lunes, 4 de diciembre de 2017

Tres días y una vida

¿Puede tu vida cambiar por un arrebato sobre alguien inocente, por algo hecho por una tercera persona? La respuesta está en esta novela de Pierre Lemaitre. Bueno, no sé si es la respuesta, pero es una respuesta.
La ira, esa fuerza motriz de los más atávicos, primitivos e irracionales sentimientos que se materializa es un instante y que cambia la vida de las personas de manera determinante.

El libro está dividido en tres momentos: 1999, 2011 y 2015, y son períodos muy cortos de tiempo, no es un relato continuo en el tiempo.
Antoine, el protagonista de la novela, un adolescente de 12 años, que se encuentra atrapado en un pequeño pueblo, en el que todo está tan compartimentado y en el que todo el mundo tiene su lugar, sin apenas oportunidades, salvo que huyas, en un arrebato, en un ataque de ira, ataca al Rémi y lo acaba matando. Antoine ataca a Rémi por que el padre de Rémi ha disparado y matado a su perro, del cuál Antoine estaba muy encariñado.
Al comprobar que Rémi está muerto, y tras darle muchas vuelta, tira el cuerpo a un agujero en medio de un bosque abandonado. A partir de ese momento, los siguientes días de Antoine se convierten en toda una pesadilla, siempre bajo tensión, esperando el momento en el que la policía entre en casa a detenerle. Observa como todo transcurre a su alrededor. Como reacciona la familia de la víctima, los vecinos, como se organiza el pueblo para las batidas, para intentar encontrar a Rémi, que para los demás solo está desaparecido. Al final, una gran tempestad, que provoca estragos en la población, hace que la búsqueda quede en segundo plano y Antoine se cree libre de toda culpabilidad.
La acción se retoma 12 años después, cuando Antoine, estudiante de medicina, vuelve al pueblo a ver a su madre. Una noche, de las pocas que pasa en Beauval, en una fiesta de cumpleaños del propietario de la tienda del pueblo, coincide con Émilie, el amor platónico de adolescente.  Tras una breve conversación, Antoine se marcha y, de camino a casa de su madre, se encuentra de nuevo con ella, que acaba en un encuentro sexual desaforado, como una revancha al pasado. 
Al cabo de las semanas, Émilie se planta en casa de Antoine, en Paris, para comunicarle que está embarazada, que él es el padre y que debe asumir su responsabilidad: casarse y reconocer al hijo. Antoine, lo rechaza de plano y le propone abortar, lo que supone una ofensa para ella, de profunda educación católica.
En esta visita, su madre le informa que, en el lugar donde ocultó el cadáver de Rémi, van a construir un parque de atracciones, lo que supone volver a la tensión que vivió aquellos días tras matar a Rémi.
Todo parace olvidado, hasta que a causa de un accidente, la madre de Antoine se queda en coma y tiene que volver a Beauval. En esos días, el padre de Émilie le presiona para que se responsabilice de su hija y de su futuro nieto. Antoine vuelve a negarse. Pero en esos días, con las obras de acondicionamiento del bosque y de construcción del parque, aparecen los resto de Rémi y se le practican las pruebas de ADN para confirmar su identidad, así como las de un cabello hallado en los restos y que no pertenecía al niño asesinado. 
