viernes, 22 de septiembre de 2017

Eres el mejor, Cienfuegos.

Hacía tiempo que no leía nada de Kiko Amat y en esta ocasión la oferta de la biblioteca me lo puso en medio del camino. Alguna vez ya lo había visto, pero tenía la sensación que no colmaría expectativas, como sus primeras novelas, que siendo de una calidad literaria similar, tenía el atractivo personal de compartir ciertas geografías extrarradiales, su pueblo y el mío son colindantes y somos de la misma generación. Pues estaba en lo cierto, cuando no tienes expectativas, es imposible defraudar.


La novela nos cuenta como es el día a día de un viejoadolescente (un cuarentón de los de ahora, vamos) al que han echado de casa, por sus infidelidades, su falta de compromiso y su irresponsabilidad.
El protagonista, Cienfuegos, es un escritor de un solo libro, con cierta repercusión, que la pérdida de notoriedad le hace arrastrase esperando otro toque de inspiración con el que volver al candelero. En el momento de la ruptura, trabaja en el suplemento de cultura de un diario, que tiene la redacción en un edificio de la plaza Catalunya, desde donde se convierte en espectador de las protestas del 15M.
Es una novela de no aceptación de la realidad, de celos, de reacciones infantiles ante problema reales, de desesperación del abandono, patetismo e irresponsabilidad. Tal es la irresponsabilidad que lo personal diluye el marco en el que se desarrollan los acontecimientos, las acampadas y ocupaciones de plazas durante el 2011.
El patetismo se concreta en la idea persistente y constante de recuperar a la madre de su hijo, a volver a ser la pareja ideal y la familia feliz que eran antes de vivir como un bala perdida.
Es un libro sobre la crisis de hacerte adulto, no ser consciente y, cuando te das cuenta, ves las cagadas que has cometido y que acaban convirtiendo tu vida en un cúmulo de miserias morales.
Como libro, poco, es el último estertor, el funeral del tipo de literatura que hizo conocido a Amat. Es una muestra palpable de la falta de evolución, de un estancamiento importante, de no saber qué explicar, ni como explicarlo.
Novela normalita, del montó, pero que tiene la virtud de ir de subida, tiene un inicio tan flojo que es imposible ir a peor. Amat es un escritor con cierto ingenio, y esto vuelve a reflejarse en el libro, pero escasamente y no lo suficiente como para hacer que la lectura sea recomendable. Tampoco es una abominación, pero parece sacada de un manantial que ya se ha secado.
No sé qué escribirá en el futuro, si es que llega a publicar de nuevo. Solo espero que no tenga nada que ver con esto.
Mi indulgencia, aunque sea duro en general, se la gana con los lugares y tiempos comunes que compartimos, esa nostalgia que a todos nos atrapa de vez en cuando. Aquello de "cualquier tiempo pasado (feliz) fue mejor".

Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

sábado, 2 de septiembre de 2017

Matèria primera

Novela de corte autobiográfico que nos narra las vivencias de un joven alemán entre 1968 y principio de los setenta. El protagonista es Harry Gelb, un yonki que durante el mayo del 68 y todo lo que aconteció en aquellos tiempos, vive enganchado al opio y la heroína, entre otras sustancias, en Istambul, mientras aspira a escribir una novela, bajo la inspiración de Kerouac, Burroughs, Bukowski y esos novelistas de esa generación.
Tras algún problema con la justicia, acaba expulsado de Turquía y vuelve a Alemania, donde empieza a frecuentar las corrientes más alternativas y revolucionarias, alrededor de movimientos políticos de extrema izquierda. En estos tiempos, su interés por los narcóticos y la literatura están en una dura pugna. No es tras la vuelta a Turquía para buscar más heroína con la que financiarse una temporada y tras una entrevista que le hace a Burroughs para una revista contracultural, que no decide dejar la heroína.
Harry sobrevive en un mundo que le provoca vaivenes constantes: de la subversión y la contestación a la búsqueda de un trabajo formal y legal con el que sobrevivir, de vuelta a los bajos fondos, a las casas ocupadas, para volver al resguardo del sistema, para poder conseguir un sueldo digno y tiempo para poder escribir una novela. Novela que trata sobre todas las miserias que vivió y de las que fue testigo en Turquía como adicto y como espectador.
La novela es un viaje en múltiples direcciones, todas teniendo como partida y destino el propio Harry Gelb. Son viajes tanto reales, como reflexivos: va de Alemania a Turquía, de Frankfurt a campo austriaco, de vuelta a Frankfurt para ir a poblaciones rurales de la misma Alemania. Del mundo de la edición literaria, a la realidad de tener que escribir; de la heroína a la desintoxicación, de vuelta a la heroína y cambiarla, definitiva, por el alcohol. De la vida real, la de las facturas, un lugar donde dormir, donde comer, donde vivir, a trasegar entre casas ocupas, casas de amigos, hoteles de mala muerte en Istambul. De la contestación ideológica a la asunción de la realidad, de dogmas de izquierdas a dogmas de fe (ya sea de un libro sagrado o de una aguja).
Gran parte del libro es una crítica, feroz en ocasiones, al dogmatismo ideológico, muy en boga aquellos años en los movimientos de izquierda, una crítica a la atomización de los grupos contestatarios: hay mil agrupaciones que se forman a partir de un matiz o la interpretación, más o menos dogmática de algún precepto teórico. Acaba intuyendo que todo eso no es más que un disfraz en el que se esconde la represión sexual o el camino más complejo para llegar a las bragas de las jóvenes militantes alemanas. Es una crítica a la hipocresía de ese dogmatismo, que materializa en el personaje de una de las parejas de Harry, que pasados algunos años, no muchos, es lo opuesto a lo que predicaba cuando compartían lecho y algunas ideas. Parece que tal desencanto por dichos movimientos, le haga dejarse arrastrar por la corriente y acabar, sino abrazando, si tolerando la ideología conservadora, pero en el final del libro, cuando Harry tiene que hacer una lectura de su libro en un club de lectura en medio del campo alemán, deja clara su posición: la hipocresía, la podredumbre y el control no es monopolio de nadie, sino un medio para controlar todo aquello que necesitas tener bajo control.
Respecto a las drogas, me parece que es bastante tolerante con el alcoholismo, quizás sea mera inercia de los hábitos sociales, pero a la heroína la deja en su sitio, del poder que tiene sobre el consumidor y como, paradójicamente, todo aquel que llega hasta ella siendo como una forma de contestación, por dejarse arrastrar y no por puro vicio, acaba sucumbiendo a su demoledor destino, mientras que aquellos que llegan a ella como mera adicción son los que acaban sobreviviendo. En relación con las drogas, es curioso como la generación occidental más revolucionaria acabase sucumbiendo a los encantos de narcóticos que llevan a todo lo contrario, a la modorra y al abatimiento físico. Será por aquello de compensar, supongo.
Leer esta novela es casi como leer la prensa de hoy en día, ver como está el mundo, que las cosas no han cambiado casi, que el paisaje económico, político, social y cultural que se esbozaba entonces, ahora se ha consolidado y se ha materializado sin fisuras. Esto es bastante lógico, puesto que los protagonistas siguen siendo las personas, solo han cambiado los medios mediante los que expresan su concepción de la vida.
Es una novela muy interesante, pero tiene cierta irregularidad en la narración, los saltos de escenario y tiempo llegan a descolocar en alguna ocasión y provocan socavones en el ritmo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Sakamura, Corrales y los muertos rientes.

Lo malo de acabar un libro en domingo, es que el lunes tienes que recurrir a tu biblioteca personal y no a los caladeros que son las bibliotecas públicas. Por temas de logística, mis compras se han reducido a casi cero, el saber no ocupa lugar, pero los libros sí.
Pues rebuscando algo ligerito y rápido de leer, he releído la tercera novela, creo, de Pablo Tusset, el de Lo mejor que le puede pasar a un cruasán.
Bueno, pues mi opinión no ha cambiado mucho, confirmando lo que es, una lectura ligerita, con cierta intencionalidad, en la que se intenta repartir, pero acaba siendo bastante tibio.

