voluntaria o forzosamente, entre todos los personajes; como conocer los dilemas morales o las prioridades vitales de todos los personajes. El inconveniente es que tanta coralismo lleva a que el relato se diluya y se difumine sin una trama clara. Quedando como hilo conductor, el paso del tiempo, las incertidumbres para los judíos y, hacia el final, la inevitable derrota nazi.
Creo que para su extensión, no pasa de 300 páginas, hay mucho material para la reflexión. Desde los horrores de la guerra, la ocupación, el hambre, la miseria hasta la esperanza, el miedo a la inacción, la falta de capacidad de reacción.
La novela no deja de ser un reflejo de las muchas contradicciones que conforman la vida humana, desde todas las perspectivas. Weil lo materializa, por un lado, en la depredación sistematizada de la ocupación nazi y, por el otro, por las esperanzas de los colaboradores por obligación.
La primera contradicción es que la ocupación está organizada de tal manera que su último fin es el expolio. Todo está detallado, listado e inventariado, pero a la vez, entre tanta jerarquía, método y listados, está la arbitrariedad del uso de la fuerza y del poder, en tanto se tiene una situación prominente y que usa la muerte, no como una amenaza, sino como una forma de solucionar o agilizar los problemas. Esta arbitrariedad es la que provoca que toda la organización sea menos eficiente de lo que se supone. Una cuerda y los ferroviarios son los ejemplos claros en la novela. Los mozos que tienen que retirar la estatua de Mendelssohn se quedan con una buena cuerda que, supuestamente, está correctamente inventariada y que si ha salido de un almacén ha de volver. Pero la ira ante los problemas para saber cual es la estatua a retirar hace que en esa perfecta maquinaria haya una pequeña grieta. Los ferroviarios son un problema mayor. Su papel imprescindible para mover el enorme contingente que suponen las tropas y su intendencia entre los diversos frentes, separados por miles de kilómetros, los hace poco menos que intocables, y por ello, toda la programación y planificación de los jerarcas nazis tropieza con la voluntad de los ferroviarios. Éstos pueden hacer desaparecer parte de la carga, transportar a personas sin conocimiento de las autoridades, ralentizar la marcha.
La contradicción en los colaboradores forzosos es la de la esperanza, a pesar de saber que su destino está marcado, en que podrán salir airosos de esta situación. Bueno, es doble contradicción, la de estar trabajando para aquellos que lo que pretenden es exterminar a los de tu misma etnia. Esto se refuerza con el papel de la religión y, sobre todo, el papel del pecado y su peso en cada uno de sus actos.
La esperanza siempre sobrevuela sobre aquellos que tienen su destino más que sentenciado: reos, judíos y colaboradores. Todos saben como acabarán, pero confían que en la arbitrariedad y las formas macabras de actuar de los nazis habrá un resquicio por el cual poder escapar. 
Hay un par de cosas más a destacar. Por un lado, la vida de los que se han de ocultar y los que les dan ayuda para poder seguir ocultos y, por otro lado, la sensación de Praga como un remanso de paz fuera de la locura de la II Guerra Mundial.

Pd.: Acabo de comenzar otra lectura, pero después de leer esta, es para coger el libro y mandarlo a la mierda, de momento. Muchas veces la lectura del siguiente libro define la magnitud de la lectura anterior.

lunes, 2 de abril de 2018

El número 11

Coe nunca decepciona, quizás en La lluvia antes de caer, pero ni en ese caso, a pesar de ser un libro que no tiene que ver con sus novelas precedentes. En este caso, es una mezcla entre relatos y novela, los capítulos en los que se divide el libro son bastante independientes, podrían funcionar como relatos o cuentos, pero están enhebrados por las protagonistas y por un número, el once, como queda claro en el título. El once es púramente anecdótico, pero es recurrente.