Ante la negativa de Antoine, el padre de Émilie le amenaza con pedir pruebas de paternidad para obligarle a casarse, con llevarlo todo ante un juez. El miedo a no saber que pasará con los resultados de las pruebas, en qué base de datos quedarán los resultados y quién los podrá consultar, hace que Antoine acabe aceptando el matrimonio, como mal menor, lo que para él supone una cadena perpetua por el crimen que cometió tiempo atrás.
La última parte muestra la vida de Antoine en Beauval, como médico rural, con un matrimonio farsa, en el que Émilie es poco escrupulosa con la fidelidad y con un hijo al que le costó tomar cariño. En su consulta, recibe la visita del charcutero que empleaba a su madre, el cual le acaba confesando que tenía una relación con ella y, que el día de la desaparición de Rémi, ambos le vieron como huía corriendo desde el bosque donde hallaron los restos tiempo atrás.
Pocas veces hago una sinopsis tan larga, sobre todo de un libro de poco más de 200 páginas. Y, eso que dejo a muchos personajes y situaciones fuera. 
Haciendo la reflexión reposada de la lectura, esta tiene una profundidad tremenda y eso que mientras lo lees no lo parece, es un libro que va generando sustrato, que reposa en tu cerebro, cociéndose a fuego lento, para luego sacarle todo el sabor.
El libro se enmarca en un momento actual, es contemporáneo a nosotros, pero si le quitas cuatro objetos que determinan el momento actual, podría ser de cualquier época. La historia es atemporal.
Lemaitre nos muestra una sociedad rural, socialmente atrasada, a pesar de los toques de modernidad (el paso de jugar en el campo a jugar en casa con una Play Station), de valores rígidos, muy marcados por el qué dirán y las apariencias, con el peso omnipresente de la religión y las fiestas religiosas como el gran acto social, aunque el resto del año la iglesia presente un aspecto cada vez más despoblado. Cómo toda sociedad rural, nos muestra todos los tópicos de las relaciones sociales: clientelismo, sumisión, rencillas, odios atávicos, venganzas, traiciones, hipocresía...
Éste es el marco en el que se desarrolla la historia, luego está el tormento y la sangre fría de Antoine para manejar la situación. Lemaitre consigue que no se le tome como a un vil asesino, que todo el sentimiento de culpabilidad, el miedo a la cárcel y, sobre todo, la vergüenza que pueda provocar a su madre, compensen, en cierta manera, el arrebato asesino y la frialdad para decidir esconder el cuerpo y mentir sobre lo que hizo aquel día.
Ese tormento interior, junto con su papel secundario y faltas de perspectivas en Beauval, son los que le impelen a huir de allí y no querer volver. 
Antoine carga durante todo el relato con ese peso, lo que le provoca grandes angustias que acaban somatizándose en su vida, de una forma u otra: intenta fugarse en aquellos días de 1999, intenta suicidarse, su relación con su novia en París flaquea en términos sexuales, acaba dejándola para casarse con Émilie.
Creo que el relato es tiene su moraleja, como las fábulas, en la que al final el que la hace, la paga. La justicia no castiga a Antoine, pero sí la vida, y su condena es a perpetuidad, y en una prisión, que no es otra que el pueblo del que siempre quiso huir. Por otra parte, está la cuestión del honor de la familia, de cómo se llega hacer lo que sea para evitar la vergüenza, ya sea propia o de la descendencia, papel que ejemplifica la madre de Antoine.
Pd.: cuando empecé a escribir, tenía la sensación de no saber qué decir, pero al final ha sido de las entradas más largas. La vida y sus incongruencias.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