Nos encontramos en un pueblo de la Costa Brava, en el que han aparecido muertos tres extranjeros con una pronunciada sonrisa en el rostro tras el óbito. Tal profusión de cadáveres hace que la Interpol envíe a un inspector a averiguar lo sucedido, Sakamura, un inspector japonés. Como enlace, tiene a un cabo de la Guardia Civil encargado de las aduanas.
Ambos personajes son estereotipos de los tópicos que se suponen por la nacionalidad que tienen: el japonés, ordenado, metódico, todo zen y artes marciales; el español, vago, bebedor, vividor, intento de mujeriego.
En paralelo, se describen las andanzas de los políticos estatales y autonómicos y la monarquía para tapar o descubrir que hay tras esas misteriosas muertes.
Tusset intenta cargar con ironía hacia todos los tópicos que envuelven la vida política española y todas las cuitas territoriales: el centralismo, la monarquía, los republicanos peleados, los partidos políticos serviles, los terroristas. Pero lo hace de tal manera, que le queda un ridículo intento de ridiculizar.
La primera lectura me pareció divertida, creo que alguna sonrisa se me escapase, pero no ha aguantado el paso del tiempo. Supongo que, dado el momento político actual, el libro ha perdido la frescura que hubiese podido tener en un principio.
Creo que lo más destacado es como incide en el tema de la irresponsabilidad, tanto activa como pasiva. Activa en el sentido de actuar sin mirar las consecuencias y pasiva en el sentido de no asumir ningún tipo de responsabilidad e ir pasando la tostada al siguiente.
Igualmente, critica todas las posiciones maximalistas de todas las partes y esa envidia, sentimiento tan arraigado en estas latitudes.
La narración es deslavazada, la historia no tiene sentido, parecen una excusa para meter el dedo en la llaga, pero es que a nivel literario tampoco es ningún prodigio. Es una lectura resultona, poco más.
Creo que es muy tibio en el fondo del tema que trata, que no deja de ser como está la relación entre el estado y las diferentes formas de sentir de los territorios. Sí que pone el dedo en la llaga con el uso de Catalunya como cabeza de turco y el saco de boxeo al que moler a palos cuando hay algún problema, pero al final queda un regusto de la unidad sacrosanta de España, como algo místico e indisoluble, sobre ese dogma pasa bastante de puntillas.

lunes, 31 de julio de 2017

Nos vemos allá arriba.

Pierre Lemaitre se ha hecho famoso por la serie de novelas del inspector Verhoeven, pues yo, para ir a contracorriente, he decidio sumergirme en la prosa del francés lo más lejos de estos libros. Mi inmersión ha comenzado con Nos vemos allá arriba. Fue una inmersión en un mar enlodazado, vamos a ciegas, sin llegar a leer ni siquiera todo lo que ponía la contraportada.
Pues ha sido un gran acierto.