Los sucesivos capítulos o episodios nos narran situaciones que comparten las dos amigas, Rachel y Alison, pero que solo coinciden al inicio y al final del libro. 
El libro es un círcular, podría decirse, ya que el inicio del libro y el final son los momentos en los que coinciden los dos personajes eje y además en el mismo espacio o entorno, el pueblo de los abuelos de Rachel. La vida, las circunstancias, las decisiones, los malentendidos las van llevando por caminos divergentes y, a lo largo de la narración, se van convirtiendo en el eje sobre el que pivotan el resto de historias. No son protagonistas absolutas, pero sin ellas no tendrían sentido esos personajes.
Podría resumir, hasta donde mi única neurona llegue, cada episodio, capítulo, cuento o relato, desde el primero en el que ambas están pasando unos días en casa de los abuelos de Rachel y tropiezan con un singular personaje que habita una extraña casa (el número 11 de una calle), que provoca unas especulaciones en la mente de las dos niñas, especulaciones sin fundamento; pasando por la participación de la madre de Alison en la versión inglesa de Supervivientes, ya que tuvo un cierto éxito con una canción en los 80, motivo por el cuál recurren a ellas; hasta el reencuentro final de ambas, en el que Rachel va a visitar a Alison a una prisión, en la que cumple condena por defraudar al estado al cobrar unas ayudas que no debería, por no haber declarado unos pequeños ingresos.
Lo más interesante del relato, del conjunto de la novela, son las situaciones, los personajes y los comportamientos que Coe va dejando durante toda la narración. Creo que a muchos intelectuales y, ya no digo tertulianos, los adelanta por cualquier dimensión al realizar una análisis y una critica de la sociedad urbana actual. Sí, digo urbana, por que es la que se considera la sociedad tipo y típica de la sociedad occidental.
Así, a bote pronto, reciben su correspondiente dosis de ironía, crítica y vituperio la educación, la sanidad, la prensa, la televisión, la gestión de los recursos públicos, las políticas culturales, la policía, el empleo, la política, la justicia, el sistema universitario, la monetización de lo intangible y lo sentimental.
Lo hace en muchas ocasiones usando dos antagonistas extremos: una familia multimillonaria contra Rachel, que a su vez es una excepción, licenciada en Oxford, por méritos no por posición económica; o en la celebración de una entrega de premios, en la que coloca a un sencillo inspector en una suntuosa ceremonia, de tal soberbia, que el menú, en lugar de ser una hoja, es un actor en el centro de la mesa, que va describiendo los platos mientras son servidos.
Y, el dinero, esa adicción, necesidad y ansiedad que provoca el tenerlo o no tenerlo. A lo que aboca a quien no lo tiene, que ha de acceptar cualquier trabajo bajo cualquier circunstancia, teniendo que renunciar a hacer lo que moralmente debe hacer, por no perder un trabajo. O las locuras, caprichos y excentricidades de aquellos que lo tienen. El absurdo se concreta en la petición de la mujer del potenciado para los hijos del cual, Rachel, hace de institutriz. Le pide a un arquitecto que le haga un sótano con, no podía ser de otro modo, once plantas, a todas les da una utilidad salvo a la última. Lo cual lleva al arquitecto a preguntar a la señora que para qué la quiere. Ella le responde, nadie tiena un subterráneo con once plantas.
Seguramente, en la mayoría, por no decir en todos, los libros que he leído deben haber alusiones, guiños o, directamente, citas a otros libros o literatos, pero yo no los suelo pillar, salvo las citas que son explícitas, pero que en la mayoría de casos no las conozco. Pero esta vez he pillado el guiño a Alicia en el país de las maravillas. A ver, tampoco había que ser ningún genio para pillarla. Cuando Rachel entra a trabajar, como interna, la casa del millonario está dividida en dos zonas: la de la familia y la del servicio. Para pasar de una a otra, se accede por una habitación que está separada por un espejo.
El final de la novela es singular, no sé qué sentido tiene, salvo el de una justicia invisible o el de materializar los sueños o los miedos de Rachel, pero es, en cierto modo, desconcertante.
Leo a Coe y cuando voy a la biblioteca y veo a escritores de aquí, entro en pánico, ya que creo que no puedan acercarse lo más mínimo a un tipo de narrativa como esta. Una narrativa que no es pomposa, ni recargada, todo lo contrario, un lenguaje claro y sencillo, sin excesivos alardes descriptivos.
Cuando la duda me embargue en la biblioteca, creo que será mi salvavidas particular.
Por cierto, el título completo es El número 11: fábulas que ilustran la locura, más acertado no puede ser.