La gran teranyina

Que el dinero siempre busca al dinero y, de paso, el calor del poder, es por todos bien sabido. Y esto siempre se ha podido observar en dos secciones de la prensa escrita: las necrológicas de los diarios que llevan publicándose más de 100 años y en las páginas de Sociedad de las revistas del corazón, en las que se publicitaban enlaces de gente que no salía en el resto de páginas de cotilleos. Pues esto es La gran teranyina pero con un importante trabajo de investigación y buceo en información económica y en el Registro Mercantil.


Poco cabe añadir a la introducción de esta entrada. El autor intenta diseccionar las relaciones entre las familias que copan todos los puestos de poder económico y social, con su habitual reflejo en el poder político. 
Nos diseña una cierta endogamia que no tiene otro propósito que el de proteger y ampliar el patrimonio familiar, intentando evitar, durante el máximo de tiempo posible, la injerencia externa, tanto en la gestión como en la propiedad de sus respectivos imperios económicos y patrimoniales.
La relación de personajes es casi infinita, perdiéndote en el laberinto de apellidos, bodas, hijos, separaciones, nuevas bodas, como en la mejor de las sagas literarias. Se perfilan unas relaciones que suelen asociarse, aunque no exclusivamente, con una misma actividad económica. Entre las actividades económicas más destacables tenemos el mundo del cemento y sus derivados: cementeras, inmobiliarias, constructoras; las aseguradoras; la actividad bancaria; el motor, sobre todo el de dos ruedas; la farmacéutica; las infraestructuras; la alimentación...
Como no podría ser de otra manera, el Barça siempre está presente, sobre todo relacionado con los industriales del algodón y del textil. ¡Ah! y como no podía ser de otra manera, el Opus, siempre está el Opus.
Durante toda la obra, Vinton no indica que posición ocupan dentro de las listas de los mayores patrimonios, tanto a nivel estatal como catalán. Esta clasificación es el resultado de la evolución de su gestión económica y patrimonial, como evolucionan las inversiones y que dan como resultado su lugar en las citadas clasificaciones patrimoniales.
De la lectura se desprenden un par de conclusiones sobre los orígenes y las prácticas de estas familias tan "ilustres": en cuanto al origen, la mayoría de patrimonios tienen un origen en la industria textil, que con el tiempo han ido diversificando, al amparo de una buenas relaciones con el gobierno de la dictadura: Las buenas relaciones con el régimen franquista es muy frecuente, que no deja de ser la expresión de la búsqueda, por parte del capital, de la protección del poder político. Por lo que respecta a las prácticas, es de destacar la aversión, muy extendida, a los mercados bursátiles. La mayoría de grandes fortunas están fuera de los mercados, repartiendo las participaciones entre la familia para evitar un control externo. Últimamente, a pesar de esa aversión a injerencia externas, han ido introduciendo, en la gestión, expertos o gestores de reconocido prestigio, para mantener el buen rumbo de la empresa o para intentar reflotar a esos grandes transatlánticos que ha chocado con algún iceberg, pero que no ha producido daños irreversibles.
El libro mezcla información económica y documentada, con anecdotario que tiene cierta relevancia en el transcurso de la historia de esas familias. 
Es loable el trabajo de investigación y documentación, pero encuentro que el libro empieza a flojear hacia la mitad, principalmente cuando, sin saber muy bien porqué, aparece la farmacéutica de Olot y su secuestro. Tiene una dedicación desmesurada, sobre todo en relación a otras grandes fortunas que aparecen reseñadas al final del libro. Entiendo la dificultad de estructurar un texto en el que las diversas fortunas se entrelazan y en las que se sobreponen intereses económicos. ¿Qué hilo conductor eliges, el apellido o la rama económica de la familia? 
El libro aclara el porqué de las esquelas y su tamaño en el diario de una de las sagas protagonista, La Vanguardia de los Godó.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Whisky amb napalm

Había leído en algún lado que Víctor Mora, famoso por ser el creador de los guiones de tebeos como El Capitán Trueno y Jabato, entre otros, tenía alguna novela escrita. Mientras buceaba por las estanterías de la biblioteca tropecé con este libro de singular título Whisky amb napalm. Una ojeada a la sinopsis de la contraportada y me decidí, más por curiosidad que por interés real o recomendación.