La historia arranca en una trinchera francesa, en los últimos días de la I Guerra Mundial, justo antes de la proclamación del armisticio y del inicio de la desmovilización de los soldados que han servido durante esta cruenta contienda. Aquí nos hallamos con tres soldados, bueno, dos soldados y un teniente, que son el triángulo protagonista que sostiene toda la narración.
Los tres personajes reflexionan sobre lo que será su nueva vida una vez acabada la guerra, cómo encarar y encajar en la vida que dejaron atrás. Sólo uno de ellos los tiene claro, el teniente d'Aulnay-Pradelle, necesita una última acción con la que conseguir un último ascenso que le permita medrar en la vida civil y reconstruir el legado familiar perdido.
¿Cómo conseguirlo? Una patrulla, dos muertos y un discurso enardecido para conquistar una última cota, un último esfuerzo en pos de una victoria, inútil, puesto que el armisticio es cuestión de dos o tres días.
Durante esta última ofensiva, Albert Maillard se desvía de la ruta prevista y descubre que los dos muertos tienen disparos en la espalda, lo que le llena de suspicacias. El teniente Pradelle se percata e intenta acabar con las pistas y los testigos. Maillard acaba enterrado vivo en el cráter de un obús, al ser empujado por Pradelle y caerle una ola de tierra provocada por una explosión. Péricourt, el otro soldado, observa a Pradelle como, en plena ofensiva, se queda parado ante el cráter observando impávido. La curiosidad lo lleva hacia el cráter, pero la explosión enterradora de Maillard, hace que no pueda ver que estaba mirando el teniente. Al escuchar los desesperados intentos de Maillard de intentar salir de su tumba, Péricourt se pone manos a la obra y lo acaba liberando. Pero por ello paga un alto precio, a parte de una herida en la pierna, un trozo de metralla le destroza la cara, dejando un agujero en lugar de su boca y mandíbula inferior.
En ese momento, Maillard se impone una deuda de vida con Péricourt, al que asiste durante toda su convalencia.
Acabada la guerra, Pradelle consigue su objetivo, ascender a capitán e intentar hacer negocio con todo aquello que está relacionado con la desmovilización y los efectos de la guerra: compra-venta de excedentes de material de guerra, de vehículos... pero en su mente está algo más ambicioso: hacerse con contratos del estado para la gestión del traslado de los cuerpos de los enterrados en el frente hacia cementerios de caídos, concebidos como un homenaje a los caídos.
En cambio, para los dos soldados comienza una dura subsistencia. El dolor provocado por las heridas en la cara acaba provocando que Péricourt se enganche a la morfina. Maillard, que no puede aguantar el sufrimiento de su amigo, intenta conseguirle más de la que el médico le había prescrito. Los soldados no tienen la misma fortuna que Pradelle en su regreso al mundo civil. Uno por incapacidad, no puede volver al puesto de contable que ocupaba antes de la guerra y el otro por su enfrentamiento a su padre, un adinerado e influyente banquero.
Mientras Pradelle sigue medrando utilizando sus contactos en el ejército o a través de su suegro, el padre de Péricourt (éste nunca lo sabrá), ambicionando reconstruir su patrimonio familia y restaurar su apellido, Péricourt y Maillard, malviven, sobreviven y padecen las miserias de los desmovilizados con el añadido de la incapacidad de Péricourt y su adicción.
Lemaitre teje una brillante y reflexiva historia sobre como la guerra y la postguerra influyen en las personas según sea su posición en el retorno. Cómo uno, mediante sus contactos, va cosechando una gran fortuna, conseguida de forma miserable, escatimando hasta el último céntimo para poder llegar a su objetivo en el mínimo tiempo posible; mientras los otros sufren todas las vejaciones de los héroes a la vuelta del frente. Maillard encarna el personaje que sufre todo esto: no poder volver a su trabajo anterior, perder a su novia por no tener un trabajo digno y por el tiempo pasado en el frente, acabar haciendo los trabajos más despreciados por el resto de la gente, el desprecio de aquellos que quedándose en la retaguardia miran con altivez a los ex-combatientes por creerse con unos derechos por el solo hecho de estar malviviendo en trincheras.
No sé que habrán visto otro, pero yo veo una crítica a todo lo que envuelve el poder, el dinero, la guerra y las relaciones sociales. La guerra, ya sea durante o después, como un vehículo para hacer negocio, para que unos desalmados se lucren y no tengan consideración con el que ha sacrificado su vida. La hipocresía a través del reconocimiento del ex-combatiente mediante la construcción de monumentos, sufragados con suscripciones populares, construcción que es abono de corrupciones y estafas. De hecho, Maillard y Péricourt acaban ejecutando un gran estafa aprovechándose de esa fingida e impostada sensibilidad por el recuerdo el caído, mientras se humilla e ignora al que regresó triunfante.
Las relaciones familiares están muy presentes: Padrelle por que ya no tiene; Maillard por que quiere formar una, pero le deja su novia, y además tiene una madre que siempre está poniéndolo por los suelos; y Péricourt, por la incompresión de su padre, la añoranza de su madre fallecida y el recuerdo protector de su hermana. Asimismo, la relación entre el padre y la hermana de Péricourt, teniendo a éste siempre presente.
La novela da para extenderse mucho más, para leerla con lápiz y papel, tomar notas, recoger grandes frases cargadas de mucha mala leche, que aunque comprendan a una sociedad de hace un siglo, no dejan de estar vigentes a día de hoy.
Como hace el autor en el epílogo, hay un personaje singular, Merlin, un funcionario viejo, amargado y marginado, que representa la dignidad y la decencia, que siendo el encargado de un trabajo sucio, acaba sacando a la luz una de esas vergonzantes corruptelas que tanto se prestan en estas circunstancias, del que nadie se acaba acordando, pero que es imprescindible.

jueves, 13 de julio de 2017

Maigret.