El libro intenta ser la recreación de lo que se conoce comúnmente como república bananera. Víctor Mora intenta hacer construir una novela de política ficción o de recreación política en la que condensa todos los elementos de todas los gobiernos autocráticos, dictatoriales y totalitarios que jalonaron la parte central del siglo XX a ambos lados del Atlántico, particularmente del área centroamericana y caribeña.
Es una historia bastante previsible en el 80% de su contenido, con todos los tópicos sobre los gobiernos dictatoriales de aquella época y de posteriores: personalismo, corrupción, represión, control férreo de todos los resortes del poder, estrechos círculos de confianza, una "corte" con la que celebrar fastos, fiestas y celebraciones nacionales...
A parte de Ribaldo, el dictador protagonista, se cuelan una serie de personajes secundarios que lustran lo comentado: jefes de seguridad, de espionaje, ministros, colaboradores, escoltas, los capitostes de las empresas que explotan para beneficio propio y de Ribaldo los recursos de la isla, los rebeldes hijos del régimen.
Lo realmente original de la novela es su desenlace, lo voy a destripar por que dudo mucho que alguien que lea esto (si lo lee alguien) se decida por leer la novela. En su celo por preservar el régimen, destruir la oposición y pasar a la posteridad como el Salvador y Pacificador de Felicia (nombre ficticio de la isla), Ribaldo decide construir un personaje, interpretado por él mismo, que se supone que es el cabecilla de una guerrilla insurgente que está decidida a derrocar a Ribaldo. Para cerrar su plan maestro, Ribaldo necesita un doble del cabecilla, para poder ofrecer su cadáver como muestra de que la rebelión (ficticia) ha llegado a su fin. Lo paradójico es que todo el teatro montado es el responsable de la formación de una verdadera y real guerrilla que entra en acción una vez se han celebrado los fastos de la victoria.
Es lo más destacado, el resto es bastante plano y no destaca en absoluto. No sé si es el tema, el género o la forma de narrar pero no es una lectura que te induzca a seguir leyendo más obras del autor.
Durante toda la novela está presente el momento histórico en el que se escribió, mitad de los 70 del siglo XX, en pleno auge de la Guerra Fría, la política de bloques, los movimientos revolucionarios y contrarrevolucionarios en Latinoamérica.
Salvo que la estantería de la biblioteca no me ofrezca mejores alternativas, es complicado que reincida sobre la obra de Víctor Mora.

martes, 24 de octubre de 2017

Els jardins de la dissidència.

"Prou de follar amb polis negres o et fotrem fora del partit comunista". Así empieza Els jardins de la dissidència de Jonathan Lethem. Impactante comienzo que no anticipa lo que es el conjunto de la novela, pero que muestra el camino que ésta sigue: la lucha eterna, constante e irresoluta entre las ideas y la vida personal.


Estamos en el Queens de los años 50, reducto del comunismo americano, justo en los momentos previos a la muerte de Stalin y la ascensión de Kruschev, momento que el comunismo americano vive como una traición a todo su ideario, lugar donde Rose Zimmer (judía alemana y comunista exiliada) imparte su credo y promueve todo tipo de movilizaciones de acuerdo con su ideario y sentido de la justicia. A pesar de ser una mujer de fuertes convicciones, siempre es crítica con los encorsetamientos de la organización, cuando estos constriñen a las ideas y la libertad, más aún, cuando los encorsamientos se inmiscuyen en la esfera personal. Miriam, es la hija de Rose, que habiendo vivido y siendo educada en un ambiente fuertemente contestatario contra el poder establecido, lo interpreta a su manera, y lo ejerce, de forma práctica, contra la autoridad que supone su madre. La relación tensa entre madre e hija se libra en una doble vertiente: personal y de praxis ideológica. Miriam intenta socavar los principios y autoridad maternos, de forma consciente, abrazando según que movimientos, con el único interés de provocar la ira de Rose (astrología, por ejemplo). El clan podría extenderse hasta la figura de Sergius, hijo y nieto de las anteriores, pero su peso en la narración es bastante anecdótico, a pesar de ocupar una parte nada despreciable y no deja de ser un medio mediante el cual continúa la lucha entre madre e hija.
Entre ellas discurren algunos personaje más, principalmente un primo de Rose, Lenny (diminutivo de Lenin) y Cicero. Lenny es un ortodoxo comunista, ortodoxia que no llega más allá de la pura teoría, en la praxis es un pobre desgraciado que sobrevive a base de contactos y de su papel alrededor del partido. Ajedrez, monedas y un amor platónico o deseo libidinoso por su prima Miriam. Cicero es el hijo del policía negro que es amante de Rose, toda una anomalía en los círculos en los que se mueve, siempre fuera de lugar, viajando entre las esferas de la intelectualidad y los oscuros rincones que el furtivismo de la homosexualidad imponía en los años 60-70.
El título es muy significativo sobre lo que describe la novela, es la constante de la disidencia, pero la disidencia definida desde un amplio espectro, no exclusivamente desde el punto de vista político. Es disidencia política, social, religiosa, familiar, racial. Protestar, disentir, rebelarse contra todo, para acabar volviendo al redil, para cuestionarte tu propia disidencia y reflexionar sobre lo sólido de tus orígenes y si esa disidencia ha tenido sentido o no.
La disidencia como contradicción, la contradicción como motor vital que hace avanzar al ser individual en una carrera hacia un futuro de una incertidumbre relativa, ya que la disidencia no puede socavar los cimientos del sistema, ni en la forma ni a la velocidad deseada. 
Es la disidencia de la vida por unos ideales (el regreso del marido de Rose a la República Democrática Alemana es un ejemplo) y la disidencia de los ideales por una vida (Rose y su voluntad de mantener firme su libertad personal frente a la ortodoxia y moral del partido).
Es una lectura muy descriptiva, pero no de lugares o ambientes, sino de pensamiento y reflexión, con un lenguaje que se retuerce por momentos para ir describiendo las constantes contradicciones entre ideas, obligaciones, sentimientos y voluntades. Donde la dialéctica entre lo que hay que hacer, lo que se debe hacer y lo que se hace es constante, a cada acto, hay una reflexión previa para justificar porqué se hace y porqué no debería hacerse y porqué haciéndolo no debería hacerlo y porqué no haciéndolo, se hace.
No sé si volveré a este escritor en un futuro, todo depende de lo que me ofrezca la estantería de la biblioteca, pero es una buena lectura, que, eso sí, hay que hacer en casa, de forma reposada y con todo el tiempo del mundo. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

Eres el mejor, Cienfuegos.

Hacía tiempo que no leía nada de Kiko Amat y en esta ocasión la oferta de la biblioteca me lo puso en medio del camino. Alguna vez ya lo había visto, pero tenía la sensación que no colmaría expectativas, como sus primeras novelas, que siendo de una calidad literaria similar, tenía el atractivo personal de compartir ciertas geografías extrarradiales, su pueblo y el mío son colindantes y somos de la misma generación. Pues estaba en lo cierto, cuando no tienes expectativas, es imposible defraudar.


La novela nos cuenta como es el día a día de un viejoadolescente (un cuarentón de los de ahora, vamos) al que han echado de casa, por sus infidelidades, su falta de compromiso y su irresponsabilidad.
El protagonista, Cienfuegos, es un escritor de un solo libro, con cierta repercusión, que la pérdida de notoriedad le hace arrastrase esperando otro toque de inspiración con el que volver al candelero. En el momento de la ruptura, trabaja en el suplemento de cultura de un diario, que tiene la redacción en un edificio de la plaza Catalunya, desde donde se convierte en espectador de las protestas del 15M.
Es una novela de no aceptación de la realidad, de celos, de reacciones infantiles ante problema reales, de desesperación del abandono, patetismo e irresponsabilidad. Tal es la irresponsabilidad que lo personal diluye el marco en el que se desarrollan los acontecimientos, las acampadas y ocupaciones de plazas durante el 2011.
El patetismo se concreta en la idea persistente y constante de recuperar a la madre de su hijo, a volver a ser la pareja ideal y la familia feliz que eran antes de vivir como un bala perdida.
Es un libro sobre la crisis de hacerte adulto, no ser consciente y, cuando te das cuenta, ves las cagadas que has cometido y que acaban convirtiendo tu vida en un cúmulo de miserias morales.
Como libro, poco, es el último estertor, el funeral del tipo de literatura que hizo conocido a Amat. Es una muestra palpable de la falta de evolución, de un estancamiento importante, de no saber qué explicar, ni como explicarlo.
Novela normalita, del montó, pero que tiene la virtud de ir de subida, tiene un inicio tan flojo que es imposible ir a peor. Amat es un escritor con cierto ingenio, y esto vuelve a reflejarse en el libro, pero escasamente y no lo suficiente como para hacer que la lectura sea recomendable. Tampoco es una abominación, pero parece sacada de un manantial que ya se ha secado.
No sé qué escribirá en el futuro, si es que llega a publicar de nuevo. Solo espero que no tenga nada que ver con esto.
Mi indulgencia, aunque sea duro en general, se la gana con los lugares y tiempos comunes que compartimos, esa nostalgia que a todos nos atrapa de vez en cuando. Aquello de "cualquier tiempo pasado (feliz) fue mejor".

Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

sábado, 2 de septiembre de 2017

Matèria primera

Novela de corte autobiográfico que nos narra las vivencias de un joven alemán entre 1968 y principio de los setenta. El protagonista es Harry Gelb, un yonki que durante el mayo del 68 y todo lo que aconteció en aquellos tiempos, vive enganchado al opio y la heroína, entre otras sustancias, en Istambul, mientras aspira a escribir una novela, bajo la inspiración de Kerouac, Burroughs, Bukowski y esos novelistas de esa generación.
Tras algún problema con la justicia, acaba expulsado de Turquía y vuelve a Alemania, donde empieza a frecuentar las corrientes más alternativas y revolucionarias, alrededor de movimientos políticos de extrema izquierda. En estos tiempos, su interés por los narcóticos y la literatura están en una dura pugna. No es tras la vuelta a Turquía para buscar más heroína con la que financiarse una temporada y tras una entrevista que le hace a Burroughs para una revista contracultural, que no decide dejar la heroína.
Harry sobrevive en un mundo que le provoca vaivenes constantes: de la subversión y la contestación a la búsqueda de un trabajo formal y legal con el que sobrevivir, de vuelta a los bajos fondos, a las casas ocupadas, para volver al resguardo del sistema, para poder conseguir un sueldo digno y tiempo para poder escribir una novela. Novela que trata sobre todas las miserias que vivió y de las que fue testigo en Turquía como adicto y como espectador.
La novela es un viaje en múltiples direcciones, todas teniendo como partida y destino el propio Harry Gelb. Son viajes tanto reales, como reflexivos: va de Alemania a Turquía, de Frankfurt a campo austriaco, de vuelta a Frankfurt para ir a poblaciones rurales de la misma Alemania. Del mundo de la edición literaria, a la realidad de tener que escribir; de la heroína a la desintoxicación, de vuelta a la heroína y cambiarla, definitiva, por el alcohol. De la vida real, la de las facturas, un lugar donde dormir, donde comer, donde vivir, a trasegar entre casas ocupas, casas de amigos, hoteles de mala muerte en Istambul. De la contestación ideológica a la asunción de la realidad, de dogmas de izquierdas a dogmas de fe (ya sea de un libro sagrado o de una aguja).
Gran parte del libro es una crítica, feroz en ocasiones, al dogmatismo ideológico, muy en boga aquellos años en los movimientos de izquierda, una crítica a la atomización de los grupos contestatarios: hay mil agrupaciones que se forman a partir de un matiz o la interpretación, más o menos dogmática de algún precepto teórico. Acaba intuyendo que todo eso no es más que un disfraz en el que se esconde la represión sexual o el camino más complejo para llegar a las bragas de las jóvenes militantes alemanas. Es una crítica a la hipocresía de ese dogmatismo, que materializa en el personaje de una de las parejas de Harry, que pasados algunos años, no muchos, es lo opuesto a lo que predicaba cuando compartían lecho y algunas ideas. Parece que tal desencanto por dichos movimientos, le haga dejarse arrastrar por la corriente y acabar, sino abrazando, si tolerando la ideología conservadora, pero en el final del libro, cuando Harry tiene que hacer una lectura de su libro en un club de lectura en medio del campo alemán, deja clara su posición: la hipocresía, la podredumbre y el control no es monopolio de nadie, sino un medio para controlar todo aquello que necesitas tener bajo control.
Respecto a las drogas, me parece que es bastante tolerante con el alcoholismo, quizás sea mera inercia de los hábitos sociales, pero a la heroína la deja en su sitio, del poder que tiene sobre el consumidor y como, paradójicamente, todo aquel que llega hasta ella siendo como una forma de contestación, por dejarse arrastrar y no por puro vicio, acaba sucumbiendo a su demoledor destino, mientras que aquellos que llegan a ella como mera adicción son los que acaban sobreviviendo. En relación con las drogas, es curioso como la generación occidental más revolucionaria acabase sucumbiendo a los encantos de narcóticos que llevan a todo lo contrario, a la modorra y al abatimiento físico. Será por aquello de compensar, supongo.
Leer esta novela es casi como leer la prensa de hoy en día, ver como está el mundo, que las cosas no han cambiado casi, que el paisaje económico, político, social y cultural que se esbozaba entonces, ahora se ha consolidado y se ha materializado sin fisuras. Esto es bastante lógico, puesto que los protagonistas siguen siendo las personas, solo han cambiado los medios mediante los que expresan su concepción de la vida.
Es una novela muy interesante, pero tiene cierta irregularidad en la narración, los saltos de escenario y tiempo llegan a descolocar en alguna ocasión y provocan socavones en el ritmo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Sakamura, Corrales y los muertos rientes.