Maigret es la novela de Simenon que lleva como título el apellido del famoso comisario. Aunque por el título pareciera ser la primera de la serie, no es así, transcurre con el comisario ya jubilado.


Como todas las novelas de Maigret, estamos ante un corto relato, no llega a las 200 páginas, pero bastan y sobran para lo que Simenon quiere explicar.
Como ya he dicho, nos encontramos a un Maigret jubilado, que vive en el campo, lejos del bullicio de la Ciudad de las Luces.
Una noche, la tranquila rutina de Maigret se ve interrumpida por la llegada de su sobrino Phillipe, oficial de policía, que angustiado le explica a su tío que es muy probable que la policía venga a arrestarle como presunto asesino de un delincuente que regenta un club nocturno.
Tras las explicaciones de su sobrino, Maigret decide ponerse en marcha hacia París para intentar averiguar todo lo concerniente al suceso relatado por Phillipe. Dado el carácter apocado de Phillipe, Maigret no duda de su palabra y se adentra en los entresijos de la noche parisina y de los clubes nocturnos, donde el consumo de estupefacientes y de sexo es moneda corriente.
Una vez repasadas las pruebas, las declaraciones de su sobrino e inspeccionado sobre el terreno, el lugar de los hechos y los presuntos implicados, Maigret cae en la cuenta de que no hay manera material de librar a su sobrino de la acusación de matar a un pequeño delincuente, testaferro de un importante delincuente, que ejerce, a ratos, de confidente de la policía.
Junto a esta falta de pruebas que inculpen al verdadero asesino, Maigret cuenta con la aversión del comisario que ocupa el puesto que él ocupó en el pasado, lo que le obliga a recurrir a instancias superiores, para poder poner en práctica su plan.
El plan consiste en hacer confesar a los instigadores y ejecutores de los crímenes, tanto el que se imputa a su sobrino, como otro anterior.
Obviamente, Maigret se sale con la suya y consigue eliminar las sospechas que recaen sobre su sobrino en la comisión del crimen.
Volvemos a tener al Simenon de siempre, el que nos detalla la situación a resolver por su comisario, y nos da pinceladas de todos aquellos que tienen un papel medianamente destacado en la trama. La trama es obvia: presentación del caso, desarrollo de la investigación y desenlace. Sin artificios, sin grandes enredos que lo compliquen todo.
La novela, escrita en 1933, ya nos presenta a un París en el que ya corren, por la noche parisina, todo tipo de sustancias recreativas que conducen a la adición. De hecho, el motivo del asesinato es evitar el registro de un club en el que se sospecha que hay un alijo de cocaína. Como curiosidad, hay una conversación en la que una prostituta le relata a Maigret su experiencia con el éter (conseguido en la farmacia) y dos o tres clientes, que lo único que quieren es colocarse.
Creo que muchos de los que se quedan atrapados por narrativas contemporáneas en las que las drogas tienen un papel preponderante, deberían leerse a autores de la primera mitad del siglo XX. Descubrirán que ese mundo de desfase y consumo de los setenta y los ochenta, no es tan novedoso como parece. Y, mucho menos, en la narrativa actual.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional

miércoles, 5 de julio de 2017

El poder de las tinieblas

Relectura de la segunda entrega del detective Charlie Parker. Creo que voy a ser, o a intentarlo, conciso y breve.
Es la segunda que releo e, igualmente, me ha dejado más frío que caliente, no me causó la misma impresión que la primera lectura. No sé si son cosas de la edad, del momento o de lo motivado que te hallas en un momento y en otro.