Lo malo de acabar un libro en domingo, es que el lunes tienes que recurrir a tu biblioteca personal y no a los caladeros que son las bibliotecas públicas. Por temas de logística, mis compras se han reducido a casi cero, el saber no ocupa lugar, pero los libros sí.
Pues rebuscando algo ligerito y rápido de leer, he releído la tercera novela, creo, de Pablo Tusset, el de Lo mejor que le puede pasar a un cruasán.
Bueno, pues mi opinión no ha cambiado mucho, confirmando lo que es, una lectura ligerita, con cierta intencionalidad, en la que se intenta repartir, pero acaba siendo bastante tibio.

Nos encontramos en un pueblo de la Costa Brava, en el que han aparecido muertos tres extranjeros con una pronunciada sonrisa en el rostro tras el óbito. Tal profusión de cadáveres hace que la Interpol envíe a un inspector a averiguar lo sucedido, Sakamura, un inspector japonés. Como enlace, tiene a un cabo de la Guardia Civil encargado de las aduanas.
Ambos personajes son estereotipos de los tópicos que se suponen por la nacionalidad que tienen: el japonés, ordenado, metódico, todo zen y artes marciales; el español, vago, bebedor, vividor, intento de mujeriego.
En paralelo, se describen las andanzas de los políticos estatales y autonómicos y la monarquía para tapar o descubrir que hay tras esas misteriosas muertes.
Tusset intenta cargar con ironía hacia todos los tópicos que envuelven la vida política española y todas las cuitas territoriales: el centralismo, la monarquía, los republicanos peleados, los partidos políticos serviles, los terroristas. Pero lo hace de tal manera, que le queda un ridículo intento de ridiculizar.
La primera lectura me pareció divertida, creo que alguna sonrisa se me escapase, pero no ha aguantado el paso del tiempo. Supongo que, dado el momento político actual, el libro ha perdido la frescura que hubiese podido tener en un principio.
Creo que lo más destacado es como incide en el tema de la irresponsabilidad, tanto activa como pasiva. Activa en el sentido de actuar sin mirar las consecuencias y pasiva en el sentido de no asumir ningún tipo de responsabilidad e ir pasando la tostada al siguiente.
Igualmente, critica todas las posiciones maximalistas de todas las partes y esa envidia, sentimiento tan arraigado en estas latitudes.
La narración es deslavazada, la historia no tiene sentido, parecen una excusa para meter el dedo en la llaga, pero es que a nivel literario tampoco es ningún prodigio. Es una lectura resultona, poco más.
Creo que es muy tibio en el fondo del tema que trata, que no deja de ser como está la relación entre el estado y las diferentes formas de sentir de los territorios. Sí que pone el dedo en la llaga con el uso de Catalunya como cabeza de turco y el saco de boxeo al que moler a palos cuando hay algún problema, pero al final queda un regusto de la unidad sacrosanta de España, como algo místico e indisoluble, sobre ese dogma pasa bastante de puntillas.