El argumento: tras una entrega frustrada de una rehén, Billy Purdue huye con 2.000.000 de $. A su búsqueda se lanzan, por un lado, un miembro de la mafia de Boston, Tony Celli, que quiere el dinero para tapar unos pufos con mafiosos de mayor calado; por otro, un "ejecutor" de los deseos de los mafiosos que han sido estafados; Charlie Parker, buscando el dinero de la pensión que Billy debe a su ex-mujer; y el padre natural de Billy.
Los hechos se entrelazan constantemente, los hilos traman un tejido en el que se vinculan todos los actores y hechos del pasado que vuelven al presente y, todos, tienen que ver con Billy.
La vuelta al pasado tiene que ver con un caso irresoluto del abuelo de Parker, que persiguió durante toda su vida a un asesino en serie de mujeres, maltratador y que su único objetivo era perpetuar su estirpe y seguir sembrado el dolor que recibió por parte de su madre.
El libro tiene dos partes diferenciadas: una primera en la que en la búsqueda de Billy, Parker indagando en el pasado de este, encuentra con el caso de su abuelo y cómo este caso se vincula a Billy, y cómo en esta búsqueda tropieza con la gente que busca a Billy por su dinero. 
La segunda parte se centra en la búsqueda de Billy y del asesino que trajo de cabeza al abuelo de Parker, búsqueda que se torna angustiosa, cuando desaparece la hija de un ex-compañero de Parker, cuando este era policía.
Como siempre, Parker va acompañado de sus "ángeles de la guardia" Louis y Angel, rememora a Rachel, la psicóloga con la que tuvo un afer en tiempos pasados y los "encuentros" con su mujer e hija, cuando se acerca el aniversario de su muerte.
Es una novela sobre malos, mafiosos y asesinos sin escrúpulos, sea cual sea su motivación; una novela sobre el mal que habita en mucha gente, de cómo las circunstancias abocan a mucha gente a un callejón sin salida y que son golpeados constantemente, más por su origen que no por sus acciones.
La relectura me ha hecho replantearme mi primera lectura. Creo que no tiene la fuerza que en un principio pude percibir. Es una novela que no tiene más fondo que el mal y las diferentes formas que toma, hay una velada referencia a los malos tratos infantiles y, quizás, al sistema de tutela y adopción de los niños de familias desestructuradas o huérfanos, así como a la asistencia a los ancianos que son recluidos en residencias.
Hay un exceso de explicitación de la violencia que no siempre tiene sentido, un afán de describir, con minuciosa precisión, las herramientas de la muerte utilizadas por cada personaje, a la que no le encuentro sentido alguno.
La trama y desenlaces son correctos, sin fallas ni agujeros, pero sin sorpresa alguna.
Parece que sí, que con el tiempo todo cambia, incluso la percepción de experiencias pasadas.

miércoles, 7 de junio de 2017

El prestamista

Este es un libro que cuando lo tienes en las manos y hojeas sus páginas y su contraportada no estás convencido que sea la lectura correcta. Piensas que es una de esas rarezas del editor, que le da por escoger a un autor desconocido de hace 50 años y publicarlo por que nadie lo ha hecho. El diseño marca de la editorial, Los libros del asteroide, no ayuda en nada (ya sé que lo que importa es lo que hay entre la portada y la contraportada) en tomar la decisión.
Pues así estaba en la biblioteca, con el libro en las manos y nada convencido de llevármelo. Suerte que un impulso me hizo liarme la manta a la cabeza y seguir adelante. Muy contento de seguir el impulso.


La historia versa sobre la vida de Sol, un prestamista judío que tiene una tienda en Harlem, mientras pasa horas y días interminables dentro de su tienda. Junto a él, está su ayudante Jesús Ortiz, un hispano negro, que tras meterse en mil enredos de dudosa legalidad, cuando no de firme ilegalidad, decide hacer un paréntesis y trabajar como ayudante de Sol.
Con estos elementos, se puede pensar que no hay de donde sacar una historia, pero Wallant consigue dotar a la tienda de una potencia como si fuera un personaje. Cómo un pequeño establecimiento puede suponer un ecosistema que contiene una fauna con una potencialidad narrativa impresionante.
La tienda, como todo ecosistema, es el lugar por donde transitan y habitan un sinfín de especies, que cada una con sus particularidades, solo tiene un fin, que no es otro que la supervivencia. Y es la tienda, y el prestamista, los que les proporcionan esos nutrientes para poder seguir un día más.
La tienda del prestamista es la metáfora de un lugar, que como el cementerio, iguala a todos en cuanto pasas por su puerta. Ya puedes ser o parecer, pero entrar allí solo significa una cosa, que hay algo que ocultar, algo que solucionar y que solo el dinero lo puede hacer. Desfilan todo tipo de personajes, de toda extracción social y de cualquier origen: negros sin trabajo, blancos adictos, prostitutas, pederastas, artistas frustrados o fracasados, madres maltratadas y sometidas... un sinfín de supervivientes y de náufragos.
En paralelo tenemos los demonios de Sol. Sol es un superviviente de los campos de concentración, donde perdió a toda su familia. La experiencia de la vida en el campo supone una losa para su vida, de hecho, su carácter viene marcado por todo lo que pasó, por ser testigo de todo lo que vio y sufrir en sus propias carnes toda aquella atrocidad. Como respuesta, Sol se convierte en un asocial, en una persona dura, seca, adusta. La tienda le sirve de confort para soportar todas sus miserias siendo espectador de las miserias ajenas.
Como superviviente de un campo de concentración, Sol rememora los momentos más crudos de su cautiverio. Creo que aquí Wallant está brillante, superlativo. Pudiendo ser sensiblero, pudiendo recrearse, pudiendo hacer un relato lacrimógeno, extenso, casi victimista, opta por todo lo contrario, por ser conciso, por reducir los recuerdos de Sol a momento puntuales, sobre todo recurriendo a los sueños que reviven su experiencia. Son apenas unos párrafos, pero narras momentos de una crueldad y brutalidad impresionante, pero sin recreaciones. Conciso y directo, haciendo innecesaria una prosa extensa para describir tanta crueldad, brutalidad e inhumanidad.
Ese carácter seco, hierático, adusto, monolítico tiene una microscópica grieta. Esta grieta se produce por dos hechos puntuales: uno, la llegada a la tienda de una trabajadora social, que busca dinero para poder ayudar a niños abandonados, maltratados, apartados de una vida normal, que a pesar del trato brusco que le propina Sol, ve en él a un alma sufridora y que pondrá todo su empeño en intentar aliviar el peso con el que carga; y dos, el hecho de enterarse que, sabiendo que su tienda es una tapadera para lavar el dinero de negocio poco legales de un mafiosos, parte del dinero que blanquea proviene de un prostíbulo, en el que trabaja una clienta habitual de su negocio. Esto enlaza con sus recuerdos en el campo y le hace tomar la determinación de no admitir más el dinero que provenga de aquel negocio. De esta manera se enfrenta al mafioso, a su patrocinador, gracias al que puede llevar la vida holgada que lleva, él y la familia de su hermana. 
Jesús es el otro protagonista de la novela, aunque es un protagonista menor. Es todo lo contrario a Sol: joven, vital, ambicioso, alegre, con ganas de comerse el mundo, impulsivo, que maldice su suerte, que no entiendo por qué no puede ser el que disfrute de una vida cómoda como la de Sol. Esto le lleva a plantearse a acometer todo lo que sea necesario para revertir su situación, sea por la vía que sea.
Es este abanico de singularidades que son los clientes que Wallant retrata en la tienda de Sol, me ha impresionado el personaje de un pederasta que reprime sus impulsos en los empeños y en las conversaciones literarias que mantiene con Sol mientras realiza las transacciones. Wallant nos muestra la batalla interna, cómo es consciente de su condición y ver que la única esperanza que tiene es su visita ritual al prestamista, llegar a planear su próxima visita, cuál es el tema de conversación a introducir y como, en un momento de la crisis que sufre Sol, se ve ignorado rechazado y como dentro de su ser se va derrumbando el dique que contiene sus impulsos y pulsiones y cómo ve de inevitable es volver a cometer abusos.
El libro es de lo mejor que he leído últimamente, creo que mucho publicado (lo de escritor le viene grande a muchos a los que les editan libros y es su profesión) debería leerlo y reflexionar sobre sus propias capacidades.
Podría estar diseccionando cada situación en la que se encuentran Sol y el resto de personajes: su relación con su hermana y su familia; con la mujer de un compañero del campo de concentración que no pudo sobrevivir; con un personaje que utiliza su condición de superviviente para medrar y amedrentar a otros judíos con la excusa de judíos sometidos fuera de Estados Unidos e Israel... Por eso creo que leerlo es lo mejor que se puede hacer.
Espero volver a recuperar al autor más adelante. Lástima que solo pudo editar cuatro novelas y, creo, no todas están traducidas.
Ficha del catálogo de la Biblioteca Nacional